Empieza 2021 en un ambiente de incertidumbre

 Por Gustavo Mohar

No es lo mismo tener la capacidad de invertir 90 mil millones de dólares, como en EU, a tener un gobierno como el nuestro, que enfrenta limitaciones financieras, logísticas, organizativas y de operación.

Empieza 2021 en un ambiente generalizado de incertidumbre, con una mezcla de optimismo (el 2020 será recordado como el peor que la humanidad ha vivido en más de 100 años), matizado por la incertidumbre: ¿la covid-19 mutará de manera que se vuelva inmune a las vacunas hoy disponibles? ¿Cuánto tiempo tomará la vacunación masiva, de manera que se alcance a un grupo suficientemente grande de personas para generar un efecto positivo, de cascada, que impida el crecimiento de la infección pandémica? ¿Habrá suficientes vacunas?

Estas dudas no son exclusivas de México, las tienen casi todas las sociedades tanto en países ricos como en los países pobres. Claro, no es lo mismo tener la capacidad de invertir 90 mil millones de dólares, como en Estados Unidos, donde Joe Biden, su próximo presidente, se ha comprometido a vacunar a 100 millones de personas en sus primeros 100 días de gobierno, a tener un gobierno como el nuestro, que enfrenta limitaciones financieras, logísticas, organizativas y de operación (no me refiero sólo a este gobierno, sino, además, a que la crisis expuso la debilidad estructural de nuestro sistema de salud).

Existe un consenso global que el año pasado será recordado como aquel donde la crisis de salud pandémica marcó un antes y un después: es temprano todavía para hacer un juicio objetivo, serio, sobre la trascendencia de lo que vivimos en los últimos meses. Lo que parece cada vez más claro es que sí se trata de un parteaguas en la forma en que el mundo estuvo funcionando por lo menos los últimos 100 años.

Bastarían las tragedias familiares y personales por las decenas de muertos, que hasta hoy ha causado el virus, para entender la trascendencia del mismo, pero a ello se suman múltiples derivaciones de orden material y de afectación en la cotidianeidad de millones de personas: no es claro cuándo se podrá declarar por alguna autoridad creíble y confiable ( tal vez la Organización Mundial de la Salud) que la epidemia ha sido controlada, que tengamos muestras contundentes que el número de enfermos está en un franco y constante declive, que los riesgos de ser infectado son muy bajos, que la inmensa mayoría de las personas ha sido vacunada (somos hoy más o menos siete mil millones de seres humanos). ¿Qué cifra se deberá alcanzar para confiar que se ha logrado inmunizar una masa crítica definitiva? ¿tres mil, cuatro mil, seis mil millones?

La covid vino a exponer de manera catastrófica las enormes desigualdades entre los países y entre las clases sociales que los integran. Ha sorprendido, por ejemplo, el caso del Reino Unido, miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, del “club de países ricos”, como lo es el llamado G-8; orgulloso de su pasado, pero negando su realidad, decidió retirarse de la Unión Europea y enfrentar por sí mismo los enormes retos que plantea la globalización; hoy es de los países con índices más elevados de contagio, no obstante, haber implantado un feroz confinamiento que no evitó un enorme impacto social, laboral y económico. En 2021 se expondrá con crudeza el tremendo error que cometieron.

En México estamos viviendo las mismas consecuencias que la mayoría de los países: creciente número de muertos y de enfermos, incapacidad de la infraestructura de salud para atender la demanda de sus servicios, demagogia y negación de las autoridades sanitarias con el consecuente impacto letal y económico, desconcierto de las atribuciones entre los tres niveles de gobierno y sobre todo, una falta de información notable que ha dejado a la población confundida e inerme.

Se trasmina un aire de arrogancia, de soberbia por parte de los principales responsables de las respuestas gubernamentales: la inexplicable resistencia a usar la mascarilla (medida elemental) por el Presidente de la República y su equipo (que sí se la colocan cuando él no está), la creación de falsas expectativas (el celebrado arribo de un primer lote de vacunas), la mentira en los datos de la economía (“ya vamos saliendo”), la hipersensibilidad a los reclamos y críticas (inherentes a toda democracia) de diversos sectores de la sociedad.

En suma, el 2021 arranca en un contexto global y nacional brumoso, amenazante. Pondrá a prueba a gobernantes y sociedad. Termino esta colaboración con mi sincero deseo por el bienestar de mis lectores y sus familias, que el año que empieza traiga, a pesar de los pesares, salud y mucha alegría.

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