Plática dominical

El “profe Chendo”

Una vida dedicada al fútbol

José Rosendo Gutiérrez Delgado llegó de Monterrey, Nuevo León a Ramos Arizpe a mediados de la década de los 80´s con el propósito de trabajar en la empresa DeAcero.

Para ese entonces ya tenía varios años dedicado a la formación de equipos infantiles de fútbol, y cuando se asentó en este municipio tuvo la oportunidad de abocarse aún más a la principal pasión de su vida, la cual mantiene vigente.

El “profe Chendo”, como es conocido en los campos de fútbol, está al frente de la Liga Municipal de Futbolito Nuevos Valores, de la colonia Analco, con más de 70 equipos a su cargo, además de que es el impulsor del Club Rayaditos de Monterrey en la localidad.

“Cuando llegué así no había ligas de fútbol infantil, y como yo tenía mis equipos en Monterrey, empecé a promover la formación aquí. Empezamos picando piedra porque aquí lo que pegaba era el beisbol, empecé a hablar con amigos y por los 90´s comencé a formar el Club México”, cuenta a La Prensa de Coahuila.

Su día a día está dedicada al balón pie, actividad que le ha dejado grandes satisfacciones, principalmente, la de mantener alejados a cientos de jóvenes de las adicciones.

¿Con cuántos equipos ha trabajado?

Son cientos. Cuando yo empecé con la liga tenía 35 equipos, y en aquel entonces hubo muy buenos dividendos porque muchos chamacos sobresalieron bastante. Gracias a Dios llevo ya tres generaciones de muchachos. Niños desde los 6 a los 14 años ha sido mi principal vocación.

Ahorita estoy trabajado con niños de la categoría 2007-2008, 2009-2010, y estamos en la formación de los niños 2013-2014.

¿Qué lo motivó a trabajar con niños?

Cuando yo era chico empecé con un grupo en la colonia Del Prado, en Monterrey. Tenía 11 años y me gustó mucho la motivación del entrenador que siempre nos apoyaba. Nos compraba el uniforme si veía que no teníamos modo, como yo que me quedé sin padre a los 8 años y batallábamos mucho. Me gustaba el ambiente, la respuesta del entrenador a los jugadores y de los jugadores al entrenador, y de ahí me nació la pasión por entrenar niños.

¿Qué encuentran los menores en el fútbol?

Hay alegría, y es un escape muy sano porque a veces en sus casas no tienen la atención de sus padres ya que ellos deben trabajar. Con el paso de los años, el problema de la drogadicción se fue haciendo más fuerte, y siento que este tipo de cosas nos ayudan a ir salvando a los muchachos.

Está con jóvenes del sector poniente donde se reporta más problemática social, ¿cómo es la respuesta?

Son ya más de seis años trabajando ahí, y me llamó la atención porque hay mucha problemática de adicciones, familias desintegradas, y gracias a Dios el deporte ha servido para que baje ese problema. Cuando yo empecé ahí estaba muy difícil, a veces a la orilla de la cancha tenía chavos tomando y fumando hasta que llegaba la Policía, pero hablaba con ellos y, amarrándose uno, tratamos de que las cosas fueran cambiando, los invitamos a jugar, hasta gratis con tal de que jueguen.

¿Cuál es una de las experiencias más significativas en todos estos años?

La experiencia más grande fue cuando entré a la Escuela de Entrenadores de Fútbol en Monterrey porque conocí a gente profesional. Yo andaba haciendo mis “pininos”, pero ahí pude ver mucho de todo esto. Además de que pude llevar a los niños que traía en mi liga, que fueron probados por maestros que habían sido jugadores profesionales. Tenía 18 o 19 años y eso me motivó a seguir en este camino porque hablaba de que estaba haciendo bien las cosas.

¿Cómo le fue con sus jóvenes, qué resultados le dieron?

Estoy muy orgulloso porque varios de ellos jugaron a nivel profesional. Un Álvaro Fuentes que jugó con Monterrey; un Julio García que estuvo en el Saltillo Soccer, luego jugó con Chivas y Rayados; Samuel Sandoval “el Sammy” que estuvo en primera y segunda división; Gerardo Garza que estuvo de portero en Tigres, Carlos Simental, también de Tigres. Por fortuna fueron muchos, y que todavía se acuerdan de mí, lo que es muy satisfactorio.

“Las novias se aburrían conmigo en el fútbol”, dice el “profe Chendo” al narrar las causas por las cuáles no se casó y su pasión por el fútbol ha sido heredada solo entre sus sobrinos y sus descendientes.

Con más de 60 años, no imagina su vida fuera de las canchas y espera que el último silbatazo de su vida lo lleve a ser recordado como un hombre sencillo, que no le gusta alardear, y con la única vocación de hacer que la vida de alguien se transforme por medio del balón.

¿Qué tal le va con la escuela de Rayaditos?

Bien, desde hace dos años estamos trabajando aquí en el Gimnasio Municipal con los niños 2008-2009, aunque no es lo mismo que hace 30 años porque ya no puedo igual, pero los papás quieren así llevarlos porque dicen que, a veces, me hacen más caso a mí que a ellos.

Yo quisiera ponerles algún ejercicio y ya mis rodillas no funcionan igual porque estoy operado de las dos, y ya me duelen mucho. Me la llevo tomando calmantes para el dolor, pero no se me quitan las ganas

¿Cómo le gustaría ser recordado?

Yo solo quiero que me recuerden como el “profe Chendo” que, gracias a Dios, apoyamos a mucha gente y que el día de mañana digan “traía muy buena liga, trajo muy buenos jugadores”. El reconocimiento principal es de la gente, por eso no me gusta mucho andar dando entrevistas o cosas así, que sean ellos los que digan qué dejamos en sus hijos.

¿Qué recomendación dejaría a los padres de familia en momentos en que la tecnología pareciera desplazar las actividades al aire libre?

Aquí lo importante es que hagan el esfuerzo de darles un poco de tiempo para encauzarlos hacia un deporte. Sé que podemos llegar fatigados, enojados, pero no hay como decirle a un niño “te quiero, vamos a jugar, a patear una pelota”.

Es una sensación muy bonita cuando veo a los papás jugando con sus niños, y aunque se sienta cansado, que vaya. Lo que haga hoy por ese niño, mañana se lo va a agradecer y lo va a ver con un buen adulto.

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