Sufren luto interminable

En un año, las enfermedades isquémicas del corazón, la primera causa de muerte en el País, provoca más de 108 mil fallecimientos; el Covid-19 rebasa en el país los 99 mil decesos confirmados.

Para las familias que han sufrido pérdidas, la petición a la población es similar: tomen medidas para que la epidemia acabe.

‘En 20 años vas a decir: sobreviví a la pandemia’
Karina Reyes confiesa que al principio no creía en la existencia del nuevo coronavirus hasta que le arrebató a Jorge Soria, su “otra mitad”.

A principios de año, la joven le dijo al sargento del Ejército Mexicano: “Imagínate, cuando tengamos 60 años, vamos a decir: Sobrevivimos a una pandemia”.

“A mi hijo le daba risa porque decía eso y él le decía: ‘No, ¡imagínate! o sea, eso para tí ahorita es así como ‘no me importa’, pero imagínate cuando sean 20, 30 años más, vas a decir: ‘Sobreviví a una pandemia que tanta gente no lo hizo'”, recordó la joven.

En ese entonces, el enemigo a vencer para el militar de 30 años no era el Covid-19, sino el Linfoma No Hodgkin, un tipo de cáncer por el que tomaba quimioterapias.

A inicios de abril acudió a “la quimio”, para el día 15 de ese mes estaba en buen estado, pero el 25 empezó con temperatura por encima de los 38 grados centígrados.

La fiebre solía ser un efecto secundario de la quimio, por lo que pensaron que sólo era eso.

El 2 de mayo, debido a que la fiebre no cedía, el mando de los Ingenieros Zapadores fue al Hospital Central Militar. Con 13 años de servicio, perdió la vida dos días después.

“La doctora dijo que iba a hacer lo posible por ayudarlo, pero después, ella sale a decir que no, que no pudo él, no resistió la intubación”, lamentó la viuda.

Karina supone que su marido pudo contraer el virus durante su visita al hospital, o por su sistema inmune debilitado, que consideró, lo dejó desarmado.

“No tenía con qué defenderse, entonces pues por eso mismo, porque fue que el mismo no resistió”, consideró quien dijo que ella y su hijo no presentaron síntomas, salvo un leve dolor de garganta.

Con su partida quedó pendiente el viaje a Mérida para el que habían ahorrado y planeaban realizar en noviembre; su carrera en Criminalística que cursaba con el fin conseguir un ascenso y darle lo mejor a su familia y al jubilarse, regresar a Chiapas, la tierra de sus padres.

“A veces siento que es como un laberinto, no sabes qué te vas encontrar, lo único que le puedo decir es que de que el virus existe “, narró la joven desde Naucalpan, Estado de México.
‘Hubo 60 muertes, daba miedo salir’
A poco más de un kilómetro del pueblo de San Juan Tezompa, se ubica el mítico Mixquic, donde se habla con naturalidad de la muerte, sin embargo, para la familia Salas es inconcebible haber perdido a la mujer que encabezaba el hogar.

En su cumpleaños, Froylán Salas llevó a la ofrenda de Día de Muertos un pastel para su mamá, Reyna Vanegas. El 6 de noviembre ella cumpliría 41 años, y ese mismo día él llegó a los 12 años.

El Covid también se llevó a su tía y a su abuelita y lo enfermó a él, a su padre y a su hermano.

En su cumpleaños, dice, “la extrañó más”, pero lo sostiene la firme petición que su madre les hizo la última vez que la vieron, cuando salió rumbo al hospital.

“No sé por qué Dios dijo que se le llevaran. No sé si ya se había ganado su lugar o el bicho que ya le había avanzado. Solamente –me aconsejan mis tíos–, que sólo Dios sabe por qué pasan las cosas y por qué mi mamá se fue.

“Ella quiso que estuviéramos felices. Hasta el último día que nos dijo, cuando ingresó al hospital que le echaremos ganas, que pase lo que pase, nosotros siguiéramos adelante, que nos concentraremos en la escuela”, agregó.

Según conteos de pobladores, en este poblado del Municipio de Chalco, Estado de México, han ocurrido al menos 60 muertes, lo que llevó a sus habitantes a entrar en un estado de alerta.

Don César, padre de Froylán, cuenta que entre mayo y junio, San Juan Tezompa fue una zona de alto contagio.

“Hubo muchas pérdidas aquí en esta comunidad, un promedio de 60 muertes hubo aquí. Pasamos una etapa en donde en el mes de mayo daba miedo salir a la calle.

“Hubo contagios también derivado del cuerpo que lo velaban y lo sepultaban de cuerpo presente. Pelearon los cuerpos para que no fueran cremados y la misma familia se contagiaba”, expuso el señor que estuvo 15 días internado.

Jan, el primogénito le agradece a su mamá haber luchado contra la enfermedad, pues considera que 12 días intubada no lo aguanta cualquiera y manda un mensaje a los hospitalizados:

“Sigan adelante, aguanten lo más posible, sean guerreros como mi mamá y mis familiares todos que lucharon contra el virus”.
‘Cometimos un error’
En febrero pasado, cuando don José Salazar Álvarez y doña María Eugenia Rocha Echevarría cumplieron 54 años de casados renovaron sus votos por tercera vez y él le cantó “Mi linda esposa”.

“Ya nuestro pelo negro de blanco se vistió”, fue la estrofa que le entonó el comerciante de 76 años, recuerda la mujer con la que tuvo 13 hijos, 37 nietos y 14 bisnietos.

De ellos, once contrajeron el virus a mediados de septiembre. María Eugenia, hija de la pareja, supone que el contagio ocurrió en una reunión familiar.

“Lamentablemente cometimos un error, teníamos 5, 6 meses encerrados, y una hermana nos consiguió una terraza que se le había prestado su patrona creo, allá para Jocotepec. Nos aislamos supuestamente de la ciudad, era un pueblo por Chapala y estuvimos cuatro días. Regresando de ahí, al otro día, empezó mi mamá, a los dos días mi hija y yo, y pensamos que fue de esa reunión para acá”, recordó.

Cuando su mamá, doña María Eugenia, enfermó. El abuelo José cuidó a su compañera de vida, después, él empezó con síntomas y el 6 de octubre, en el Hospital Civil de Guadalajara, su voz se apagó.

“Él se cuidaba demasiado, me cuidó en mi Covid. Él me dio toda mi medicina y ya cayó él. Yo me siento culpable porque no lo atendí bien, es que yo tenía una tos muy fea y tenía miedo contagiarlo, pero de todos modos se contagió”, comentó afligida su viuda.

Apenas seis meses antes había vencido al cáncer.

“Nos dejó el corazón destrozado mi viejito, fue un gran padre, un gran marido, un guerrero, venció el cáncer (..) Él era muy alegre, le gustaba mucho cantar, le gustaba que se reunieran todos y era feliz con todo su montoncito”, expuso la mujer de 71 años.

Doña Maru recuerda otra estrofa de la canción que él le dedicó: “Que Dios te guarde para mí eternamente, pues me ha de separar de tí sólo la muerte”.

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