Razones

Por Jorge Fernández Menéndez

Se fue el 2020: el 2021 no será mucho mejor

Terminó el terrible 2020, pero los desafíos para este año serán mayores: continuará la pandemia y el sistema de vacunación parece estar aún en pañales

Todo final es un nuevo comienzo, y el fin del esperpéntico 2020 nos deja frente a un 2021 que hemos recibido con esperanzas, pero que puede ser tanto o más complejo que el año que hemos despedido.

El país, el gobierno, se enfrenta con las tres crisis que se arrastraban desde antes de la pandemia y que no ha podido superar: la crisis de salud, por la muy errada decisión de desaparecer el seguro popular y establecer el Insabi sin contar siquiera con normas de operación claras, por la falta de medicinas y de un plan realista para contar con ellas y por un sistema de salud evidentemente envejecido, poco funcional, que con las malas decisiones que se acumularon en los dos últimos años y los estragos que ha provocado en él la pandemia, enfrenta el 2021 en la peor de las condiciones.

La crisis de seguridad continúa inalterable. Los homicidios han sido prácticamente los mismos de 2019 a pesar de que amplias zonas del país han estado confinadas durante varios meses. Mientras, se han disparado los feminicidios (de la mano de la violencia contra las mujeres y la intrafamiliar, fenómenos que deberían ser abordados con estrategias especializadas que el gobierno se ha resistido a implementar). Con la llegada de Rosa Icela Rodríguez a seguridad ciudadana se supone que por fin se oficializará algo que a todas luces es evidente: la estrategia de seguridad planteada es un fracaso y debe ser replanteada integralmente. Esperemos que así sea.

La crisis económica en 2021 será brutal. El año pasado el PIB cayó un 9 por ciento y la pérdida de empleos y fuentes de trabajo se cuenta por millones. No es verdad que en marzo se recuperarán todos los empleos perdidos por la pandemia. Pareciera que no se tiene conciencia de la profundidad de la crisis, de la destrucción que provocó la pandemia y del daño que ha generado que el gobierno federal decidiera no apoyar en forma alguna la conservación de empleos y empresas, de todos los tamaños, a contrapelo de lo que han hecho todas las economías del mundo. Según expertos nacionales y extranjeros, en el mejor de los casos recuperaremos los números económicos del 2018 en 2023.

Pero para poder hacer eso se debe trabajar seriamente en otros aspectos claves que no están considerados en la agenda gubernamental. Un punto central es la energía. Tres hechos ocurridos en estos días demuestran lo errado de la política energética actual. Primero, el apagón que afectó a buena parte del país. La explicación de la CFE resultó irrisoria: la quema de unos pastizales en Tamaulipas no puede haber originado tamaño corte de energía, que además viene precedido por otros, sobre todo en el sureste del país. La razón está en que ante consumos altos, por frío o calor, no se está en condiciones de atender la demanda y la estrategia de convertir a la CFE de nuevo en monopólica regresará a esa empresa al desastre que se vivió en los años 70 y 80. Si hasta ahora ha existido una mayor oferta de energía es por la participación de privados que hoy quieren ser sacados del negocio.

También el incendio en Dos Bocas demuestra cómo, ante las inundaciones, construir esa refinería es un error: es invertir dinero bueno en proyectos malos e innecesarios. El incidente en Laguna Verde (que pudo terminar siendo gravísimo) por un manejo erróneo de reemplazos de varillas de uranio en la planta nuclear confirma que la CFE no está haciendo bien su trabajo y que existen áreas que deberían tener una activa participación privada.

Pero en el terreno de la energía tendremos otro problema mayor. El 20 de enero llega Joe Biden a la Casa Blanca y su programa energético, nacional y global, chocará de frente con el que está implementando la administración de López Obrador. Biden quiere reconfigurar el mapa energético de Estados Unidos a partir de la utilización intensiva de las energías verdes y renovables, incluyendo vehículos, transportes e industrias. Estados Unidos no sólo es el principal socio comercial de México (ahí van el 90 por ciento de nuestras exportaciones), es, también, un país al que estamos unidos por un estricto tratado comercial que tiene un capítulo energético que estamos violando con la estrategia de la actual administración (cancelación de energías limpias, regreso al carbón y el combustóleo, alejamiento del Acuerdo de París), algo poco importante con Trump, pero que Biden no aceptará. Sin un cambio de 180 grados en este ámbito, la confrontación será inevitable. Pero se ve difícil que ese cambio se dé porque el presidente López Obrador refleja en esa estrategia sus principales atavismos ideológicos.

Se terminó el terrible 2020, pero los desafíos para el 2021 me temo que serán mayores: porque continuará la pandemia por meses, porque el sistema de vacunación parece estar aún en pañales, porque la economía no crecerá sin cambios profundos en la estrategia y porque la seguridad, en ese contexto, será casi imposible que sea recuperada. Y todo con unas elecciones en junio que definirán el futuro del país.

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