Juegos de poder

Por Leo Zuckermann

López Obrador no debe actuar igual que Peña

Ayer comentaba sobre del compromiso del gobierno actual por combatir la corrupción. Se trata de uno de los aspectos centrales, quizá el prioritario, para López Obrador. El Presidente entendió muy bien el hartazgo de la ciudadanía con la corrupción imperante durante el gobierno de Peña y prometió corregir el rumbo. Qué bueno. Vaya que el país lo necesita.
La pregunta es cómo vamos. Este mes, la revista Nexos le dedicó su número a este tema en colaboración con la organización civil Mexicanos Contra la Corrupción e Impunidad. Cito la introducción a los seis artículos publicados:
“Como sucedía en sexenios anteriores, los corruptos se mantienen en el primer círculo del Presidente y sin castigo. La falta de ética entre los que gobiernan erosiona la vida pública del país. Quien lea encontrará en las siguientes páginas una historia mínima de la corrupción tolerada por este gobierno. María Amparo Casar analiza las debilidades de la política anticorrupción que existe ahora y las consecuencias de la falta de transparencia gubernamental. Sergio López Ayllón y Pedro Salazar Ugarte reflexionan sobre la prevalencia de impunidad en el país. Leonardo Núñez González hace un recuento del dañino uso discrecional del presupuesto en esta administración. Ricardo Alvarado, Rosa Castañeda, Leonardo Núñez y Leonor Ortiz Monasterio compilan algunos casos de corrupción donde los protagonistas son funcionarios de primer nivel o personas cercanas al Presidente. Al final, la Unidad de Investigación Aplicada de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad propone acciones concretas para ayudar a que México deje de ser corrupto. Además, en la edición electrónica de este número se publica el anuario de corrupción del 2020”.
Recomiendo la lectura de estos artículos.
Supongo que no caerá nada bien al gobierno y sus simpatizantes este número de Nexos. Lo percibirán como un ataque. Yo, por el contrario, lo veo como una llamada de atención para un Presidente que prometió, con toda razón, combatir la corrupción.
En todos los gobiernos hay manzanas podridas. Es una ventaja que, a partir de investigaciones periodísticas o de asociaciones como MCCI, el Presidente pueda saber dónde están y, si es verdad que quiere erradicar la corrupción, haga algo al respecto. No estoy hablando que cese de inmediato a los funcionarios involucrados. Pero sí que investigue la veracidad de esta información.
La imagen de AMLO se vería afectada si existe una creciente percepción de tolerancia a los corruptos en su gobierno. Si va en serio con su promesa de barrer las escaleras de arriba hacia abajo, tiene que comenzar con los peldaños más altos de su escalera.
A ningún gobierno le gusta la crítica. Mucho menos que le señalen posibles casos de corrupción. La diferencia es si acepta su existencia y actúa en consecuencia. En este sentido, el Presidente debería ver a los medios u organizaciones como MCCI como aliados en su lucha contra la corrupción.
AMLO no puede ser como Peña. El sexenio pasado, MCCI fue implacable en señalar casos de corrupción. ¿Y qué hizo el Presidente? Amedrentarlos. Utilizaron el Sistema de Administración Tributaria y el IMSS para tal efecto. Realizaron varias auditorías. En todas salieron sin ningún problema. Pero el mensaje quedó muy claro: vamos a utilizar los instrumentos del Estado para intimidar a los que investiguen y publiquen sobre presuntos casos de corrupción de este gobierno.
Por fortuna, MCCI no se amilanó. Y uno de los grandes beneficiarios de las revelaciones de corrupción durante el sexenio de Peña fue nada menos que López Obrador. Recordemos que MCCI fue el que descubrió, junto con Animal Político, la Estafa Maestra.
AMLO no debe hacer lo mismo. Desgraciadamente, por lo menos en la retórica, ha atacado varias veces a la prensa que ha publicado presuntos casos de corrupción y a MCCI. Los considera como sus adversarios. Pero ellos, al igual que el sexenio pasado, están haciendo su chamba. Del 100% de las investigaciones de MCCI, 57% tienen que ver con gobiernos emanados del PRI, 24% de Morena y 17% del PAN.
Es tan grande el problema de la corrupción en México, que el Presidente necesita toda la ayuda posible para combatirla. Es un error que crea que medios u organizaciones como MCCI son adversarios políticos que quieren debilitarlo.
Este Presidente no puede darse el lujo de desdeñar las revelaciones de corrupción que van apareciendo. Mucho menos utilizar el aparato del Estado para intimidarlos, como hizo Peña el sexenio pasado. A menos, desde luego, que la lucha contra la corrupción sea pura demagogia y en realidad no tenga la intención de resolver esta lacra.

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