Opinión

 Por Gustavo Mohar

2020, año de cambios

¿Cuáles serán los daños estructurales en la economía tanto de los países ricos, como en el mundo en desarrollo?

El mundo cambió en 2020. Esta frase se ha publicado en toda la prensa escrita del mundo. La pandemia generada por el covid-19 irrumpió de manera brutal e inesperada en prácticamente todos los órdenes de la vida. No hay país que no haya sufrido la devastadora presencia de este misterioso y resiliente virus.

Sin duda, el año que está por terminar será recordado por la pandemia. Han surgido múltiples preguntas que hasta ahora no tienen respuestas claras: ¿Cuánto tiempo tardaremos en “controlar” su desarrollo y expansión? ¿Ante la esperada vacuna, el virus mutará y generará inmunidad ante la misma? ¿Cuándo volveremos a las oficinas, los restaurantes, las salas de conciertos, de conferencias? ¿Cuáles serán los daños estructurales en la economía, tanto de los países ricos como en el mundo en desarrollo?

La esperanza de millones de seres humanos se encuentra en la ciencia, en los laboratorios de las empresas farmacéuticas (tan vilipendiadas por su fría manera de comercializar con la salud), en las universidades y centros de investigación (han surgido alianzas solidarias impensables antes de esta crisis entre los académicos y científicos más connotados en el mundo). Es decir, en medio de la terrible destrucción han surgido extrañas e impensables alianzas. Otra lección de esta epidemia: el trabajo conjunto de las mentes más brillantes impulsadas con un objetivo común.

Una vez que se cuente con la(s) vacuna(s) que hayan pasado las pruebas técnicas sobre sus bondades y eficiencia, será necesario un esfuerzo logístico sin precedente en la historia del hombre: la distribución global de miles de millones de vacunas que deben ser trasladadas en condiciones de refrigeración extremas, aplicadas con un altísimo grado de exactitud por miles de doctores, paramédicos, enfermeras, camilleros y voluntarios que se han ido capacitando a marchas forzadas.

Este esfuerzo manda un mensaje escalofriante: la letalidad del virus es tal que, de no tener éxito en este esfuerzo colectivo, las muertes podrían crecer a cientos de millones de seres humanos, crearía una crisis económica mundial con la consecuente ola de desempleo, pobreza creciente, inestabilidad social, escenario que rebasaría por mucho las actuales instituciones multilaterales y los procesos de integración económica. Todo ello daría legitimidad a las tendencias unilaterales, autoritarias y populistas que ya han empezado a surgir. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, declaró que no le preocupa la pandemia e hizo un llamado a sus ciudadanos: “tienen que dejar de ser un país de maricas” (sic).

En México, los números oficiales confirman que la pandemia se ha extendido a todo el territorio nacional, los infectados que requieren hospitalización han rebasado por mucho la capacidad del sistema de salud, el gobierno federal ha perdido credibilidad, en especial su vocero, Hugo López-Gatell, quien pasará a la historia como el médico que jugó a la política en lugar de seguir el juramento socrático al que estaba obligado.

A ello se suma la inexplicable reacción del presidente López Obrador, quien insiste en no usar la mascarilla, minimizar el impacto que la pandemia ha tenido en la población y en la economía de millones de familias mexicanas. Pobre favor le hizo a su subsecretario al declarar  que: “sigue los consejos de los expertos”.

El tema es tan abrumador que ha borrado de la atención pública muchos otros eventos que sucedieron el año que acaba, entre otros  destaca por su natural trascendencia la elección de Joe Biden como el próximo presidente de Estados Unidos y sus implicaciones para México y el mundo.

En los próximos cuatro años, Biden estará en la Casa Blanca al mismo tiempo que López Obrador en Palacio Nacional. 2020 es el año de arranque de esta nueva etapa y 2021 será el año donde se sienten las bases para la relación no sólo entre los mandatarios, sino entre ambos países.

A pesar del panorama que arriba describo, aprovecho para enviar a mis lectores mis mejores deseos por que disfruten con sus familias y seres queridos esta temporada de fiesta, reflexión, cariño y amistad. Que lleguemos al 2021 con ánimo y buen humor.

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