Enfrentan mujeres desdén tras denunciar feminicidio

Cuando Diana llegó a denunciar tentativa de feminicidio, el Ministerio Público le dijo que no era posible clasificar el delito así, pues sus heridas no medían más de 15 centímetros.


La agresión que sufrió por parte de su pareja la destrozó, pero la falta de empatía y capacidad de las autoridades también causó estragos que a la fecha la desestabilizan.

«Mucho se habla de las víctimas de feminicidio, que es terrible, pero nosotras también contamos porque estuvimos a un paso de estas muertas.

«Nosotras somos las que podemos testificar, estamos aquí, presentes», expresa.

Entre enero de 2020 y septiembre del 2021, la Fiscalía ha abierto 53 averiguaciones por feminicidio en grado de tentativa. Detrás de estos casos, hay historias que se hacen escuchar, como la de Diana, quien padeció tortura sexual, física y psicológica; Fabiola, quien sobrevivió a un intento de ahorcamiento, y Dafne, a quien atacaron con un cuchillo.

«Ya nada queda de mi vida que yo me había construido. A mis casi 40 años yo era una exitosa arquitecta con mi propio despacho, y gente a mi cargo», dice Fabiola con una voz que, a ratos, se quiebra.

«Hasta que mi pareja quiso quitarme el aliento con sus manos. He buscado justicia e, inevitablemente, la gente se entera de lo que te pasó, tus empleados dejan de obedecerte, tus clientes ya no te piden trabajo».

Reconoce que, desde entonces, una sensación de culpa la ha seguido.

«Porque ¿qué se puede esperar de una profesionista que no puede llevar una vida personal balanceada?», narra.

Esa culpa es la que le hicieron sentir autoridades a Dafne y a Diana, luego de que las fiscalías de investigación territoriales se negaron a clasificar sus casos como feminicidios en grado de tentativa y buscaron empujarlas a desistir.

«Los tratos de la autoridad eran como si yo tuviera la culpa, como si tuviera que dar explicaciones de por qué no me salí antes de la relación; cancelaron la cita con mi testigo clave ocho veces, esto llevó a mi testigo a un punto de querer desistir de la entrevista porque ya estaba harto», asegura Diana.

De acuerdo con la joven, le hicieron un peritaje sin perspectiva de género que, lejos de beneficiarla, perjudicó su caso. Gracias a que ejerció presión junto con organizaciones como el Observatorio Nacional de Feminicidio, logró que se le realizara un segundo peritaje.

Lo mismo vivió Dafne.

«Los peritajes que me hicieron a mí y a mis hijos fueron muy revictimizantes y les dieron a entender a mis hijos que había sido mi culpa.

«Les hicieron peritajes difíciles, al inicio pusieron que las lesiones no eran tan graves, aunque ya después se comprobó que había tocado órganos vitales», lamenta.

Después de una desgastante batalla, Dafne logró que reclasificaran su carpeta, por una herida en la nuca realizada por su ex pareja con la intención de matarla.

«Al principio lo querían poner como violencia intrafamiliar, tardé un año para que reclasificaran la tentativa de feminicidio», recuerda.

Diana, sin embargo, no corrió con la misma suerte por las dimensiones de sus heridas.

«Al llegar y querer denunciar las autoridades no están capacitadas ni formadas bajo perspectivas de género y son bastante indiferentes a distintas situaciones», cuenta.

Fabiola pensó que su caso iba a ser la muestra de una diligencia con el debido proceso por el trato que recibió su carpeta en la Fiscalía de Feminicidio.

Sin embargo, se enfrentó con otra realidad: el Poder Judicial.

«Dejaron libre a mi agresor, sin avisarme y sabiendo que mi vida corría peligro, sin decretarme medidas cautelares. Esta persona sigue libre porque está amparado.

«Para la autoridad nosotras no existimos, tiene cierta indolencia y las tentativas de feminicidio como que no quiere verlas, en mi caso la asfixia quiso ser pasada como lesiones que tardan unos 15 días en sanar», explica Fabiola.

Las tres coincidieron en que las autoridades no quieren voltear la mirada hacia las sobrevivientes y sostienen una hipótesis: al no haber muerto, el Gobierno quiere creer que la intención del agresor no era matarlas.

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Eduardo Rìos Martìnez

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