Uso de Razón

Por Pablo Hiriart

Alemán Magnani, la llave para llegar a Biden

MIAMI, Florida.- Nadie lo dice públicamente, pero en el equipo de Joe Biden existe una marcada animosidad hacia todo lo que sea México porque el gobierno del vecino del sur se la jugó hasta el último con Donald Trump, incluso en la fallida trama del “fraude electoral”.

Pero hay una llave que ha comenzado a operar para abrir puertas a la cancillería mexicana con el próximo inquilino de la Casa Blanca, y su nombre es Miguel Alemán Magnani.

Mientras grandes empresarios mexicanos tocaron por nota la melodía oficial en favor de Trump, los Alemán mantuvieron la fe en su amigo Joe Biden.

Su relación con el próximo presidente de Estados Unidos no va a sacar a los Alemán de los problemas en que se encuentran sus empresas, pero sí les servirá, y mucho, para recuperar la influencia política que habían perdido al convertirse en los convidados de piedra en la mesa de los grandes empresarios mexicanos.

Miguel Alemán Magnani es “el nuevo mejor amigo” de Marcelo Ebrard, lo que tiene encantado al nieto del expresidente, como se puede observar en su cuenta de Twitter.

El canciller hace su trabajo para acercarse, a través de Alemán, a la familia que habitará en la Casa Blanca a partir del próximo 20 de enero.

La relación de los Alemán con los Biden es sólida y de larga data.

Recientemente padecieron las intrigas de Rudolph Giuliani (exasesor del gobierno de AMLO en el Distrito Federal) en sus intentos por enlodar al candidato demócrata con información robada de la computadora de su hijo Hunter Biden.

En la recta final de la campaña presidencial, el diario sensacionalista The New York Post dio a conocer supuestos correos extraídos del disco duro de la computadora del hijo del candidato presidencial demócrata, en que le agradece a Alemán Magnani haberle facilitado una de sus villas de descanso en Acapulco.

Hasta ahí no hay nada obscuro: un amigo le presta a otro su casa de veraneo. Lo perverso fue la interpretación que sembró Giuliani en el NYP: Alemán Magnani tuvo acceso a la Casa Blanca cuando Joe Biden era vicepresidente, gracias a las gestiones de Hunter a cambio de obras de arte y vacaciones pagadas en Acapulco.

Lo anterior fue parte de la guerra sucia de Trump contra Biden, a través de Rudolph Giuliani, quien es un viejo conocido del actual canciller mexicano Marcelo Ebrard.

El abogado de Trump, que intentó hasta el último momento descarrilar legalmente la victoria del candidato demócrata –con el cuento del “fraude” y otros delitos–, cobró cuatro millones de dólares cuando vino a México, traído por el entonces secretario de Seguridad Pública del DF, Marcelo Ebrard, para delinear la política anticrimen del gobierno capitalino que resultó un fracaso.

La situación es incómoda para las actuales autoridades mexicanas. Trabajaron en favor de la reelección de Donald Trump. Y el Presidente y el canciller tuvieron una relación estrecha con el más perverso de los integrantes del equipo del mandatario que saboteó la democracia y buscó, con mentiras, presentar como un delincuente a Hunter (Robert) Biden, hijo del mandatario electo.

Por eso ven a México con reservas. Ebrard ha intentado suavizar esa relación que es de primera importancia. Buscó a Alemán Magnani, y no se equivocó.

La relación del menor de la dinastía Alemán con la familia Biden no está fraguada en el oportunismo, sino en su amistad desde épocas juveniles con Beau Biden, abogado como él, quien murió de cáncer cerebral a los 46 años, en 2015.

Alemán Magnani fue el único mexicano en los funerales del hijo del ahora presidente electo, el 31 de mayo de 2015. Beau Biden había sido tres veces fiscal de Delaware y se aprestaba a lanzar su candidatura a gobernador del estado. Su brillante carrera fue cortada por el cáncer. Una tragedia más en la familia Biden, en la que Alemán es considerado y estimado.

Contra Beau, fallecido cinco años antes, cargó Trump en la campaña, además de mentir para criminalizar a Hunter.

Esos ataques no se perdonan. Y nuestras autoridades, sin necesidad de entrometerse, se pusieron del lado de Trump y de Giuliani.

Miguel Alemán Magnani, el empresario más emproblemado de los grandes ricos de México es, paradójicamente, el más valioso políticamente para el gobierno en estos meses en que habrá de reconstruirse la relación bilateral.

Biden, sin embargo, es un político profesional y a diferencia de Trump llevará las relaciones al cauce institucional, como se lo dijo de manera directa al presidente de México en la conversación telefónica que sostuvieron el sábado 19 de diciembre.

El comunicado de la oficina del presidente electo sobre esa conversación, de apenas dos párrafos, es claro desde el arranque: Biden “expresó su compromiso de construir una relación sólida con México sobre una base de respeto al Estado de derecho”.

Así es que exigirán al gobierno del vecino del sur cumplir los compromisos firmados con EU y con organismos internacionales en materia ambiental, comercial, de derechos humanos, democracia, cooperación en seguridad, etcétera.

Síntesis: no habrá buena relación con el gobierno de México si no respeta el Estado de derecho y vulnera los valores compartidos con Estados Unidos, aunque Alemán logre que el presidente López Obrador sea invitado a la toma de posesión el 20 de enero.

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