Hay esperanza en el covidiario

De lo que más se acuerda Isaura es de una nena como de unos ocho años que le mandó su peluche, de toda la vida, a su papá internado en el área COVID del Hospital General

Isaura le había advertido a la niña que no volvería a ver a su muñeco, porque los objetos que los familiares les envían a sus pacientes enfermos de coronavirus como recuerdos, son considerados residuos infecto contagiosos y por lo tanto desechados.

 “Le dije ‘pero es que… nena, no va a salir el peluchito”.  

La pequeña le contestó “no importa” y le entregó el muñeco: que por favor se lo diera a su papá, le dijo, para que él supiera que ella estaba ahí.

“Es algo simbólico, muy emotivo, muy bonito como ver esos mensajes. Los pequeños a veces no son tan expresivos, lo hacen a través de objetos simbólicos y se los hacen llegar a sus familiares y cuando le muestras el objeto al paciente hay cierta respuesta de felicidad, a veces lloran…”.

Días después el padre de la niña salió del hospital por su propio pie, camino de su casa.

“Gracias a Dios y obviamente la familia estaba muy contenta”.

Fue una historia con final feliz, de las que últimamente en los hospitales COVID no suelen ocurrir tanto. 

Isaura es la encargada de hacer llegar las cartas, las fotografías, los escapularios, los recuerdos, de parientes a sus enfermos enclaustrados en el covidario.

“Sirve mucho lo que hemos hecho en algún momento: los familiares les escriben cartas o les mandan fotos familiares, nosotros somos el puente y se las entregamos a los pacientes.

“Las colocamos en su habitación, ellos las leen, las ven. También objetos personales importantes para ellos. Solo que se hace la observación de que el objeto que vaya a entrar, por muy significativo que sea para la persona, como es un área contaminada, ya no va a salir”.

¿Cómo se les ocurrió esto de las cartas y las fotos?

Son ideas que se van abordando como en la marcha, procuramos buscar ideas y cosas nuevas para ver de qué manera se puede hacer que continúe con ese vínculo familiar-paciente, a pesar de que hay una distancia física. Es un virus desconocido, nuevo para nosotros y a medida que va saliendo información nos vamos adaptando y con base en eso vamos viendo, revisando que podemos hacer, en el plano emocional, en pro del paciente y de sus familiares.

Como el covidario es un sitio vedado para Isaura, ella hace llegar las cartas, las fotografías, los escapularios, con los enfermeros y los médicos COVID del nosocomio.

 “Y sí, nos dicen, ‘el paciente se puso más feliz, cambió su semblante, mejoró, ya habla más, ahora está comiendo’. Sí hay un cambio importante”.

Isaura es además la encargada de hacer las videollamadas en las que familiares se comunican con sus pacientes de SARS-CoV- 2 en el hospital y, aun si están sedados, les dan ánimos.

“Es permitir que el familiar y el paciente se conecten de alguna manera a través de un radio. El personal médico está adentro con el paciente, afuera hay personal con otro radio y a través del radio brindan la información de cómo está el paciente, si el paciente desea hablar, cuando no está intubado, si necesita algo y el familiar puede externar algunas palabras para el interno.

“El área de psicología está encargada de hacer ese vínculo, ese contacto, con las videollamadas. El personal del área médica está dentro del área COVID y por medio de una tablet muestran al paciente. Yo estoy afuera con el familiar, otra tablet, y ellos se comunican, se ven. Los familiares pueden ver al paciente, incluso, cuando está intubado.

Creemos que es importante que el familiar le hable al paciente, a pesar de que esté intubado y sedado, porque de alguna manera esos mensajes que le hacen llegar son bastante reconfortantes y sí le ayuda en su recuperación, desde la parte psicológica”, dijo la especialista.

María Isaura Sanabria Camacho es una psicóloga clínica de origen colombiano, que vino a Saltillo para estudiar la maestría en psicología clínica y se quedó, ahora está asignada al Hospital General y es la responsable, entre otras responsabilidades, de brindar contención emocional a las familiares durante los informes que, todos los días, a mediodía, da el cuerpo de médicos COVID en las afueras del área.

El protocolo va de que los familiares se reúnen, con la debida distancia, en la parte externa del área COVID, la zona cero del hospital, que es un lugar abierto. Los médicos los van llamando uno por uno y ellos se acercan, por separado, cubrebocas de por medio. 

“Estoy yo por si, de pronto, el familiar requiere de algún acompañamiento o contención emocional, por si le sucede algo, apoyarlo, brindarle como ese soporte porque tampoco es una posición fácil la de los familiares”, explica.

LAS VIDEOLLAMADAS REGALAN LOS CINCO MINUTOS MÁS PROFUNDOS

Isaura, de veintitantos, es así: delgadita, de estatura mediana, perlina tez, trencita al hombro, y hoy, que es lunes por la mañana, está vestida de sport.

Son las nueve pasadas, Isaura está sentada en un sillón de oficina en la oficina de la dirección del hospital.

Antes de llegar acá con Isaura, hube de esperar en el filtro de acceso al sanatorio, con otras personas que iban a atención, una media hora.

El guardia había informado que los accesos se hallaban cerrados debido al traslado de pacientes COVID hacia el área de Rayos X, y nadie podía entrar hasta que alguien avisara por radio que el riesgo había pasado.

Después estuve varado en el área de recepción otros 15 minutos, mientras me anunciaban con Isaura, hasta que por fin llegué aquí.

Isaura, que hasta antes de la pandemia se había dedicado a dar ronda en piso, esto es, visitar a todos los pacientes internados en el hospital para brindar apoyo emocional, y atender consulta externa; de pronto se vio con una tableta en las manos, rodeada de gente, en el exterior del TRIAGE del hospital.

“Brindábamos el acompañamiento todos los días, es preguntar a los pacientes cómo estaban”.

—¿Y ahora?—

Es familiar. Se trata de que los familiares de los pacientes con COVID, por medio de una tablet le digan a su paciente lo que sienten, que le echen muchas porras, que le digan que lo esperan en casa, que le brinden ese acompañamiento a la distancia, porque es bastante difícil el que ellos estén dentro, aislados, por precaución…”

BRINDARLES ESPACIO

En las videollamadas, que duran entre cinco y siete minutos, los pacientes sonríen y algunas veces lloran, “lloran bastante”, cuenta Isaura.

“Entre familiares y enfermos se dicen palabas o frases bonitas como entre ellos, cosas que solo ellos conocen. Es un momento bastante íntimo, muy bonito, muy emotivo y tratamos de darles su espacio, por eso los tenemos en un lugar un poquito aislado de los demás para darles esa privacidad”, explica. Isaura también ha llorado, confiesa.

“Escuchar a los familiares decir a sus pacientes tantas cosas bonitas… He escuchado a los familiares decirles a sus pacientes que esta enfermedad ha unido más a su familia. Y sí te llega, porque empatizas”, comentó.

E Isaura confiesa que cada cierto tiempo, ella misma, siendo psicóloga, va con un psicólogo, por lo de las cargas.

“También nos encargamos de recibir todas esas emociones de los demás y necesitamos canalizarlo… Me ayuda a ir con un psicólogo a conversar y sentirme liberada”, confesó.

Isaura habla con prisa, sin apasionamientos, como escondiendo su yo emocional, sus sentimientos, al fin psicóloga.

UNA EXPERIENCIA DE CAMBIO

Le pregunto a Isaura que si la pandemia le cambió la vida de alguna manera, que si le rompió sus paradigmas, responde que sí.

“El COVID nos agarró a todos desprevenidos, pero nos ayudó a valorar la vida, a valorar a la familia. A darte cuenta que lo material no es lo esencial. Estábamos acostumbrados a ‘vamos a trabajar para comprar ‘x’ mueble’, ahora es ‘vamos a compartir con mi familia hoy’.

El permitir ese vínculo entre el familiar y el paciente nos conecta más con nuestra parte humana. Esta enfermedad nos ha traído como esta enseñanza de valorar a la persona, al familiar, a quien tengo vivo, gracias a Dios…

A pesar de que se han escuchado tantas cosas negativas de esta enfermedad yo considero que nos ha ayudado, ha unido familias, es lo que he observado acá y cuando salen el encuentro es muy, muy gratificante, emotivo”, comentó.

Desde el comienzo de la pandemia surgió la idea de las cartas y los mensajes de familiares para sus pacientes, ya luego, en septiembre pasado, se introdujeron las videollamadas.

—¿Y qué dicen esas cartas que le escriben los parientes a sus enfermos, generalmente?—

No, es algo muy personal. Yo se las recibo al familiar, las dejo en enfermería, no las leo. Si el paciente está intubado le digo al familiar: ‘no pasa nada porque esté intubado, si quieres decirle algo, dile, escríbeselo’, y entonces el enfermero es el que tiene la potestad de ir a leerle la carta al oído al paciente. Es la única persona, con autorización previa del familiar. Si el paciente está consciente se le entrega la carta y en su privacidad el paciente la lee”.

NUEVE MESES Y NO SE HA CONTAGIADO

A lo largo de los nueve meses que lleva ya la pandemia, Isaura no se ha contagiado y asegura que no tiene miedo.

“Si hay un buen autocuidado no va a pasar nada. Cada día me da más confianza el hecho de que no me he contagiado, creo que estoy haciendo bien las cosas. Sí funciona el cuidarte, el utilizar como esas guías que nos han brindado de lavado de manos constante, el uso del gel, cubrebocas, desinfectar las áreas, los objetos desde el celular, hasta los zapatos, todo. Lavo la ropa todos los días. Sí funciona, la muestra es que yo no me he contagiado”.

La pareja de Isaura, que es nutriólogo, trabaja en este mismo hospital, ella dice que esto les permite hablar el mismo idioma, por lo que a cuidados y protocolos sanitarios se refiere.

“La tenemos muy clara y estamos tranquilos”.

—¿Qué le diría a la gente ahora que las calles de la ciudad están súper llenas de saltillenses?—

“A la fecha hay gente incrédula, yo les diría que es verdad, que el COVID sí existe…”. advierte Isaura.(Con información de Vanguardia)

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