Todo Hollywood culpable de auge y caída de los Globos

Los Globos de Oro fueron creados por la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood (HFPA, por sus siglas en inglés) en 1944 y, rápidamente, desarrollaron una reputación poco seria y escurridiza.

A finales de los 60, la Comisión Federal de Comunicaciones sacó a los Globos de las ondas de radio, diciendo que habían “engañado al público respecto a cómo se determinan los ganadores”.

CBS los abandonó en 1982, luego de que Pia Zadora fuera nombrada “nueva estrella del año”, un reconocimiento pagado por su millonario esposo, Meshulam Riklis, quien llevó a los miembros de la HFPA a Las Vegas a beber y cenar en su hotel y casino.

En el mejor de los casos, Hollywood vio los premios como algo sin sentido, y el peor, como corruptos, por las ventajas en la industria que disfrutan sus 80 miembros votantes.

Jack Mathews, ex crítico de cine de Newsday, alguna vez los llamó “los gorrones mejor alimentados de la industria del entretenimiento”.

Cuando la película de Rob Reiner, Cuestión de Honor, perdió la categoría de Mejor Película de Drama ante Perfume de Mujer después de que los votantes fueran llevados a Nueva York en un viaje de despilfarro patrocinado por Universal Pictures, calificó al grupo como “ilegítimo”.

Aun así, hasta meses recientes, los Globos siguieron rodando, impulsados por un productor de primer nivel, Dick Clark Productions, que organizó una transmisión de televisión que “podría darle lecciones a los Óscar”, dijo Stephen Galloway, decano de la escuela de cine de la Universidad de Chapman y ex editor de The Hollywood Reporter.

La fusión de presentadores sin restricciones, bebidas que corren libremente, y la entrega de premios a estrellas de cine y televisión en un pequeño salón donde a menudo las mesas se mezclan, significaba un espectáculo rara vez decepcionante.

“De cierta manera, la legitimidad del show compensó la ilegitimidad de los premios”, dijo Galloway.

En febrero, una investigación periodística detalló, entre otras cosas, la falta de diversidad al interior de la asociación (no hay miembros negros) y su sistema poco ortodoxo de compensar a los miembros por su trabajo en los comités.

Durante la transmisión de los Globos el pasado 28 de febrero, miembros de la HFPA anunciaron una serie de cambios. Estos incluyen incrementar las membresías del grupo en un 50 por ciento durante el próximo año y medio, y contratar consultores de diversidad después de que los inicialmente reclutados para ese trabajo renunciaran bajo protesta.

Hollywood, que durante mucho tiempo hizo la vista gorda al problemático funcionamiento interno del grupo, decidió posicionarse.

Netflix declaró que no trabajaría con la organización a menos que se realizaran cambios adicionales. Amazon y WarnerMedia, lo mismo. Scarlett Johansson dijo que las conferencias de prensa de la organización “bordeaban el acoso sexual”, y Tom Cruise regresó sus tres estatuillas.

Todo ello, y que el rating de la gala pasada cayó estrepitosamente, llevó a NBC a cancelar la ceremonia de 2022. La cadena dijo que esperaba transmitirla en enero de 2021. El contrato entre ambas partes acaba en 2026. Pero si los premios fueron el hazmerreír durante décadas, ¿cómo ganaron tanto poder? La respuesta corta es poder.

Empezó con NBC. A mediados de los 90, la cadena pasaba apuros. The Cosby Show Cheers habían acabado. Friends ER estaban iniciando. Un nuevo jefe de NBC, Don Ohlmeyer, vio los eventos en vivo como un remedio. Pero la gran temporada de premios en invierno ya estaba ocupada: CBS tenía los Grammy; ABC, los Óscar. Así que NBC se hizo con los Globos de Oro en 1996, comenzando una sociedad que fue renovada en 2018.

NBC ha generado alrededor de 50 millones de dólares en ventas de publicidad anualmente a partir de las transmisiones recientes, de acuerdo con una firma de investigación. La audiencia se quintuplicó para los Globos cuando se mudó de TBS, su casa de 1989 a 1995, a NBC. Los Globos se convirtieron en una poderosa plataforma de marketing para películas, estrellas y, más recientemente, servicios de streaming.

Los estudios comenzaron a presumir de nominaciones y victorias. Netflix se sumergió en los Globos hace una década, y desde entonces ha invertido millones de dólares en cortejar a los votantes y publicitar los reconocimientos.

Harvey Weinstein fue también un fuerte defensor de los Globos, capitalizando el momento de la ceremonia, que, típicamente, llega lo suficientemente antes de los Óscar para influenciar a los votantes. Manipuló la organización con regalos costosos, acceso especial a las celebridades y su propio tiempo y atención. A menudo fue recompensado con una asombrosa cantidad de nominaciones.

Otros estudios, eventualmente, adoptaron un manual similar: usar a la HFPA para establecer el tono para la temporada de premios.

La HFPA tomó ventaja de su prominencia puliendo su reputación al contratar a una hábil firma de relaciones públicas hace una década. También aumentó sustancialmente sus contribuciones filantrópicas. En su sitio web dice que ha donado 45 millones de dólares durante los últimos 28 años.

Los reconocimientos extraños, como el de Zadora en 1982, que solían ser comunes, se han mantenido al mínimo. El más reciente momento extraño se dio en 2010, cuando los votantes nominaron a El Turista como Mejor Comedia o Musical, y no era ni lo uno ni lo otro.

Pero eso atrajo a las estrellas, Angelina Jolie y Johnny Depp, al show. Todos tuvieron su tajada. A los publicistas se les pagaba para guiar a sus clientes por la alfombra roja. Estrategas de premios comenzaron a cobrar a los estudios por sus consejos para manipular a los votantes.

El dinero fluyó hacia ejércitos de estilistas, conductores de limosinas, meseros de banquetes y metros de alfombra roja, así como tratos con periódicos y revistas, que se beneficiaron con ingresos publicitarios. Medios mainstream comenzaron a dar cobertura a los Globos con intensidad, generando un enorme interés online y otorgando legitimidad, a pesar de que los premios no rivalizan con los Óscar como señaladores de logros artísticos.

“Fundamentalmente, todas las personas en posición de ser lo suficientemente críticas como para que tuviera un efecto eran parte del sistema: la prensa, los periódicos, los actores y directores. Todos aquellos que pudieron decir legítimamente que no creían en los Globos ni se sumaban a ellos, tenían un incentivo para seguir adelante”, dijo Galloway.

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