‘Yo perdí todo’

Esta ciudad se llenó de damnificados. Tantos, que algunos duermen frente al Palacio de Gobierno, sobre la Plaza de Armas, respirando del río Grijalva que pasa a unos metros. Oyendo el rumor interminable de su agua, sin poder imaginar cuándo cederán las inundaciones.

La señora Martha Sánchez, de 57 años, con cubrebocas verde, huipil bordado, silla de ruedas, pie derecho vendado y sin un dedo, cuenta que en las primeras lluvias del mes pasado se le inundó su casa.

“Entonces, me enterré un alambre en el pie y, como soy diabética, se me infectó y me tuvieron que extraer un dedo; me cortaron todo lo que ya no servía, que estaba desechado, muerta la carne. Este domingo que pasó, pasaron avisando que por favor desalojaran y nos venimos aquí”.

Bajo el vestíbulo sin paredes de la Casa de Cultura están sus muebles. Un refrigerador, sus trastes, una cama. Sus dos hermanos, sus esposas, su comadre, cinco niños casi al aire libre en el mismo lugar donde durante la inundación de 2007 se instaló un refugio gigante.

Del puente que cruza hacia la Colonia Las Gaviotas Norte y Sur, las partes más populares de la ciudad, cada tanto bajan más damnificados cargando sus bolsas de ropa.

“Estos lazos los pusimos porque anoche ya estábamos acostados aquí y se empezó a meter la gente, andaban buscando refugio, los pobres”, dijo la señora Martha.

El agua también hundió el refugio en la Primaria Maestro Gil, allá en el sur. Además, en la Secundaria Rafael Concha Linares, donde hay 700 alumnos, sólo admitieron a 175 damnificados. Ayer ni siquiera dejaron que entrara a descansar una anciana con el pie vendado que llegó con una bolsa de plástico, un rollo de papel de baño, unos plátanos y dos jaulas de palomas.

“Por prevención de Covid se ha restringido el paso a muchas personas, quisiéramos darle paso a todo el mundo, pero no se puede. Aquí el único que tiene el poder es el Gobierno”, explicó el encargado.

Pero el Gobierno no ha aparecido, Tampoco se vio al Ejército en ningún refugio.

“¡La gente lo que va a hacer es empezarle a gritarle al padre, y lo que van a hacer las autoridades es cerrar el refugio!”, se quejó una mujer enojada afuera de la Catedral.

Los que a diario se forman por un plato de sopa en las rejas de la Catedral también han aumentado con los que vienen del agua. Con la tristeza esperan su turno, con coraje recuerdan lo que perdieron.

“Yo perdí todo, credencial, papeles, una tarjeta del banco que tenía yo, mil pesos que estaba yo guardando”, dijo un hombre con la camisa abierta.

Los de Las Gaviotas parecen resignados de que sólo se refuerza el malecón del lado de la zona turística de la ciudad.

“Mire: si la gente de allá viéramos que dejaron la parte de allá y nos dejarán resguardarnos todos acá, en lo que es el centro, pues lo entendiéramos”, dijo la señora Guadalupe Reyna, esperando en la fila con sus dos nenes.

Encima de todo, el caudal del Grijalva no cede.

Por la noche, la mayoría duerme con algún pariente. En el día deambulan buscando algo. Una mujer y su hija, con un bebé de 15 días, cruzaban entre los autos con una cartulina. Detrás caminaban otros dos niños: “Solicitamos su apoyo Somos de Gaviotas Sur”.

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