Opinión

Por  Luis Wertman Zaslav

Apostar por los acuerdos

Con la mira en el 2021, las fuerzas políticas y muchas instituciones que deberían seguir enfocadas en cómo salir de la crisis provocada por la pandemia, dedican tiempo valioso a prepararse para las elecciones del próximo año, cuando todavía no tenemos seguridad de la forma en que el país podrá llegar a la conclusión de éste.

Tal pareciera que la emergencia sanitaria y económica es ya una anécdota en un año inédito que da la sensación de no ser prioridad en poco más de seis semanas en las que los pronósticos de hospitalizaciones, de atención y de alerta para frenar los contagios anticipan que todo puede ponerse peor en el cierre del 2020 e iniciar el siguiente año en una situación delicada.

Sin embargo, para muchos intereses no ocurre así. Mientras las y los ciudadanos nos adaptamos al nuevo virus como mejor podemos, muchas decisiones públicas llevan un riesgoso componente político que sólo sirve para dividirnos más, discutir sin sentido en muchos espacios y olvidarnos convenientemente de que esta crisis no ha terminado.

La desinformación, proveniente de todos lados, la falta de credibilidad de la mayoría de las instituciones y la pérdida paulatina de confianza, no auguran un escenario mejor en cuanto crucemos la frontera del último día de diciembre y recibamos al año próximo.

¿Podrá ser que el hartazgo por el encierro y la necesidad de “seguir con nuestras vidas” sea más fuerte que la preservación de la salud y de la existencia de miles de personas? Si tomamos como referencia los cien mil fallecimientos que alcanzaremos en unos cuantos días, parece que la decisión social es la de arriesgarse y no de cuidarse por más tiempo.

No es una decisión única de México, Europa, frente al invierno que se aproxima, ya tuvo que tomar medidas poco populares de nuevo confinamiento para tratar de restarle velocidad a las muertes que provocará la temporada por el covid-19 y el anuncio apenas este viernes de suspensión de actividades en la Ciudad de México por dos semanas es otra señal de que esa es la estrategia que muchos gobiernos tomarán y han tomado: periodos de dos semanas para buscar evitar un golpe frontal contra la pared que representa este tipo de coronavirus.

Apenas, también, hace unos días los mercados internacionales, y el mundo, lanzaban campanas al vuelo por el avance de una de las múltiples vacunas en última fase, que se desvaneció en cuanto supimos que se necesitan temperaturas muy bajas para transportarla y manejarla, una infraestructura presente en muy pocos países, entre los que no está México.

Eso significa que la vacuna, sin un tratamiento eficaz, es más un símbolo de esperanza que una solución accesible. Si esa situación de prolonga, las economías internacionales y sus mercados podrían pasar fácilmente al pesimismo profundo y entonces apretar aún más el estado financiero del planeta.

¿Qué podemos hacer? Ha sido la pregunta permanente en estos casi diez meses de crisis sanitaria y económica, la respuesta es apostar por los acuerdos sociales que envíen un mensaje claro a los partidos y a sus siempre dispuestos candidatos para que piensen dos veces en considerar que todo lo que nos preocupa a los ciudadanos es el proceso intermedio del año próximo.

Distraerse y distraer trabajo, recursos y esfuerzos para ver cómo ganan la mayoría de la Cámara de Diputados o la refrendan como está actualmente, así como obtener el mayor número de posiciones posibles de las que están en juego, tendrán un costo que no podemos calcular todavía y que no habrá vacuna que pueda compensar.

Tengámoslo presente en cuanto arranquen las promesas, las campañas sucias, las noticias falsas y los intereses políticos de ocasión. Si queremos salir de esto debemos modificar radicalmente la forma en que participamos como sociedad en un año que será, al mismo tiempo, de enfermedad, de pandemia y de batallas políticas encarnizadas.

Porque el virus ha demostrado que no tiene preferencias y que es daltónico respecto a los colores de los partidos y sus candidatos. Quienes no ofrezcan soluciones de fondo a los problemas que ya forman parte, otra vez, del escenario cotidiano de la gente, que vivimos amenazados por el contagio, deben recibir el mensaje de que no contarán con nuestro voto en esa elección ni en ninguna otra.

Organizarnos muy bien para que los gobiernos de todos los niveles no pierdan la brújula y se dediquen a atender primero la pandemia y la recuperación de la economía será nuestra aportación para un 2021 que no se ve nada sencillo y que, por arte de magia, no desaparecerá nuestra situación cuando la última campanada anuncie el primero de enero.

Es un punto de quiebre en la forma en que estamos involucrados en las decisiones públicas y será un parteaguas en la participación civil si hacemos lo que nos corresponde para emitir un mensaje claro y fuerte de que la prioridad es mantener la salud, preservar vidas y ayudar a que los empleos y la inversión pública y privada se mantengan para salir de la crisis que vivimos en estos momentos y que podría durar tanto como la presencia del virus.

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