Retrovisor

Por Ivonne Melgar

Un Congreso pide oxígeno

La gravedad que covid-19 tiene ahora en México penetró en las situaciones descritas por unos congresistas que, sean de oposición o del bloque afín al gobierno, deben conformarse con el recuento de los horrores que atestiguan

Como en una guerra, las escenas que este jueves diputados y senadores ventilaron en el primer debate parlamentario de 2021 quedarán para el registro histórico de los peores momentos afrontados por los mexicanos durante la crisis de covid-19.

Porque más allá de la constatación de que el Congreso es literalmente ignorado por el gobierno en el diseño y despliegue de las estrategias frente a la pandemia, las alertas prendidas por los legisladores este 7 de enero perfilaron un clima de incertidumbre y agotamiento político ante la polarización.

En modalidad virtual, como lo obliga el semáforo en rojo de la CDMX, en las horas de mayor contagio en México en estos 10 meses que lleva la emergencia, los protagonistas del Parlamento con más enfermos y fallecimientos en el mundo iniciaron las tareas de la Comisión Permanente —espacio del Poder Legislativo cuando las cámaras están en receso— con un minuto de silencio en memoria del diputado Delfino López Aparicio (Morena), dos empleados de San Lázaro y familiares de otros legisladores que murieron por covid en diciembre.

La crónica de esta sesión incluyó la ausencia de la presidenta de la Comisión Permanente, la diputada Dulce María Sauri (PRI), convaleciente por la enfermedad y sustituida en la conducción de la asamblea por el presidente del Senado, Eduardo Ramírez (Morena), quien hizo votos por su recuperación y la de su esposo. Pero la gravedad que covid-19 tiene ahora en México también penetró en las situaciones descritas por unos congresistas que, sean de oposición o del bloque afín al gobierno, deben conformarse con el recuento de los horrores que atestiguan.

Jorge Argüelles Victorero, jefe de la diputación de Encuentro Social, aliado de Morena, lanzó un SOS por el creciente cobro de derecho de piso en diversas entidades y pidió a sus compañeros que se pusieran en los zapatos de los cientos de propietarios de negocios a punto de la quiebra y que hoy viven con miedo por la extorsión que no cesa.

Por supuesto que en la sesión hubo voces que exaltaron lo hecho por el gobierno. Pero incluso éstas asumieron que la experiencia mexicana contrasta con otros países con bajas tasas de mortalidad o contagio. Esto, argumentó el senador Martí Batres (Morena), “mucho tiene que ver con el tema del primer piso de atención de salud pública que desapareció en los gobiernos neoliberales (…) No hay un sistema que llegue a los hogares, como en Cuba. Entonces la gente se enferma y tardan tiempo en ser atendida”.

Y no faltó la defensa del subsecretario Hugo López-Gatell, por la diputada del PT, Claudia Domínguez, quien sin embargo también asumió la gravedad del momento, pidiendo a la Cancillería y a la Secretaría de Gobernación frenar el foco de contagio proveniente del tránsito terrestre de norteamericanos en la frontera de México con Estados Unidos.

Menos optimista, la senadora Nancy de la Sierra, también del PT, solicitó a las autoridades federales y locales reforzar la batalla contra covid-19 y deponer lo llamados a la división. “Los hospitales están llenos, las ambulancias no pueden ni quieren descargar a los pacientes en muchas ocasiones, no alcanzan los respiradores ni los doctores para atender a todos los enfermos. Todo esto mientras tantas personas y algunos órganos de gobierno actúan como si la pandemia hubiera terminado”, cuestionó la petista.

En el mismo tono, el pesista Argüelles Victorero se pronunció por una vacunación con metas claras y de la que nadie saque raja política. Y alertó: “Los gobiernos del mundo están a prueba, el gobierno de México está a prueba y nuestro programa de vacunación sí debe ser impecable”.

En voz de las senadoras Alejandra Reynoso (PAN) y Nuvia Mayorga (PRI), la oposición reclamó falta de transparencia y eficacia en la estrategia y un mecanismo legislativo de seguimiento.

Y en medio de los lamentos políticos, hubo un recordatorio del tamaño que en estas horas de luto y muerte tiene la desolación de las familias con pacientes críticos frente al pasmo de las instituciones: la rapiña comercial en el suministro del oxígeno medicinal.

A propuesta del diputado y doctor Manuel de Jesús Baldenebro Arredondo (PES), todos los legisladores integrantes de la Comisión Permanente pidieron a la Profeco fortalecer la regulación y la vigilancia de las empresas distribuidoras y establecimientos que comercializan, venden, rentan y realizan el llenado de tanques de oxígeno ante la insuficiencia y los abusos en los precios que ahora padecen los enfermos.

“De persistir durante 2021 el incremento indebido del costo del oxígeno medicinal, atentaría contra la salud y economía de las personas que tienen algún familiar o familiares contagiados por covid-19”, alertó el Congreso.

Y como en una guerra donde reina el caos, cuando faltan dos meses para que se cumpla un año de esta emergencia, el SOS parlamentario por las vicisitudes en el acceso a este insumo imprescindible para salvar vidas, pinta de cuerpo entero nuestras limitaciones. Las del gobierno y las de la sociedad.

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