Uso de Razón

Por Pablo Hiriart

Trump prepara un golpe

MIAMI, Flo-rida.- Ten-dremos sesenta días que van a estremecer a Estados Unidos.
Biden será el próximo presidente, pero los movimientos realizados por Donald Trump nos dicen que va a dar un golpe antes de irse.
Su proyecto más claro es contra la democracia e imponerse, a través de anulaciones de los comicios en congresos estatales, como presidente por otros cuatro años en contra de la voluntad mayoritaria.
Es el golpe más difícil que tiene a la mano, en un país con más de dos siglos de vivir en democracia, pero lo está intentado. No son patadas de ahogado.
Tiene la posibilidad de dar otro golpe, que es atacar Irán y dejarle a Biden un país en guerra en el Golfo Pérsico, en crisis económica, y confinado por la pandemia que ayer alcanzó el cuarto de millón de muertos.
Sobre ese coctel envenenado está la mentira de que Biden se robó las elecciones y será un presidente ilegítimo para la mitad de los estadounidenses.
Dos meses antes de irse despidió (por Twitter) al secretario de la Defensa y provocó un terremoto en el Pentágono, con renuncias, remociones y colocación de islamófobos incondicionales a él.
¿Por qué, si ya se va?
¿Por qué, si los que acaba de nombrar serán sustituidos en 60 días?
En lo electoral, pidió a los republicanos que están en el poder en estados clave que no certifiquen los resultados de las elecciones. El 8 se diciembre deben estarlo.
Jenna Ellis, jefa del equipo jurídico del candidato Trump, fue clara al señalar cuál es la estrategia: sin certificación de los resultados en estados clave, dominados por republicanos, el Congreso de esas entidades puede nombrar a los delegados que votarán en el Colegio Electoral.
Por eso The Washington Post publicó ayer un editorial institucional que advierte de ese golpe que está en marcha.
“Si se impide que un número suficiente de estados certifiquen sus votos en los plazos legales, la elección podría ser llevada al Congreso, lo que podría entregarle la presidencia a Trump, nuevamente, en contra de la voluntad de los votantes”, señala el Post.
No deja la menor duda de lo que su equipo editorial está viendo: “un plan para descarrilar la democracia en el país”.
Ya lo pidió el presidente a los funcionarios estatales republicanos: bloqueen los resultados (para que decida el Congreso).
El secretario de Estado, Mike Pompeo, lo dijo, una semana después de la elección (10 de noviembre): “Habrá una transición sin problemas a una segunda administración Trump”.
William Barr, jefe del Departamento de Justicia, envió un memorándum a los fiscales federales autorizándolos a iniciar investigaciones sobre fraude electoral.
Christopher Krebs, director de seguridad cibernética y encargado de la vigilancia de las elecciones, del Departamento de Seguridad Nacional, fue despedido este martes por haber dicho que es falso que se hayan alterado las boletas (como acusó Trump) y que fueron las elecciones más seguras de la historia.
Richard Pilger, director de la sección de Delitos Electorales del Departamento de Justicia, renunció el lunes en protesta por el memorándum de Barr y el cuento del fraude.
Estamos ante una maquinaria del Estado, con el presidente de la república al volante y los controles de mando en la mano, para sabotear las elecciones que arrojaron con toda claridad que ganó el candidato opositor.
Tal país se llama Estados Unidos de América.
¿Ya le tomaron el peso a lo que ello significa?
La democracia, como sistema de gobierno, está siendo acorralada en el país más poderoso del mundo.
Del otro golpe posible, un ataque a Irán y desencadenar la guerra en el Golfo Pérsico, se han dado pasos peligrosos en esa dirección.
Trump despidió de su cargo al secretario de la Defensa, Mark Esper, e hizo una purga en el Pentágono, a dos meses de dejar el cargo.
Eso quiere decir que no lo piensa dejar o que va a dar un golpe en algún lado, con sus incondicionales.
Entre los despedidos sobresalen el subsecretario de Defensa para asuntos de Inteligencia, Joseph Kerman, y el director de Políticas del Pentágono, James Anderson.
En lugar de Anderson nombró a Anthony Tata, un conocido islamófobo y racista, asociado a los nombres más temerarios de los amigos del presidente.
El integrante del comité de Fuerzas Armadas del Senado, Richard Blumenthal, expresó que el nombramiento de Tata es “profundamente peligroso para nuestra seguridad nacional”.
Los sesenta días que faltan para que Biden asuma la presidencia, van a estremecer a este país.

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