PLÁTICA DOMINICAL

“LA HUERTA”

98 AÑOS DE FRESCURA PARA RAMOS ARIZPE

La producción de hortalizas de un predio conocido como “La Huerta” dio paso a la creación de “Abarrotes El Globo” fundada por don Leopoldo Padilla Moreno en 1923.

Bajo la administración de tres generaciones de la familia Padilla, este negocio ahora llamado “Súper y Frutas de La Huerta” se convirtió en uno de los de mayor arraigo en Ramos Arizpe.

Una historia de trabajo arduo se ha forjado a lo largo de 98 años desde la esquina de las calles Morelos y De la Fuente, en el corazón de esta ciudad, según nos cuenta Lichis Padilla, una de las actuales administradoras y personaje entrañable entre muchas de las familias ramosarizpenses.

¿Cómo nace Frutas de La Huerta?

En aquel tiempo no había nada de la industria que tenemos ahorita, era un lugar en el que se vivía de todo lo que se sembraba aquí en lo que era el Valle. Se producía mucho cilantro, los chiles en su variedad de morrón, serrano, jalapeño, tomate, las hortalizas. Toda la gente se dedicaba a la agricultura.

Mi papá, desde mis abuelos, tenía una propiedad que se llamaba “La Ciénega” en las escrituras, pero todo el mundo le decimos “La Huerta” de ahí el nombre de la tienda; en sí se han tenido varios nombres conforme han pasado los años. Se llamó “El Globo”, se llamó “Comercial Ramos Arizpe”, y ya en los últimos 18 años ha tenido el nombre de “Súper y Frutas de La Huerta”.

La gente llegaba a la tienda y decía “¿Tienes acelgas de La Huerta?”, esperaban la cosecha que veían en La Huerta, que era sembrada con agua limpia, y así nos fueron ubicando.

El negocio empieza desde mis abuelos que transportaban en ferrocarril lo que cosechaban en “La Huerta” hacia varios lados.

En ese momento se empezaron a poner más tiendas, había dos o tres aquí en Ramos, todas de excelentes personas, compadres, gente buena y no había rencores, envidias, todos cosechaban y todos vendían.

El impulsor fue mi abuelo Everardo Padilla Padilla. Mi papá, Leopoldo Padilla Moreno lo formaliza y al casarse con mi mamá, María Luisa Gutiérrez Aguirre, se incorpora al negocio, en el que año más tarde participó también mi hermano, Leopoldo Padilla Gutiérrez.

Ya en los últimos años estamos bajo una sociedad con Juan Pablo Ruiz Padilla, Lupita y Lichis Padilla Gutiérrez.

¿Cómo han logrado permanecer casi cien años?

Mis padres nos inculcaron el amor al trabajo, mi madre ha sido el pilar y la persona más trabajadora que al día de hoy se mantiene activa.

La casa estaba ahí junto al negocio, entonces era movimiento todo el día, todos los días. Desde los 8 años que yo ya andaba ahí con ellos.

Los domingos, a parte, se mataba un marrano y de ahí preparábamos manteca, chicharrones, chorizo, chuletas.

En mi casa trabajábamos de lunes a lunes, y eso fue lo que nos enseñaron, con honestidad, con tesón, siendo responsables, buenas personas, con buena voluntad.

Ya luego yo estudié en la Benemérita Escuela Normal y ahí seguí aprendiendo que “Labor Omnia Vincit”, el trabajo todo lo vence.

¿La tienda siempre estuvo ahí?

Durante un tiempo estuvo ubicada unas calles antes, pero luego mi mamá compró esa propiedad y ahí instalaron lo que también se conoció como “El Tendajo”.

Primero vendíamos hortalizas, frutas, verdura, luego empezamos con proveedores; latería, carnicería, salchichoneria. Empezamos a poner un poco más de producto.

Es muy poco el espacio que tenemos, pero es muy buen punto; puedes irte a otros lados y poner una tienda muy bonita, pero no es lo mismo porque ya estamos acostumbrados a la gente del centro, a la gente de Ramos.

¿Cómo se fueron ganando la confianza de la gente, que los prefirieran a ustedes?

Como en todo negocio siempre hemos tenido altas y bajas, pero lo más importante es que, además del trabajo, nos inculcaron ser buenas personas y creo que eso ha sido muy importante para que nos ganáramos el respeto de la gente.

Y les toca ir viendo la transformación de lo que era el Valle de Ramos Arizpe hasta lo que hoy es la ciudad.

Cuando empieza a detonarse la industria empieza a haber mucha más gente, empiezan a hacerse los fraccionamientos, las tiendas estábamos a todo lo que daba.

Nosotros empezamos hace 20 años, cuando nos pasa el negocio mi hermano Leopoldo, y en ese momento teníamos una caja registradora, pero empieza a haber más gente y mi esposo – que es Doctor en Sistemas- me ofreció ponerme otra caja, con escáner y se me hacían las filas. Luego me propuso poner otra, y seguíamos con muchas filas, terminamos poniendo la tercera caja, porque ya era mucho el movimiento que teníamos.

Empiezan a entrar Soriana, Merco, y ahora muchas otras opciones, y nosotros hemos podido mantenernos gracias a Dios, entre la competencia de esas grandes tiendas y de las tiendas que hay aquí en el centro, muchos de ellos que tenemos familiaridad y que son buenas personas.

 ¿Qué tuvieron que hacer para no desaparecer entre la oferta que traían las tiendas grandes, y la novedad?

Seguir trabajando, y apostarle a la calidad. Que es algo que tenemos vigente hasta el día de hoy. Hay una revisión constante en la que debemos tener solo productos de primera para el público.

Ha habido también sus bajas, en las que las ventas caían si, de repente, se ponía otra tiendita, pero siempre le hemos hecho la lucha a todo.

Mientras La Huerta tomaba auge, doña María Luisa Gutiérrez de Padilla decidió emprender un negocio alterno y, en 1940, abrió una cajetería que también sigue vigente, “La Casa de los Membrillos”.

Mi mamá es una mujer incansable. Teníamos un local, también en la zona centro, y empezamos con la producción de cajeta de membrillo, y empezamos a vender bastante; hacíamos 20 cazos grandes a diario porque lo vendíamos entre la gente que viajaba en el tren que paraba aquí en La Estación.

Ahora yo soy la encargada del negocio y seguimos por tradición. Los clientes son de San Antonio y Dallas, Texas, Monterrey, mucha gente de aquí de Ramos que conoce el producto, tenemos una gran variedad de cajetas, mermeladas, y dulces.

Toda nuestra vida ha sido el trabajo, y mi mamá es el ejemplo de una mujer ramosarizpense de trabajo. Tiene 98 años y todavía hace mermeladas y empanadas que nos manda a la tienda.

Y todavía de la producción de La Huerta seguimos vendiendo nuez, duraznos, chabacanos, higos, acelga, espinaca, cilantro.

¿Cómo ha sido la vida de Lichis dentro de esta dinámica de trabajo?

Yo tengo tres hijos, pero ellos se mantuvieron más al margen de la tienda junto con mi esposo.

Los tres socios que tenemos ahorita la administración nos manejamos por turnos en el día, y también hacemos roles para ir semanas completas cada quién.

Junto con mi esposo nos organizamos para estar yo en el negocio, y que la familia funcionara.

Nos hemos esforzado en hacer personas de bien, nos apoyan mucho en el trabajo en la “Casa de los Membrillos”, y cada quién ha trazado su vida profesional: una es dentista, otra es licenciada en Educación Especial, y el otro es ingeniero en Sistemas.

Mi satisfacción es que saben trabajar y que sean buenas personas.

¿Qué significa ser parte de un negocio tan representativo entre las familias de Ramos Arizpe?

Es muy bonito porque te conocen las señoras de mayor edad, y ellas les cuentan a sus hijos y nietos las anécdotas desde cuando mi papá estaba ahí.

La gente nos ve con cariño, y nosotros a ellos, por eso hemos participado en actividades en las que también buscamos ayudar a gente de escasos recursos. Buscamos retribuir un poco de lo tanto que nos han dado durante estos casi cien años.

Ahora adaptados a la nueva normalidad.

Nos hemos adaptado a todas las circunstancias, ahorita con lo de la pandemia empezamos a manejar los pedidos a domicilio y cada que los armamos es como si fueran pedidos para mí, que estén con los mejores productos, porque nos están dando la confianza de elaborarlos por ellos.

Incluso, hay ocasiones en las que también nos piden cosas de negocios cercanos, como las farmacias, y se los incluimos para que así la persona que nos llamó, que pudiera tener en casa a una bebita o un ancianito, no salga a exponerse.

Desde las instalaciones, apenas empezó la pandemia y pusimos los tapetes, galones de gel en toda la tienda, termómetros, todos los empleados con careta, porque queremos que la gente se sienta segura de ir a nuestra tienda. Tenemos todas las medidas de seguridad para que la gente esté tranquila.

Y ¿qué mensaje daría a su clientela?

Eternamente agradecidos por su preferencia, y porque conservan en sus recuerdos a mi padre. Son muchas las historias que nos cuentan, de las bromas que intercambiaban y así nos hicimos parte de muchas familias de Ramos. Es algo que se ha quedado entre nosotros, y por eso nos une un cariño y respeto.

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