Uso de Razón

Por Pablo Hiriart

Elecciones y golpe

MIAMI, Florida.- Trump tiene otros datos sobre los resultados electorales. Como es el presidente, cuenta con resortes para dar un golpe de Estado y perpetuarse en el poder.

Esos mecanismos para quedarse en presidencia han sido activados y el golpe se intentará dar mañana (hoy) cuando el Congreso en pleno se reúna para el conteo formal de votos electorales.

Hoy (ayer) son las elecciones para senadores en Georgia, y si los republicanos pierden los dos escaños, también perderán el control de la Cámara alta. Con ganar sólo uno, aseguran la mayoría senatorial y frenarán desde ahí la agenda reformista de Joe Biden.

Para los republicanos es fundamental lo que ocurra hoy. Pero a un irresponsable como Trump sólo le importa lo suyo: si arruina a su partido, hará otro.

Trump está concentrado en el golpe de Estado que se pretende dar mañana.

Nada del Covid, que lleva 350 mil ciudadanos muertos en este país (la mayor cifra en el mundo).

Tampoco le importa destruir la historia democrática de Estados Unidos, que ha tenido transmisión pacífica del poder desde 1789, con el paréntesis de la guerra civil.

El golpe (que, en mi opinión, está destinado al fracaso) tiene tres frentes: el vicepresidente Pence, los legisladores en la sesión de Congreso de mañana, y el Ejército.

Tan es real la posibilidad de que Trump use al Ejército para mantenerse en el poder, que los diez exsecretarios de Defensa de Estados Unidos que aún viven, redactaron un documento para hacer público e impedir que las Fuerzas Armadas impidan la transmisión del mando, el fin de semana.

Entre esos diez, hay cuatro republicanos que fueron verdaderos ‘señores de la guerra’, pero nunca contra Estados Unidos: Dick Cheney, Donald Rumsfeld, James Mattis y Marc Esper.

Dicen: “Los esfuerzos por involucrar a las Fuerzas Armadas estadounidenses en la resolución de disputas electorales nos llevarán a un territorio peligroso, ilegal e inconstitucional. Los funcionarios civiles y militares que dirijan o ejecuten tales medidas serán responsables, incluso enfrentando posibles sanciones penales, por las graves consecuencias de sus acciones en nuestra república”.

En la sesión de mañana 12 senadores republicanos (es decir, un tercio de su bancada), encabezados por el texano Ted Cruz, y 140 diputados de ese partido (más de la mitad), van a rechazar la votación del Colegio Electoral “hasta que se investiguen a fondo las denuncias de fraude”.

No les alcanzan los votos en el Congreso para reventar la elección (y la democracia), pero ahí viene la otra ‘pata’ del golpe: el que realiza el conteo formal de los 538 sufragios enviados al Colegio Electoral –con lo que triunfa Biden–, es el vicepresidente Mike Pence.

De acuerdo con una tesis facciosa de los radicales del trumpismo, la Ley de Conteo Electoral (de 1877) es inconstitucional y que Pence está facultado para rechazar los 75 votos electorales de cinco estados que impugna el equipo legal del mandatario.

Así, el vicepresidente Pence mañana podría descartar esos votos y el ganador sería Donald Trump. Esa es la apuesta.

Habría levantamientos callejeros en buena parte del país contra el asalto a la democracia, sin duda. Aunque para eso está la tercera ‘pata’ de la conspiración de Trump: el Ejército saldría a sofocar la rebelión y el golpe de Estado se habrá consumado.

Soy de los que piensan que esa situación no se va a dar, pero los 10 exsecretarios de Defensa creen que sí puede ocurrir, y que la maquinaria está en marcha.

Los principales diarios dicen, con todas sus letras, que se trata de un golpe de Estado. Y quien comanda la presión contra las autoridades para revertir la votación es –nada menos– el presidente de Estados Unidos.

El domingo, el diario The Washington Post publicó una conversación de una hora entre Trump y el secretario de Gobierno del estado de Georgia, Brad Raffensperger, que estaba acompañado.

“Necesito que encuentres 11 mil 780 votos” para revertir la derrota en Georgia, le dice Trump al secretario de gobierno estatal, que es de su mismo partido.

Le responde el funcionario: “El problema, señor presidente, es que los datos que usted tiene son incorrectos”.

Trump: “Tus números no son correctos. Están realmente equivocados y realmente mal, Brad. Ganamos por cientos de miles de votos…” .

Raffensperger: “Las cifras que presentamos son precisas” (tres veces se contaron los votos, una de ellas a mano.

Trump: “Entonces, ¿qué vamos a hacer aquí amigos? Sólo necesito 11 mil votos. Amigos necesito 11 mil votos, denme un respiro… No hay nada de malo en decir, ya sabes, que has recalculado”.

La respuesta de Raffensperger fue la misma: “Nuestras cifras son correctas, señor presidente”.

Al final, Trump, que es presidente, pasó a la amenaza: Si no encuentras esas boletas “es un delito, y no puedes dejar que eso suceda. Es un gran riesgo para ti y tu abogado”.

De cara a lo de mañana, ¿cómo habrá presionado Trump a Pence?

Si Pence desecha esos votos de los cinco estados impugnados, el ganador será Trump.

Y el levantamiento será inevitable e imparable.

Ahí va el Ejército, advierten los exsecretarios de Defensa.

Todo eso provoca un mal perdedor, aferrado al poder.

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