PLÁTICA DOMINICAL

Virginia Monsiváis Gutiérrez

El gusto por cocinar lo trae en la sangre, y el gusto por hacer tamales lo lleva en el corazón.

Doña Virginia Monsiváis Gutiérrez creció entre el fuego, cacerolas, y los condimentos para la elaboración de una variedad de platillos.

Su destreza y amor por la cocina le han permitido conquistar el paladar de cientos de personas a lo largo de casi 25 años, convirtiéndose en figura de referencia de esta ciudad.

¿Cómo fue que empezó en la cocina?

Un tío me invitó a ayudarlo a atender un puesto que tenía aquí en la entrada de Ramos, debajo de una mora, donde le había prestado el señor Saro. Me dijo “mija, yo veo que eres muy luchista, así es que quiero que me ayudes con el estanquillo, porque yo también ya me siento muy cansado”. Él estaba enfermo de diabetes, y quedó en enseñarme cómo hacer todo lo que ahí vendía: barbacoa a diario, menudo sábado y domingo, y taquitos de picadillo y chicharrón también a diario. Y así me enseñé a comprar la carne, a limpiarla, a preparar todo.

Y nos fue bien, porque empezábamos a las 6 de la mañana y ya para las 11 de la mañana se nos vendía todo. Nos iba muy bien, hasta que me ofrecieron venderme el puesto, pero yo quise poner mejor mi propio negocio.

Ya en un negocio suyo…

Sí, ahí yo empecé con las comidas corridas y me cambió la suerte gracias a gente que llegó de Torreón a trabajar aquí. Eran 35 personas a las que les tenía que dar almuerzo, comida y cena todos los días, en dos meses les facturé arriba de 270 mil pesos. Bendito Dios.

En ese momento yo tenía mi casita inconclusa, nomás miraba todo lo que me faltaba por hacerle y se me hacía imposible, pero con esa gente de Torreón tuve para eso y para más. Así es que ahí todo cambió.

Yo quedé viuda en 1986, a mis 24 años, con mis niños muy chiquitos. Y así fue como los saqué adelante, con la cocina.

Estuve varios años en la colonia Jardín en una casa propia, que luego me quitaron, y luego renté en esa misma colonia con don Virgilio Flores. Pero Dios es muy bueno, y un primo que crio mi papá me heredó aquí donde estoy ahorita, y una propiedad en La Loma.



¿Todo este tiempo hizo tamales, comidas corridas?

Empecé con unas personas del restaurante “La María”, y ya de ahí no paré hasta un tiempo en que me fui a Estados Unidos y también allá hice tamales, y me fue muy bien.

Una parte de mi vida me he dedicado a hacer tamales, pero también le he dedicado buen tiempo a lo de las comidas corridas porque también me fui a Paredón cuando empezó la construcción del penal, hace tres años.

Estuve ocho meses, me llevé a mi hijo el mayor, renté una casita, y daba 70 almuerzos, 70 comidas y 70 cenas diarias. Lo mío siempre ha sido, y será la cocina.

¿Qué es lo qué más le gusta cocinar?

Me encanta preparar todo desde las ensaladas, el pozole, el menudo, la barbacoa, los burritos, los tamales.

Pero debe haber algo que disfrute todavía más…

Hacer los tamales, las gorditas y sus seis o siete guisos diarios, y los platillos.

Se ha dedicado mucho a los tamales, ¿cuánto es lo que produce?

Cada 15 días estamos haciendo un promedio de 20 kilos, ahorita por el tema de la pandemia esta lenta la venta.

Hacemos de pollo, puerco, queso, acelgas, milanesa, frijoles, champiñón, de dulce con piña, relleno de manzana, y los tradicionales con bastante nuez, canela y pasa, y otros que hago con almendra, coco, pasa y chispas de chocolate.

¿Cuánto hacía antes de la pandemia?

¡No, hacía bastantes! Como cuando me invitaban a la venta en la Plaza Principal hacía dos mil a tres mil tamales para un fin de semana. Obviamente empezábamos con mucho tiempo porque sabíamos que iba a hacer mucho trabajo, pero por fortuna todo se nos vendía. Se hacían las filas ahí en la Plaza, y se nos acababa todo.

Y de pedidos pues van desde trescientos, cuatrocientos, quinientos tamales para las fiestas, las levantadas.

¿Cómo se prepara para pedidos así?

Ocupo tres o cuatro personas, y un día nos dedicamos a comprar todo lo que vamos a usar, y un día antes a preparar todo lo que se va a guisar. Hay que agarrar tiempo para tener bien listo el pollo, el queso rallado, el puerco, si vamos a poner rajas también tenerlas listas, el pico de gallo.

Los tamales de acelga están muy ricos, pero es muy laborioso. La acelga debe estar bien desinfectada, se deja de un día para otro en desinfectante, la escurrimos, y la picamos. Zanahoria, tomate, morrón, dos tipos de queso, elote, todo el caldo de la carne y la masa.

¿Cómo ha sido para usted estos más de 20 años de trabajo?

Solo puedo decirte que me gusta mi trabajo. Y ahora que he estado enferma hasta sueño con esto, y le pido a Dios que me deje seguir haciendo mis tamales, porque yo todavía tengo ánimo.

Lamentablemente tengo un problema de úlcera en mis piernas, y me ha tocado reposar, así es que me tengo que detener un rato para descansar y seguir adelante.

A qué considera que se deba su éxito, que sea tan buscada

Al sabor. Y me preguntan qué le pongo a los tamales, y la respuesta está en que la clave es el caldo de la carne y la masa natural. Trabajo con una señora que me deja bien preparadita la masa, y la carne la consigo aquí en Ramos, y en el caso del puerco siempre procuro pierna y cabeza. Bien cocida, con su orégano, laurel, sal y el ajo.

En tantos años, cuál es una anécdota que tenga muy presente

Que el año pasado, el 2 de noviembre no vendimos nada. Hicimos unos tamales de azúcar con almendra, piña picada, coco, pasas, chispas de chocolate. Quedaron riquísimos, nos pulimos mucho, pero no sé porque no se vendió absolutamente nada. Pero no batallamos, nos fuimos a regalar los tamales a la Clínica 2, al Hospital del Niño, junto con café y refresco para los familiares de los enfermitos.

Pero también nos ha pasado lo opuesto, que vendemos todo, termino mandando a mi hijo a que busque lo que haya quedado en el refrigerador porque todavía me siguen pidiendo.

Hay algunos que dejo crudos, y ya ahí en la estufa que traigo para ponerme en la Plaza termino de cocerlos.

De dónde es su clientela

Viene gente de Urbivilla, de Valle Poniente, del Mirador, de Blanca Esthela, del Centro.

Nomás llaman a ver cuánto hay disponibles, y como usualmente tengo algunos crudos en reserva salimos al paso de los pedidos.

Ahorita estamos pensando en meter el turno de la tarde porque, aunque cierro a las 4, todavía son las 9 de la noche y están pidiendo tamales.

Cómo se le hace para resistir tanto en un oficio que exige tanta dedicación

Me gusta mucho. Me encanta andar en las compras, me gusta llegar a la cocina y empezar a preparar todo, porque en cada comida va mi dedicación esperando que a la gente le guste y regrese por más.

El gusto por la cocina viene de la familia, mi bisabuelita tenía su fondita, así es que se fue de generación en generación.

Luego me tocó ver a una tía abuela que hacía su picadillo con chile colorado, y sus gorditas. Mi abuela, mi mamá, que eran buenas para hacer chiles rellenos para vender, a veces cuarenta o cincuenta chiles diarios, y a puro globo, sin nada de eso de batidora.

Doña Vicky se describe como una mujer sencilla, apasionada de la cocina, y muy trabajadora.

Enviudar desde joven la hizo más fuerte, y su habilidad con la elaboración de alimentos le permitió mantener a sus tres hijos.

Aunque con un estado de salud un poco mermado, confía en que sus fuerzas son mayores y continuará elaborando comidas corridas, y tamales para todo aquel que tenga el antojo.

Espera que alguno de sus nietos siga su camino, y continúe no solo su modo de vida, sino la tradición familiar que la distingue en la ciudad.

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