Batallan con clientes por el semáforo rojo

A diario, personal de comercios esenciales enfrenta a ciudadanos que buscan burlar las restricciones del semáforo rojo de Covid-19, que reinició el 19 de diciembre.

Jesús, empleado de seguridad privada de un centro comercial en la Alcaldía Benito Juárez, cuenta que desde que iniciaron las medidas de prevención por la pandemia ha recibido ofensas, reclamos, intimidación y hasta agresiones físicas.

Aunque se han colocado letreros con indicaciones y advertencias por el riesgo de contagio del nuevo coronavirus, lamenta que cientos de personas se resisten a obedecer medidas.

Tras meses de contingencia sanitaria, Jesús ha aprendido a identificar a familias, parejas o grupos de amigos que disimulan llegar separados, se forman a la distancia y pretenden burlar a la seguridad para reunirse en las tiendas al interior.

Al detectarlo, el joven ha sido blanco de reclamos, ofensas y amenazas.

En algunas ocasiones han hecho excepciones, si se trata de personas de la tercera edad con cuidadores o menores que no pueden ser dejados por sus madres, pero lamenta que eso no sea comprendido.

“Una señora venía con sus cuatro hijos, todos adultos, según se formaron aparte, pero cuando le dije que no podían pasar porque los vi llegando juntos tuvo una actitud muy pesada.

“Dijo que me iba a reportar, que no respetaba sus derechos y que yo era un servidor público que debía obedecerla, pero somos seguridad privada”, cuenta entre risas.

Grupo REFORMA constató que al interior de tiendas de autoservicio hay gente que ingresó sin compañía, pero que se reúne después.

Algunos comen, beben, platican e incluso estornudan y tosen sin cubrebocas, pues aunque lo usan para ingresar, luego se lo quitan.

En el recorrido se observaron 50 personas, entre las cuales sólo 10 usaban de forma correcta el cubrebocas y apenas 5 careta.

Trabajadores que se encargan de la limpieza y el orden en los pasillos de tiendas de autoservicio se han dado por vencidos si se trata de generar conciencia entre los compradores.

Alma, una supervisora, cuenta que intentaba que la gente acatara las indicaciones hasta que una mujer la golpeó con el carrito tras solicitarle que respetara la circulación de las flechas para evitar aglomeraciones.

“La señora se quitó el cubrebocas, le dije dos veces que se lo pusiera porque me preocupa eso de que algunos se enferman y no sabemos, y nos pueden contagiar, pero no quiso y ya me di por vencida cuando me pegó con el carro”, recordó.

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