Opinión

 Por Luis Wertman Zaslav

Mejores tiempos

Continuar con los cuidados y con la paciencia social para esperar nuestro turno de recibir la vacuna serán los factores que harán la diferencia en los siguientes meses.

Sin duda, la llegada de las vacunas es una gran noticia al final de un año aciago y difícil en todos los sentidos. Pero estamos lejos todavía de que esta pandemia termine. Si nos descuidamos, si seguimos en la idea de que la vacunación será un proceso mágico, veremos los peores momentos de esta crisis sanitaria en las próximas semanas, tal vez meses.

Debemos, si se permite la expresión, administrar nuestra esperanza y las expectativas que despierta este triunfo de la ciencia, uno como jamás lo habíamos visto. En menos de un año, a partir de un esfuerzo inédito de mujeres y hombres de ciencia, tenemos las vacunas que pueden sacar al mundo adelante. Porque éste es un logro científico, de esos que se ponen en duda, gobiernos incluidos, pero que en esta hora de la verdad terminaron por entregarnos los mejores resultados.

Las vacunas serán una hazaña también de instituciones públicas y civiles corresponsables que apoyaron la investigación más grande de nuestro tiempo para obtener una solución a un virus que se esparció con rapidez inusitada y paralizó, paraliza, al mundo hasta la fecha, por su alto nivel de contagio, las distintas formas en que nos afecta y su resistencia a cualquier fármaco conocido que pudiera disminuir su violencia. Poco tiene que ver la especulación y el sentido comercial en lograrlo, aunque sea un riesgo que se haya asomado en diferentes partes del proceso para diseñar una cura. La salud, ya lo vimos, es el mayor activo económico que tenemos y, sin ella, no hay mercado, no hay nada.

Por eso, continuar con los cuidados y con la paciencia social para esperar nuestro turno de recibir la vacuna serán los factores que harán la diferencia en los siguientes meses, al menos un semestre, probablemente el año completo, para estar en condiciones de cantar victoria.

Nuestra prisa, mezclada con el egoísmo y, en muchos casos, la desesperación, puede hacernos tropezar casi llegando a la meta. La parte que nos toca como sociedad es organizarnos para que los grupos más vulnerables, las heroínas y héroes del sector salud, reciban la vacuna primero, mientras nosotros continuamos con el uso de cubrebocas, el lavado de manos continuo y la sana distancia permanente. Si como ciudadanos lo entendemos, podremos evitar más muertes, reducir los contagios y mantener a flote una economía que ya está sometida a demasiada presión.

A cada uno nos toca hablar con nuestra familia, coordinarnos con nuestros vecinos, amigos y colaboradores para no bajar la guardia y ser cautos, cuidando a otros como si ya tuviéramos el virus y cuidándonos como si todos lo tuvieran. Estas fiestas deben ser auténticamente de guardar y de guardarnos, porque los beneficios los podremos apreciar en la parte más cruda del invierno que apenas comenzó. Ha pasado la Navidad y contamos con que hemos sido parte de la solución y no del problema, pero viene el Año Nuevo y lo ganado se puede perder en un instante de irresponsabilidad.

Reflexionemos y agradezcamos que estamos sanos, que nuestras familias lo están, y que podemos seguir adelante en condiciones de tanta adversidad. No olvidemos a quienes no han sido tan afortunados y ayudémoslos en cualquier forma posible, hablamos de supervivencia y también de solidaridad para salir adelante juntos, como si fuéramos uno, un propósito que deberá ser permanente de ahora en adelante.

Hace unos días leía una declaración acerca de que este virus podría ser un mensaje para poner un alto y modificar nuestra manera de conducirnos por la vida y en el planeta. Un mensaje muy fuerte y doloroso, a mi parecer, pero que podría ayudarnos a cambiar todo aquello que nos está acercando a nuevas tragedias y nuevas crisis por olvidar que éste es un viaje temporal, donde nada es seguro y en un planeta donde somos huéspedes, no propietarios.

Lecciones hay muchas, empezando por la de la naturaleza humana enfocada a superar obstáculos y encontrar soluciones en momentos críticos, tomemos las que nos tocan y hagamos que sean principios y valores que nos conduzcan a una vida mejor, con paz y tranquilidad, en la que busquemos equilibrio en cada aspecto personal y social.

A quienes han tenido una pérdida, mis condolencias sinceras; nada puede sustituir a un ser querido, a las familias que siguen saludables, recordar que de su constancia depende que podamos salir de este desafío lo más pronto posible. Para todas y todos, muchas felicidades a la distancia y que el año próximo, y los que vengan, sólo haya salud, que lo demás siempre puede construirse.

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