Razones

Por Jorge Fernández Menéndez

2021: apocalípticos y desintegrados

La dirigencia de Morena no ha especificado el método o los resultados de las encuestas aplicadas y todo indica que las principales decisiones se han tomado y se seguirán tomando por un círculo muy cerrado y cercano al Presidente

El proceso electoral de junio será, por lo menos, tortuoso, polarizado, pleno de conflictos. Que nadie se imagine una elección tersa como la de 2018. En buena medida eso se debe a la polarización existente, alegremente impulsada por el propio Presidente de la República: en estas vacaciones decembrinas en 13 ocasiones se ha referido despectivamente a la alianza realizada por PRI-PAN-PRD en varios estados de la República, en un intervencionismo presidencial público e inédito en los procesos electorales de por lo menos las tres últimas décadas, sin que los reclamos del INE hayan servido de mucho para evitarlo.

Pero hasta ahora, los mayores conflictos se han dato en Morena, en la elección de sus propios candidatos. Hoy hay siete procesos abiertos en el TEPJF por militantes de Morena en contra del partido y de otros militantes.

Los dos mayores conflictos son los de Michoacán y Guerrero, incluso con amenaza de ruptura interna. En Michoacán, el presidente municipal de Morelia, Raúl Morón, cercano a Lázaro Cárdenas, coordinador de asesores del presidente López Obrador, le ganó la candidatura a una historia del movimiento del FDN surgido en el proceso electoral de 1988, Cristóbal Arias, quien ha visto cómo se le escapaba una y otra vez la gubernatura de su estado. En esta ocasión ha sido desbancado por Morón, un personaje con más fuerza local, surgido del magisterio y alcalde de la capital del estado. Arias no se ha resignado a esa designación y podría incluso buscar la candidatura por otro partido. Parece un esfuerzo inútil.

El que tampoco ha podido digerir su derrota es Pablo Amílcar Sandoval, el hermano de la secretaria Irma Eréndira Sandoval y cuñado de John Ackerman. Amílcar, súper delegado en la entidad, se creía ya gobernador; había gastado mucho dinero en publicidad y decía contar con respaldo dentro del propio gobierno federal. Pero las encuestas mostraban, una y otra vez, que estaba lejos de ser el aspirante más popular. El berrinche de Amílcar, de su hermana Irma y sobre todo de Ackerman fue notable: se llegó a decir que con esa decisión habría un quiebre en la historia de Morena, que se cometía una desviación histórica, que sería un antes y un después. No es para tanto.

La candidatura de Félix Salgado Macedonio tampoco es de las que goza de mejor fama pública, pero sí de popularidad entre el electorado guerrerense. Félix Salgado parece haber aprendido de su desafortunado paso por la alcaldía de Acapulco, hace ya varios años, y asegura que no cambiará su personalidad, pero atemperará sus impulsos políticos. Tiene grandes posibilidades de ganar, pero si se divide Morena, puede haber sorpresas porque el gobernador priista Héctor Astudillo ha hecho un buen trabajo y se puede construir una alianza bastante poderosa en contra de Morena en la entidad.

Hay otras candidaturas de Morena cuestionadas, pero que no tendrán problema y son muy competitivas, como la de Clara Luz en Nuevo León. También ha habido impugnaciones contra David Monreal en Zacatecas, pero esa posición es de los Monreal (y con el papel protagónico de Ricardo, mucho más) desde hace tiempo atrás.

El problema, además de las designaciones en otros estados que pueden ser también debatidas, son las designaciones de candidatos a diputados y alcaldes. No sólo porque el factor local en estos procesos es mucho más determinante, sino también porque son muchos los que quieren reelegirse y, evidentemente, bloquean candidaturas emergentes.

Lo cierto es que, hasta ahora, la dirigencia de Morena no ha especificado el método o los resultados de las encuestas aplicadas y todo indica que las principales decisiones se han tomado y se seguirán tomando por un círculo muy cerrado y cercano al Presidente y a la dirigencia del partido.

La alianza opositora que establecieron el PRI, el PAN y el PRD ha comenzado lo que serán también complejos acuerdos para definir candidaturas en muchos distritos y algunos estados. No será sencillo, pero el acuerdo es viable. El éxito dependerá de que no repitan la experiencia que tuvo la anterior alianza PRD, PAN, Movimiento Ciudadano en 2018. Esa alianza sólo sirvió para repartir posiciones entre los dirigentes de los partidos aliados y no para abrirla a liderazgos sociales y políticos internos y externos. Fue un acuerdo que distorsionó a todos los actores y todos salieron debilitados. Ahora parece ser diferente, pero eso se pondrá, o no, de manifiesto a la hora de establecer candidaturas.

En esa alianza entra el PRI y se va Movimiento Ciudadano. El partido de Dante Delgado, quien fue tan influyente en la de 2018, quiere ahora ir solo, como una forma de medir sus propias fuerzas y consolidar sus propios espacios de poder. Es una apuesta arriesgada, pero también lógica, si le sale bien. Su centro de poder está en Jalisco, con Enrique Alfaro, y potencialmente en Nuevo León. Creo que MC quiere ser un partido bisagra con fuerza propia de cara al 2024, asumiendo además que en Morena, para entonces, será difícil que permanezcan unidos, sin un candidato como López Obrador. Y MC se plantea ser un espacio idóneo para recoger a los descontentos.

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