Lo que la pandemia nos dejó

Por Carolina Gómez Vinales

Gracias a la ciencia, ya existen en el mercado las vacunas contra este virus, pero en nuestro país hay lentitud en su aplicación y confusión de cuál vacuna servirá para cada grupo poblacional

El panorama de la salud pública en México no es halagador. En los últimos 30 años, México se ha convertido en uno de los países del mundo más afectados por los índices de obesidad, las altas tasas de enfermedades cardiovasculares y con un gasto público en salud insuficiente para atender su problemática. La transición demográfica y epidemiológica ha colocado a los servicios de salud en una situación muy particular, en la cual, sin haber eliminado completamente las viejas causas de demanda de atención —la atención prenatal, las enfermedades infecciosas— deben enfrentarse ahora a un gran número de usuarios con patologías crónicas, como la diabetes o la hipertensión.

Nuestro país tiene 127 millones de habitantes, aproximadamente. El desarrollo demográfico se caracteriza por un descenso de la mortalidad general; un incremento en la esperanza de vida y una disminución en la fecundidad. El aumento de la esperanza de vida y la creciente exposición a los riesgos emergentes, relacionados en su mayoría con estilos de vida poco saludables, han modificado el cuadro de las principales causas de muerte. Si a esto le sumamos la emergencia sanitaria que vivimos durante 10 meses del 2020, con la llegada del virus covid-19, hemos podido comprobar que nuestro sistema de salud público está colapsado. Que la demagogia y el limitado presupuesto lo han llevado a unas condiciones impensables.

El personal sanitario está exhausto, agotado. No contamos con suficientes especialistas. Según datos de la propia Secretaría de Salud federal, hay en el país: 37,596 médicos generales; 112 mil enfermeras; 1,284 médicos urgenciólogos, 689 epidemiólogos, 207 neumólogos y 174 infectólogos. Para el manejo de esta pandemia, es obvio que los recursos humanos han sido insuficientes. Según la Academia Nacional de Medicina, existen 147 mil 910 especialistas para una población tan grande como la nuestra, lo que deja a 100 médicos expertos por cada 100 mil habitantes, situación que se agrava debido a que las entidades tienen un número desigual de profesionales de la salud. Respecto a la situación geográfica de médicos especialistas, en la CDMX, EDOMEX, Jalisco y Nuevo León se concentra el 54 por ciento de los existentes, y el restante 46 está distribuido en los otros 28 estados de la República.

El Seguro Popular quedó extinto el 31 de diciembre de 2019 y dejó a 53 millones de afiliados sin certeza en su acceso a la salud. Los hospitales públicos, antes adscritos al Seguro Popular, están en condiciones adversas, junto con los Institutos Nacionales, lidiando con la llamada gratuidad, que no es otra cosa más que no cobres y ahora húndete en tu limitada cotidianidad. Es decir, no pueden cobrar cuotas para brindar atención médica. La realidad hoy es que la desaparición del Seguro Popular y la creación del Insabi han traído incertidumbre para los usuarios y también para los contribuyentes. Esta reforma legal no debió ocurrir sin antes tener los andamios administrativos y financieros muy claros.

Durante 2020 he dado seguimiento de manera puntual al manejo de la pandemia. No se ha visto un plan federal en ninguna de sus etapas. Las decisiones tardías o fallidas de las autoridades sanitarias han sido recurrentes. Por ejemplo, el primer caso confirmado de covid-19 fue a finales del mes de febrero y después de un mes se arrancó la primera compra de equipo de protección para el personal médico. Luego, se decretó la etapa de la nueva normalidad, en un momento en que el mapa del país presentaba en rojo el semáforo epidemiológico, con excepción del estado de Zacatecas que estaba en color ámbar. Ya en ese momento se contabilizaban más de 10 mil defunciones. Una decisión fallida.

Han transcurrido diez meses desde que se confirmó el primer caso de covid-19. Gracias a la ciencia, ya existen en el mercado las vacunas contra este virus y aquí en nuestro país aún no hay un plan nacional de vacunación. Sólo se conoce una calendarización, hay lentitud en su aplicación y confusión sobre cuál vacuna servirá para cada grupo poblacional. Las vacunas son la medida preventiva por excelencia. Deben ser seguras, efectivas y gratuitas, pero también son aliadas para reducir la carga hospitalaria en los sistemas de atención médica.

Estamos iniciando el año ante una emergencia sanitaria. Hay tristeza y preocupación en muchos hogares mexicanos.

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