Trump convierte sesión del Congreso en pesadilla

WASHINGTON, EU.- Finalmente este miércoles se baja el telón del espectáculo dantesco que han sido las elecciones presidenciales en Estados Unidos y, de rebote, la presidencia del indescriptible Donald Trump. El Congreso, en sesión extraordinaria conjunta, ratificará los resultados de las elecciones de hace más de dos meses, y el triunfo sin discusión de un Joe Biden que tiene que asumir el poder en dos semanas.

Pero, como todo en los cuatro años de Trump al frente de Estados Unidos, se espera que la sesión sea un circo indescriptible, un evento que vuelva a poner a temblar las instituciones democráticas del país.

La victoria que no consiguió en las urnas, ni con recuentos exprés ni con más de medio centenar de demandas judiciales, Trump quiere conseguirla con un movimiento prácticamente antidemocrático, apostando a la lealtad infinita de legisladores republicanos que ven en él al líder omnipotente del partido.

Al menos una docena de senadores conservadores, con el apoyo imprescindible de varias decenas de congresistas afines, anunciaron que votarán en contra de ratificar los resultados electorales, dando pie a un proceso que se va a enmarañar sin que fuera necesario.

Por el momento se sabe que habrá objeción a los electores de tres estados: Arizona (queja liderada por el republicano Ted Cruz), Georgia (propuesta por Kelly Loeffler, senadora que buscaba la reelección en las elecciones de este martes en ese estado) y Pennsylvania (oposición encabezada por el senador Josh Hawley, el primero que anunció su voluntad de torpedear el proceso con intenciones presidenciales en 2024).

Para añadir más leña al fuego, Trump, mintiendo y demostrando su analfabetismo del funcionamiento de la democracia que ha liderado durante cuatro años, otorgó al vicepresidente el poder de aceptar o rechazar resultados y compromisarios del Colegio Electoral, algo profundamente falso.

“Espero que Mike Pence cumpla con nosotros, tengo que decirlo”, amenazó el lunes Trump. “Claro que si no cumple, no lo estimaré tanto”, añadió.

El rol de Mike Pence es puramente protocolar, maestro de ceremonias de la jornada como presidente del Senado; eso sí, las palabras de Trump lo dejan entre la espada y la pared, teniendo que decidir si se aferra a la institucionalidad constitucional o da alguna señal de su lealtad al líder.

La gente cercana a él afirma que no se saldrá de su papel. El paso que dé puede elevar o enterrar posibles aspiraciones presidenciales en 2024.

Las mismas aspiraciones que varios de los senadores que quieren liderar el espectáculo de este lunes, como Cruz o Hawley, que con la petición de crear una “comisión” de investigación sobre un fraude electoral del que no hay pruebas dos meses después de las elecciones, es evidente que sólo quieren tener cuota de pantalla y protagonismo.

Especialmente cuando su esfuerzo va a ser en vano, con cero opciones de triunfar, con todos los demócratas y buena parte de la bancada republicana dispuesta a garantizar el traspaso de poderes pacífico, aunque sea a desgano.

El evento puede tardar varias horas, incluso alargarse hasta el jueves. Cada objeción al resultado de un estado provocará un debate en cada cámara de dos horas, y una posterior votación sobre la aceptación o no de la objeción y, por tanto, de los resultados en ese estado: en total, entre tres y cuatro horas por estado sobre el que se presente alguna queja.

Sea como sea, sea cuando sea, terminará con Biden certificado (una vez más) como futuro presidente. Será Pence el encargado de certificar finalmente la derrota de Trump y de él mismo, enterrando al fin una saga de teorías de la conspiración que se ha hecho eterna y confirmando lo que ya se sabía: que Joe Biden será el próximo presidente de Estados Unidos a partir del 20 de enero.

Las calles del centro de Washington otra vez se han tapiado con tablas de madera para evitar desperfectos porque, otra vez, centenares de seguidores de Donald Trump han aterrizado en la capital para defender la paranoia presidencial de que no perdió las elecciones, de que hay un fraude electoral inexistente.

“Washington está siendo inundada por gente que no quiere ver una victoria electoral robada por envalentonados demócratas de la izquierda radical. Nuestro país ya ha tenido suficiente, no lo van a aceptar más. Los escuchamos [y queremos] desde el Despacho Oval”, tuiteó el presidente.

Hoy miércoles, está previsto que salga de la residencia presidencial para dirigirse a sus fanáticos que siguen defendiéndolo a capa y espada, con gritos de que “paren el robo” que dicen estar sufriendo y exigiendo al Congreso que permita al todavía mandatario subvertir los resultados decididos por el pueblo estadounidense en las urnas.

Ayer martes, ya hubo las primeras concentraciones de sus fanáticos y este miércoles se prevé una movilización mayor liderada por grupos de extrema derecha, neofascistas y milicias como los “Proud Boys”, agrupación violenta que augura altercados seguros en la capital estadounidense.

La alcaldesa de Washington pidió a los residentes que no se acerquen al centro de la ciudad, la policía recordó que es ilegal portar armas y la Guardia Nacional está en alerta por si tuviera que actuar, teniendo en cuenta los altercados y choques violentos tras las manifestaciones pro Trump.

Al aterrizar en Washington, el líder de los “Proud Boys”, Enrique Tarrio, fue detenido por vandalismo y tenencia de armas, tras destrozar un cartel de “Black Lives Matter” de una iglesia afroamericana en las últimas protestas en la ciudad. Ayer martes, un juez le prohibió estar en la capital, dejando al grupo neofascista sin su cabecilla.

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