Ómicron y la cuarta ola de Covid-19, ¿cómo está México?

 CIUDAD DE MÉXICO.- A casi dos años de la aparición del SARS-CoV-2, la vacunación contra el Covid-19 mantiene un ritmo desequilibrado en el mundo. Europa es un claro ejemplo: Portugal tiene casi a 90% de su población vacunada, pero países como Bulgaria apenas registran un poco más de 20%; sin embargo, otros lugares con amplia disponibilidad de vacunas, como Alemania, registran altos índices de contagios y decesos por la influencia de los grupos antivacunas y la pérdida de las medidas de distancia social.

Europa se relajó fácilmente frente al Covid-19 y la cuarta ola empieza a dejar ver la fuerza de un virus que está muy lejos de terminar. El doctor Miguel Ángel Cevallos, investigador del Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM, dice que en Europa mucha gente optó por no vacunarse y la cuarta ola afectará a esa población. Además dice que en ese continente se percibió una transición muy acelerada, ya que después de usar muchas herramientas de distancia social, que incluían confinamientos y el uso de mascarillas, se pasó a no tener ninguna de ellas.

«Es así que se suman varios factores: grandes grupos sin vacunar, ninguna precaución de distancia social y el invierno inminente que da paso a la realización de muchas actividades a puerta cerrada. Esto se convierte en el crisol de la nueva ola», señala Cevallos y subraya otra variable muy importante: «Tampoco se preocuparon por vacunar a sus niños, como nuestro país. Si bien es cierto que los menores de edad casi no tienen síntomas, también se enferman y son instrumentos perfectos para transmitir el virus. No es común que se pongan graves, pero pueden enfermar a otros».

Primeras, segundas…y terceras dosis

El regreso de restricciones en países de Europa ha traído también brotes de violencia. México es mucho más receptivo a las vacunas, donde históricamente han sido asumidas como un bien necesario; aquí el problema con las vacunas contra el Covid-19 ha sido la disponibilidad para algunos sectores, como el de los menores de edad, donde solo se ha empezado a vacunar a los mayores de 12 con comorbilidades y se amplió recientemente a todos los mayores de 15. Otros países del continente no han discriminado estos sectores de la población, como Chile, donde 83% de su población está vacunada. En México, 64.5 millones de personas han sido vacunadas con esquema completo, lo que representa alrededor del 50% de la población.

Las campañas de vacunación continúan, pero el ritmo ha descendido. Cevallos señala que además se ha visto algo preocupante: «Muchas personas aceptan una dosis de vacuna, pero no acuden por una segunda. Hay muchos rezagados y es urgente acabar de vacunar con esquema completo a los que faltan». Según la Secretaria de Salud, hay más de 14 millones de personas en México con el esquema incompleto y una cifra similar de adultos sin ninguna dosis.

Con este panorama, es poco probable estar cercanos a la tercera dosis. «Antes de pensar en una tercera dosis, se tienen que abarcar los grupos que no han recibido vacunas, como los niños y estar muy atentos a los números. Si bien es cierto que la generación de anticuerpos baja a los seis meses después de la vacunación, la protección que ofrece contra hospitalización y enfermedad grave se mantiene en números razonables».

El especialista señala que es primordial una vigilancia epidemiológica muy atenta a los números para identificar a tiempo qué grupos entran a hospitalización. «Si en algún momento se notara, por ejemplo, que empiezan a ingresar adultos mayores, los primeros que fueron inoculados, sí se debería pensar en programar una tercera dosis, pero no antes». Y destaca que no todo se centra en los anticuerpos. «Tenemos otro tipo de defensas que es más complicado medir, como la protección de las células T». Explica que en el cuerpo hay células que producen anticuerpos, que se pegan a la espícula del virus y bloquean la infección. Por otra parte, las llamadas células T asesinas reconocen a las células ya infectadas y las estudian. Son extremadamente eficientes evitando que se propague la enfermedad.

«Aunque tengamos bajo nivel de anticuerpos eso no significa que no tengamos una buena defensa con células T. También se ha visto que las vacunas han ayudado a generar buenas defensas de este tipo. Hay que tener en cuenta que cada organismo es diferente y algunos harán mejores anticuerpos que otros».

Para Cevallos hay muchas cosas que considerar, pero los números tienen que hablar. Si se hace una buena medición de los ingresos hospitalarios, podremos tener más control del ritmo que tome la epidemia. «Así será posible detectar el momento en que se revierta el efecto en un grupo ya vacunado para tomar medidas pertinentes». Especifica que esto incluye a las personas que fueron vacunadas con CanSino, vacuna que está concluyendo la tercera etapa de su estudio clínico y aunque no se han hecho públicos más resultados, los laboratorios previamente ya advertían la necesidad de una segunda dosis. «Finalmente, se considera que una vacuna que tiene una protección más allá del 50% se puede aplicar y la de CanSino cumple una protección razonable en estos parámetros. Se tendrá que observar en la marcha si habrá brotes y en todo caso tomar una decisión, como vacunar a los grupos que recibieron esa vacuna, con otra».

El panorama para los próximos meses

 Al analizar el futuro próximo de la pandemia en México, Cevallos señala que hay eventos muy importantes a considerar, como las celebraciones de diciembre, principalmente la celebración del Día de la Virgen de Guadalupe. «Este año se va a congregar mucha gente en torno a los festejos religiosos del 12 de diciembre que no se realizaron el año pasado. Esto es preocupante porque la tercera ola se desató frente a la variante delta que surgió en la India en una fiesta religiosa. Se juntaron 9 millones de personas en las orillas del Ganges sin ninguna protección y en cuestión de meses estaba en todo el mundo. Si no se toman las precauciones adecuadas en las celebraciones de fin de año, las conglomeraciones son terreno fértil para nuevos brotes».

A la mencionada posibilidad, se suma la aparición en Sudáfrica de una nueva variante de preocupación, denominada por la OMS como ómicron. El pasado viernes 26 de noviembre, especialistas de la OMS se reunieron para evaluar los resultados de las características observadas hasta el momento, pero se requerirán mínimo un par de semanas para sumar certezas en el comportamiento del virus. Lo que hasta el momento se sabe de esta nueva variante es que tiene 32 mutaciones de la proteína pico que utiliza para retar al sistema inmunológico.

La variante delta, que ahora predomina en el mundo (en México está presente en 99% de las muestras secuenciadas, según datos del Consorcio Mexicano de Medicina Genómica), había logrado potenciar en un 50% la capacidad de transmisión que sus antecesoras. Las herramientas de ómicron parecen ser aún más eficientes que las de delta y su alto grado de contagio preocupa a los especialistas.

Un poco antes de que se anunciara la llegada de ómicron, ya había proyecciones de instancias internacionales, como el Instituto de Métrica y Evaluación en Salud de la Universidad de Washington, que hablaban sobre la posibilidad de un aumento en nuestro país de más del 50% de decesos en los primeros meses del 2022 si se relajan las medidas. Así que tal como al inicio de la pandemia: la mejor arma contra el virus es mantener las medidas de sana distancia y el uso de cubrebocas, estrategias que otras naciones han mantenido rigurosamente y que les han funcionado, como el caso de muchos países asiáticos. El virus sigue su paso y las nuevas olas de infección son una amenaza real frente a las que no conviene bajar la guardia.

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