Retrovisor

Por Ivonne Melgar

¿Puede el PAN enfrentar a Morena?

Eso de que la pandemia nos hizo resilientes no aplica a un PAN que sólo aspira a sobrevivir. Por eso a la hora de las candidaturas se impusieron los de siempre: gobernadores, alcaldes y dirigentes que vienen administrando lo que quedó de aquel partido después de 2018.
El excandidato Ricardo Anaya se replegó desde entonces y ahora dice que construirá una opción. Veremos si lo consigue al margen de la resistencia electoral que, en 2021, terminará por fortalecer a los gobernadores mejor calificados: Mauricio Vila, en Yucatán, y Diego Sinhue Rodríguez, en Guanajuato.
Así que el dirigente del PAN, Marko Cortés, decidió sumar sus canicas con las de Alejandro Moreno, del PRI, y Los Chuchos Zambrano y Ortega, del PRD, bajo la expectativa de sobrevivir al poderoso y popular presidente López Obrador, quien ha masificado la satanización del pasado a cambio de la esperanza en un mejor porvenir. Y desde el pragmatismo opositor se concretó la candidatura a diputada federal de Margarita Zavala, con el voto unánime de los 62 de la Comisión Permanente del PAN, incluido Ricardo Anaya. Esa es la apuesta empresarial y partidista de Sí por México: aglutinar a los perdedores y resistir, con el expresidente Felipe Calderón a bordo, el personaje del pasado al que la 4T no ha logrado descarrillar con expedientes mediáticos.
¿Podía la oposición reinventarse? Suena imposible cuando la disputa se encuentra centrada en un presidente cuyo triunfo se sustentó en el reciclaje de la vieja clase política y en la cooptación de caciques locales. Más imposible cuando esa dinámica se ha reactivado hacia el 6 de junio que, en el caso de la renovación de la Cámara de Diputados, se resume en un dilema para el elector: darle o no más poder a López Obrador en su proyecto de ir concentrando atribuciones y recursos para alinear a ministros, magistrados, jueces, legisladores, gobernadores, partidos, organismos autónomos y prescindir, como hasta ahora, de la sociedad civil organizada, el diálogo político, el consenso y los acuerdos.
Y el arrastre del mandatario es tal que no necesita pedir apoyo. Gremios y factores de poder desplazados, como el SNTE y su vertiente partidista Nueva Alianza, se ofrecen de aliados y de satélites. Es el caso del PES, Fuerza por México, de Pedro Haces, con influencia en organizaciones sindicales, y Redes Sociales Progresistas (RPS), de los herederos de Elba Esther Gordillo. Con matices, los tres aspiran convertirse en alfiles del presidente.
Y no sólo las encuestas reportan lo bien posicionada que está la marca Morena. También el chapulineo de diputados del PES y de Movimiento Ciudadano confirma que la expectativa del poder gravita alrededor de López Obrador, quien sigue purificando trayectorias.
Así que los supuestos impresentables de la oposición se vuelven indispensables para la 4T, como lo demostró el paso del exdiputado del PRD, Julio César Moreno, a Morena.
Es tan dispareja la disputa de las reputaciones que mientras ese cacique de la alcaldía Venustiano Carranza fue recibido con honores por Mario Delgado, otro perredista del mismo corte, Leonel Luna, alguna vez con dominio en Álvaro Obregón, se convirtió en blanco de descalificaciones de la alianza por su candidatura panista a diputado en Cuajimalpa.
La cosa es que los políticos de siempre, con negocios paralelos —inmobiliarias, notarías, despachos, constructoras—, siguen ahí, reciclándose, principalmente en Morena, donde Carlos Lomelí, señalado por Función Pública por sus negocios farmacéuticos, va de candidato a la alcaldía de Guadalajara. Y donde prefieren a los priistas por encima de sus militantes, como en Nuevo León, con Clara Luz Flores a la gubernatura.
Nada de caras nuevas. Quieren garantizar votos con gente probada. Y en la oposición hacen lo propio con sus respectivos fontaneros electorales. De manera que la puja que viene se trata de reciclados que se purificaron en la 4T, contra reciclados que todavía resisten como opositores.
Aunque sus convicciones son de plastilina. Vean al senador Víctor Fuentes que, al perder la candidatura del PAN en Nuevo León, se prepara para un reciclamiento morenista. Es una resistencia volátil en una elección sin propuestas, porque todo se resume a ser parte de la hegemonía presidencial o desafiarla. Y, en los hechos, sólo el PAN se ha mantenido firme.
Ahora va en una resistencia coaligada que, según susurros de panistas que rechazaban la alianza, durará poco porque los sobrevivientes del PRI terminarán entregándose a López Obrador, con sus gobernadores.
Para colmo de sus males, en un triunfo discursivo más del Presidente, al PAN le reclaman —intelectuales, comunicadores y ciudadanos de lo políticamente correcto— una pureza política que Morena no tiene y que, por lo visto, tampoco necesita.
Así que, con todo en contra, los panistas van a las urnas como el único logo que preocupa al presidente López Obrador, en tanto es el único que por sus antecedentes de resistencia puede abanderarla.
Porque todos los demás partidos ya fueron o son potencialmente suyos.

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