El pacto de Satán y los gatos

A lo largo de los tiemposdany , los animales han custodiado al ser humano de espíritus de otros mundos que tratan de apoderarse del alma de los que habitamos en la tierra.

Favoritos de muchos, temido por otros y odiado por el resto de las personas, los gatos son considerados como fieles guardianes de la vida de sus amos, aunque siglos atrás una vieja leyenda relata el trato que uno de estos animales hizo con el mismo Satanás.

En una de las principales calles de la zona centro, conocido en la actualidad como el callejón del Diablo, hoy calle Jesús Barrera, se generaron múltiples mitos sobre apariciones del señor de las tinieblas y la mayoría de éstas han quedado en el olvido.

Uno de los vecinos que habitaban dicho callejón a mediados del siglo
XIX tenía el alma más codiciada por el Diablo y su ejército de demonios, pues se dice que ningún espíritu puede ingresar a una vivienda si ésta es custodiada por algún animal, especialmente si es un gato, pero éste hogar albergaba a la mayoría de los felinos que deambulaban por el centro de la ciudad.

Molesto de no poder obtener las almas de las personas que habitaban en dicha casa Satanás y sus demonios se postraron frente a la vivienda, sin poder dar un paso más pues decenas de gatos frenaron su marcha repentinamente.

Un gato de color blanco se acostó frente a los pies de Lucifer, quien con cierto respeto, pidió al animal que le permitiera apoderarse de las almas que moraban en la humilde choza, por lo que el gato accedió, siempre y cuando Satanás contara cada uno de los pelos que tenía en su cuerpo.

A pesar de los poderes y habilidades que el Diablo tenía, tardó alrededor de tres horas para contar la mayoría del pelaje del animal, quien al ver que sería vencido por el señor de las tinieblas, se paró sobre sus cuatro patas, y extrañamente le color cambio a negro, por lo que erizó sus pelos y se dio una fuerte sacudida, haciendo que el señor de las tinieblas perdiera la cuenta y molesto regresara a lo más profundo del infierno.

Tiempo después surgieron muchas leyendas sobre el Callejón del Diablo, en donde hasta el día de hoy sus vecinos aseguran percibir el olor a azufre, mientras que los perros aúllan y se observa a los gatos que corren hasta sus hogares, el cual tienen el deber de custodiar, ante la presencia de algún ser maligno.

En la actualidad se dice que el trato entre los gatos y el Diablo continúa vigente y por eso es común observar a los felinos que repentinamente se quedan observando a un lugar determinado en donde aparentemente no hay nada para después erizar su pelo y sacudirse violentamente, evitando de esa manera que el alma de los habitantes de dicha casa sea robada por algún demonio o el mismo Satanás.      

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