Nudo gordiano

Por Yuriria Sierra

Retomar el cauce

El republicano Donald Trump no tardó nada en adjudicarse el trabajo de Pfizer, que ayer mismo informó que su proyecto de inmunización logró una efectividad de 90 por ciento

“Si Joe Biden fuera presidente, no tendría la vacuna lista en los próximos cuatro años. Ni la FDA la hubiera aprobado tan rápido. ¡La burocracia habría destruido millones de vidas!”, uno de los tuits de Donald Trump la tarde de este lunes. El republicano no tardó nada en adjudicarse el trabajo de Pfizer, que ayer mismo informó que su proyecto de inmunización logró una efectividad de 90%, la misma que la vacuna contra el sarampión que se aplica a menores, lo que la pone por delante de los otros proyectos que se desarrollan en el mundo. Trump no paró ahí: “La FDA y los demócratas no querían que apareciera la vacuna antes de las elecciones, así que la anuncian cinco días después, ¡como lo he dicho todo el tiempo”. Sin prueba alguna que no sea su palabra, el aún presidente de Estados Unidos acusa complot también en esto, farmacéuticas y demócratas contra él, por encima de los casi 10 millones de pacientes de covid-19 que reportan en EU.

Trump regresó a la Casa Blanca luego de unos días de silencio y de mucho golf, listo para dar el siguiente paso: impugnar los resultados en varios estados, lo que sea para intentar mover algo esos números que no le permiten celebrar la reelección. Por ello, ante el anuncio de Pfizer y BioNTech, se apresuró a tomar el sombrero, porque sabe que es de esta manera que su base, esa que para esta elección creció en al menos siete millones de nuevos votos, mantendrá alimentada la idea de que él debe seguir en la Presidencia. Sin nada que demuestre el supuesto fraude electoral del que fue víctima, ¿de qué otra forma podría atizar el incendio?

Atajar ese discurso de odio que los últimos cuatro años ha mantenido enfrentados a los estadunidenses será el reto de Joe Biden. Él, conocido por su capacidad para la conciliación, comenzó el fin de semana enviando un mensaje contundente, muy alejado de la narrativa del actual presidente: “Es un tiempo para sanar (…) A todos los que votaron por Trump, entiendo su decepción, yo mismo perdí un par de veces, pero démonos una oportunidad (…) Dejemos de vernos los unos a los otros como enemigos: somos estadunidenses…”. Llevar el relato de un país en este sentido no es nada fácil, por algo son varios líderes en el mundo quienes le apuestan a la confrontación. Ayer mismo, cuando se recibía la noticia de Pfizer, Rusia se apresuró a advertir que su vacuna, la Sputnik V, era aún más efectiva, aunque no ofreció pruebas.

En un país tan profundamente dividido y polarizado, como lo es hoy EU, el trabajo de construir puentes para la reconciliación es urgente y no puede hacerlo cualquiera. Después de un año tan convulso como lo ha sido este 2020, sí da aliento que las sociedades estén buscando volver a la razón, de dar sentido, otra vez, a un cotidiano, que soltamos hace unos meses, pero que se encontraba viciado con tantas narrativas de odio. Esos líderes populistas, de izquierda o de derecha (y que al final terminan siendo casi lo mismo), han demostrado no ser capaces de construir puentes en los que transitemos todos y eso es un requisito indispensable para gobernar.

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