Bitácora del director

Por Pascal Beltrán del Río

Pedir perdón

Aupado quizá por el deseo de que la Corona española se disculpe con México por los “innumerables crímenes y atropellos” ocurridos durante la Conquista, el gobierno federal anunció el viernes 5 que en mayo próximo pedirá perdón “por los agravios a la comunidad china en México (…) en Torreón”.
Aunque no lo especificó, Zoe Robledo, director general del IMSS y encargado de la comisión especial para las conmemoraciones de este año, seguramente se refería a la matanza de 303 inmigrantes chinos ocurrida en La Laguna, el 15 de mayo de 1911.
De ese terrible hecho se habló poco en el país durante décadas, hasta que investigaciones históricas lo sacaron a la luz, con todos sus detalles, a principios de este siglo. Uno de los principales divulgadores del suceso ha sido el historiador Marco Antonio Pérez Jiménez, quien en 2006 le dedicó su tesis de licenciatura por la Universidad de las Américas.
¿Pero cómo sucedieron las cosas? Para forzar la salida del dictador Porfirio Díaz, las fuerzas revolucionarias tomaron, de forma simultánea, Ciudad Juárez y Torreón, acciones con las que el propio Francisco I. Madero —quien se encontraba negociando la renuncia de Díaz en aquella primavera de 1911— no estuvo de acuerdo.
Los jefes sublevados Francisco Villa, Pascual Orozco, Peppino Garibaldi y José de la Luz Blanco desacataron la orden de Madero de retirarse de la zona fronteriza y marchar al sur y, el 8 de mayo, decidieron atacar Ciudad Juárez, que cayó dos días después y fue escenario de saqueos por parte de los hombres de Villa y de Orozco.
Ochocientos kilómetros al sur, la ciudad de Torreón, cruce de caminos e importante centro económico por la producción de algodón, había sido rodeada por las fuerzas de los revolucionarios Benjamín Argumedo, Orestes Pereyra, Juan Ramírez, Sixto Ugalde, Epitacio Rea y Gregorio García, todas bajo el mando del coronel Jesús Agustín Castro, quien llegaría a ser secretario de Guerra y Marina con el presidente Venustiano Carranza y secretario de la Defensa Nacional durante el sexenio de Lázaro Cárdenas. Como supervisor político se encontraba Emilio Madero, hermano de Francisco.
Igual que sucedió en Ciudad Juárez, los subalternos iniciaron el ataque de la ciudad, que era defendida por el general porfirista Emiliano Lojero, quien no tenía ni hombres ni municiones suficientes.
Sabiendo lo que había sucedido en Ciudad Juárez con el saqueo de negocios, la comunidad china decidió sacar de la ciudad a las mujeres —que partieron en el último tren, el 11 de mayo— y cerrar sus negocios. En un comunicado, la Sociedad de Comerciantes y Obreros Chinos llamó a no oponer resistencia a los revolucionarios.
Ampliamente superados, Lojero y sus hombres se retiraron de Torreón en la madrugada del 15 de mayo, permitiendo que los maderistas ocuparan la ciudad. Ahí fue cuando se dio la masacre. Una versión dice que el primer negocio en ser atacado fue el restaurante de Park Jan Jong, donde todos los ocupantes fueron asesinados. Luego siguieron tiendas de comestibles, como Yee Hop, cuyos empleados fueron arrastrados y acuchillados. Para las 2 de la tarde, las calles estaban llenas de cadáveres.
Para el historiador Pérez Jiménez, la saña contra la comunidad china trascendió cualquier acto de guerra. “Hubo una agresión que fue más allá de la simple lucha”, dijo en 2015 a la BBC. “La acusación fue que defendieron, junto con los porfiristas, la plaza de Torreón, con eso justificaron ir contra ellos”.
En 2007 se realizó un acto de desagravio por parte del ayuntamiento de Torreón. El cronista de la ciudad, Sergio Corona Páez, lo llamó “el hecho más triste e ignominioso de los anales de la región” y dijo que “lo que pasó una vez no debe volver a ocurrir”.
No tengo claro qué quiere lograr el gobierno federal con esta nueva petición de perdón programada para mayo entrante. No fue el gobierno de entonces el responsable de la masacre, pues Díaz no renunciaría al poder sino dos semanas después. Los responsables de la masacre fueron los revolucionarios maderistas.

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