Opinión

Por Guillermo Valdés Castellanos

Agenda 2021 de AMLO: qué país tan estorboso

El contexto general del país es el peor en muchas décadas y no es necesario insistir mucho en lo que hemos vivido durante este año: pandemia descontrolada; debacle económica, mayor pobreza y desigualdad, una polarización social alentada desde el podio presidencial e inseguridad y violencia en los niveles más elevados. Y como las fechas del calendario le tienen muy sin cuidado a los procesos sociales, económicos y políticos, nada de eso desaparecerá pronto. El único problema es que en junio habrá elecciones.

AMLO tendrá cuatro prioridades. Primero, ganar la mayoría en la Cámara de Diputados, pues perder el control del Congreso le fijaría algunos límites importantes a su poder, además de que una derrota electoral sería un punto de inflexión al evidenciar un debilitamiento político temprano de la 4T. No se puede dar ese lujo a la mitad de su proyecto. Las tres prioridades restantes serán la médula de su estrategia para triunfar en los comicios. Uno: sacar a la luz pública los mayor cantidad de escándalos de corrupción de la coalición opositora, ya que ello mantendrá polarizada a la sociedad entre él y los corruptos (no pueden votar por ellos) asegurará la fidelidad de sus seguidores y, en una de esas, le resta votos a la coalición PAN-PRI-PRD.

Dos, hacer de la vacunación contra el covid-19 su gran logro de gobierno para declarar victoria sobre la pandemia. Como difícilmente lo alcanzará (ni habrá las vacunas necesarias, ni la logística para vacunar está resuelta) se reducirá a ser un logro mediático. Toda la propaganda posible, por todos los medios imaginables y hasta la saciedad. En cuanto a la realidad, al menos tratarán, por las buenas o las malas, de impedir la proliferación y el alargamiento de los semáforos rojos, ya que ello agravaría la situación económica, lo cual podría ser kriptonita para Morena.

Tres, mejorar la eficacia de los programas de reparto de dinero (bastante deficiente hasta la fecha) y empatar ese esfuerzo con la construcción del aparato político-electoral de Morena (hasta ahora caracterizado por su debilidad, desorganización y desunión) de manera que se haga realidad eso de que la política social tienen como finalidad real y única construir las clientelas electorales. Llevar a la gente agradecida con AMLO a votar por Morena. Recuérdese que mientras la aprobación del presidente oscila alrededor de 60%, la intención de voto por su partido es de 30 por ciento.

Así, no es difícil imaginar la agenda de las mañaneras los próximos cinco meses: un día se dedicará a informar de cuentas congeladas de sus enemigos corruptos; al siguiente se presumirán imágenes de viejitas y campesinos pobres siendo vacunados y, al tercer día, se presumirán los avances de las sucursales del Banco del Bienestar. Y ese esquema se repetirá y repetirá cada tres días. Ese plan de gobierno dominará la primera mitad del próximo año. Si no le funciona y las encuestas ponen en duda su victoria electoral, en mayo podríamos ver una avalancha de iniciativas de reformas legales y constitucionales para amarrar la 4T por la vía de desequilibrar la competencia de 2024 y acrecentar el poder presidencial. ¿Adiós autonomía del INE, Banco de México y Poder Judicial, reducción financiamiento de partidos políticos, y reelección entre otras?

Por cierto, en las prioridades no estarán promover la recuperación económica, frenar el crecimiento de la pobreza ni fortalecer el sistema de salud, o reducir la inseguridad, ni la violencia contra las mujeres o promover una política de protección del medio ambiente. Qué país tan estorboso.

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