Bitácora del director

Por Pascal Beltrán del Río

España ya se disculpó

“La Corona de España procuró desde el mismo momento del descubrimiento del nuevo mundo la defensa de la dignidad del indígena. Así, el propio rey Carlos V hizo observar enérgicamente a Hernán Cortés que ‘Dios Nuestro Señor creó a los indios libres y no sujetos a servidumbre’. Claro que la prudencia y la ecuanimidad de los monarcas fue, a menudo, lamentablemente desoída por ambiciosos encomenderos y venales funcionarios que, por la fuerza, impusieron su sinrazón”.
Así se expresó el rey Juan Carlos, en Teotitlán del Camino, Oaxaca, el 13 de enero de 1990, durante su segunda visita a México.
El mundo hispánico se preparaba entonces –no sin controversias– para la conmemoración, en 1992, del 500 aniversario del descubrimiento de América. Y año y medio después de esa visita, el monarca español estaría de vuelta en nuestro país para la realización de la primera Cumbre Iberoamericana, en Guadalajara.
Ante representantes de 16 etnias oaxaqueñas, Juan Carlos deseó que la conmemoración del quinto centenario del encuentro de dos mundos “tuviera un claro sentido constructivo, del que participaran –desde la buena fe más transparente y el más acendrado espíritu de cooperación– tanto vuestros pueblos en particular, como el pueblo mexicano en general, y todos cuantos hemos asumido el compromiso de dar al evento un contenido de futuro que abra nuevos horizontes”.
Para el gobierno español, dicho mensaje, pronunciado hace 30 años, marcó el fin de la discusión política sobre la Conquista, con un reconocimiento por parte de España de los abusos que se cometieron contra la población aborigen de lo que hoy es México. Es decir, que la disculpa que solicitó el año pasado el presidente Andrés Manuel López Obrador, en una carta enviada al rey Felipe VI –sucesor de Juan Carlos–, ya tuvo lugar.
Así me lo dijo la ministra de Exteriores de España, Arancha González Laya, quien estuvo esta semana en México para hablar sobre la relación bilateral, que vive su momento más tenso desde el restablecimiento de vínculos diplomáticos en 1977.
Durante la entrevista con Excélsior, que usted puede leer en esta edición, González Laya dejó claro que no habrá una nueva disculpa y que España exhorta a México a ver hacia adelante y reconocer y aprovechar todo el potencial que significa la “hermandad” de las dos naciones, al tiempo que manifestó que su país desea ser parte de las conmemoraciones que el gobierno de México alista para el año entrante (entre ellas, el 500 aniversario de la caída de Tenochtitlán y el bicentenario de la consumación de la Independencia).
Aquella vez, en Teotitlán del Camino, Marcos Sandoval, representante de la etnia triqui, dijo al rey Juan Carlos que “a 500 años de una dolorosa relación”, el mundo occidental tenía “una deuda con los pueblos indios de América”, pero llamó a “modificar la historia, haciéndola juntos por un futuro de respeto e igualdad”.
A eso respondió el rey Juan Carlos: “Quiero reafirmaros las intenciones de cooperación más claras y francas por parte de España. Existen ya, en esta misma zona, proyectos comunes en marcha, concertados en torno de objetivos de vuestro mayor interés. Esperamos, en estrecho contacto con vuestras autoridades, poder ampliarlos, llevándolos a donde vuestras necesidades más lo requieran”.
Y agregó: “Nada nos satisfaría más que, con su éxito, España pudiera contribuir a aportar a vuestras sociedades un mejor nivel de vida que, lejos de truncar los aspectos más intrínsecos de vuestra personalidad, los consolidara y fortaleciera”.
El entonces gobernador de Oaxaca, Heladio Ramírez López, de origen mixteco, dijo que México había llegado ya a un punto de madurez que le permitía asimilar plenamente su historia, “y con la serenidad del paso de los años, colocar en su justa perspectiva todo el pasado acontecer”.
Sería lamentable que México y España, que comparten mucha más historia que el capítulo de la Conquista, se quedasen atorados en un reclamo sobre hechos ocurridos cuando México no era México y España no era España. Sobre todo cuando ambos países han convivido sin mayor conflicto durante 200 años, compartiendo idioma y cultura y sabiendo crear juntos oportunidades de desarrollo.

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