Uso de Razón

Por Pablo Hiriart

Horrible, el harakiri de Donald Trump

Miami, Florida.- “Esta es una elección amañada, fraudulenta”.

“Se roban los buzones (las urnas)”.

“Se falsifican las boletas”.

“Se están imprimiendo votos ilegalmente”.

“Paren el conteo”.

“Frenen el fraude”.

Todo eso y más ha dicho el presidente de Estados Unidos entre el miércoles y ayer.

Una verdadera locura, y un ridículo para Estados Unidos.

En caso de perder, difícilmente podrá permanecer en el cargo.

¿Qué va a hacer en los casi tres meses que aún le quedan en la presidencia?

Martillar contra los pilares que sustentan la democracia de su país.

Perseguir a quienes, según él, le fallaron, como el procurador que no metió a la cárcel a Obama y a Hillary Clinton, o al director del FBI que descartó las posibilidades de fraude electoral.

¿O le va a entregar el poder, en la ceremonia del 20 de enero, al que le ‘robó’ la elección?

A Trump le ganó el hígado y jugó mal sus cartas. Tan mal, que le podrían costar su libertad en caso de consumarse su derrota.

Obtuvo una votación inesperadamente alta, y con ella estaba en condiciones de negociar políticamente con Biden, con el Congreso, con quien sea, y conservar el liderazgo real del Partido Republicano.

Pudo perder con decoro y seguir en la palestra por la enorme fuerza que demostró el martes.

No eligió ese camino, sino que tomó la ruta desesperada de los fanáticos: todo o nada.

Se hizo el harakiri, en un espectáculo horrible para el país líder de occidente.

De ganar la elección, como todo lo indica (especialmente por la conducta de Trump) a Joe Biden no le quedará más camino que observar cómo se activan los procesos legales contra el mal perdedor.

Miércoles y jueves hemos visto cómo Donald Trump desató un sabotaje contra la democracia en el país que gobierna.

Su sabotaje al sistema democrático de Estados Unidos ataría de manos a Biden, si es que se consuma su victoria, para otorgarle el perdón como hizo Gerald Ford con Nixon después de Watergate.

“Se juega su libertad”, apuntamos en esta columna al inicio de la cobertura de la campaña presidencial. Así es.

La portada de la prestigiada revista New Yorker, lo pintó con la mitad del cuerpo en el traje naranja de los reclusos. En sus páginas interiores apunta que Trump es sobreviviente de un juicio político, seis quiebras, 26 acusaciones por conducta sexual inadecuada y un estimado de cuatro mil demandas.

Tiene encima, ahora, una docena de demandas pendientes de resolver.

Por el caño aventó cualquier posibilidad de capitalizar el músculo que le dio un cierre de campaña formidable.

Ayer Estados Unidos, su presidente y su democracia eran el hazmerreír de buena parte del mundo.

Las portadas de los diarios europeos fueron implacables. The Washington Post hizo un muestreo de algunos medios y se solazan con la realidad que ha provocado el presidente.

“La democracia estadounidense es una broma”, apuntó el editorial institucional del periódico Ta Kung Pao, de Hong Kong, China. “Las elecciones en Estados Unidos se han convertido en una broma mundial”, dice.

En su aliado histórico, Corea, Seúl Shinmun editorializó: “El caos en la llamada democracia avanzada de Estados Unidos, despierta la preocupación de que no somos muy diferentes”.

Dice el principal diario de Emiratos Árabes Unidos, en su editorial: “Parece el inicio de una guerra civil”.

En Japón: “En tela de juicio, el valor intrínseco de la democracia”.

En India, su principal diario expresa, horrorizado, la demanda del presidente de Estados Unidos: “que no se cuenten los votos emitidos legalmente, es un giro al autoritarismo”.

Veremos qué hace mañana Donald Trump, que se ha cerrado todos los caminos menos uno: dar una voltereta dramática y ganar los estados que aún cuentan “votos fraudulentos”.

El harakiri, en vivo y en directo para el mundo.

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