Opinión

Por Samuel Cepeda Tovar

Huevitos de despilfarro

La iniciativa suena bastante atractiva: entrega de créditos Infonavit sin intermediarios, de manera directa a los trabajadores para que construyan o compren su casa y no tengan la única opción de adquirir el tradicional “huevito” o “pajarera” que suponen ser las casas tradicionales del Infonavit que se han caracterizado además de su reducido espacio, por la mala calidad con que son construidas a precios por demás exagerados.
Al parecer había un negociazo entre constructoras e Infonavit. El Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores fue creado para otorgar créditos a los trabajadores y pudieran acceder al patrimonio de una vivienda, de un hogar; sin embargo la realidad ha sido bastante compleja; para empezar, al 75% de quienes pueden tener un crédito Infonavit no le alcanza para comprar una vivienda; esto porque los montos de crédito y los salarios no permiten que puedan costear el precio de las viviendas en el mercado.
Es decir, ha existido siempre una enorme disparidad entre la oferta de casas, el mercado laboral y los niveles del salario mínimo; y si a esto le agregamos el sobreprecio de estas casas, tenemos que el acceso de los trabadores a estos beneficios son bastante complicados; esto provoca que muchas casas al final queden abandonadas porque los trabajadores no pueden costear los costos en el enrome lapso de tiempo que dura amortizar el crédito.
Hay una verdad de Perogrullo: lo que cuesta pagar un “huevito” de Infonavit sirve para construir el doble o hasta el triple del tamaño de la tradicional “casita”, lo que sin duda vuelve atractiva la idea de los créditos directos a los bolsillos de los trabajadores. Durante el periodo 2000-2010; el Infonavit llevó a cabo una agresiva política expansiva de créditos, sin importar en lo absoluto la calidad de las viviendas; lo que sin duda puso en evidencia malos manejos al privilegiar la construcción y a sus constructores, empresas de desarrollo inmobiliario o amigos constructores que terminaban vendiendo sus viviendas de pésima calidad a trabajadores que aprovecharon estas políticas expansivas que terminaron edificando casas hasta en sitios que eran lagunas o que carecían de servicios básicos como energía eléctrica, drenaje o agua potable suficiente.
Sin embargo, también resulta preocupante el que se les otorgue el crédito completo a muchos trabajadores que pueden carecer de disciplina fiscal; y casos similares abundan: PROCAMPO es un claro ejemplo de ello, en lo personal me ha tocado ver a campesino consumir casi la totalidad de los apoyos para sus siembras en bebidas alcohólicas o juergas en donde terminan dilapidando los apoyos, tal cual sucede también con aquéllos estudiantes que terminan comprando un teléfono con las becas que son para gastos de su educación; es decir, existe un riesgo latente de que muchos de estos créditos se pierdan en rubros totalmente ajenos al hipotecario y a final de cuentas el trabajador quede sin vivienda y sin derecho a otro crédito.
Se trata de una apuesta a la prudencia de un pueblo que no está acostumbrado a créditos de cientos de miles de pesos en el contexto de una pandemia que ha causado afectaciones económicas a miles de personas y que cualquier recurso extraordinario significa un alivio a las finanzas vapuleadas por los efectos económicos del covid 19.
Se trata de una iniciativa para dar más libertad a los trabajadores, esperemos que la libertad sea usada con prudencia, porque el gobierno ha acertado con esta iniciativa, solo falta el acierto de la sociedad en cuanto al uso prudente de un recurso que por décadas estuvo limitado en beneficio de unos cuantos.

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