Zagal

Por Daniel A. Fernández García

Elections 2020

Es ineludible, diría yo, no tocar el tema de las elecciones que están sucediendo en Estados Unidos. Y digo “están sucediendo” porque, si bien las votaciones concluyeron el día de ayer, en estos momentos todavía sigue el conteo de votos en algunos estados cruciales para el resultado de la elección. A pesar del hecho de que un sector de la opinión pública mexicana pueda interesarse en el tema y esto genere crítica por parte de otros mexicanos, es incuestionable el gran peso que tiene la relación existente entre ambos países y la importancia que tienen los regímenes interiores de las dos partes para ser capaces de proyectar el presente y futuro de la colaboración bilateral.
Además, funciona como ejercicio comparativo en cuanto a la institucionalización de la democracia en cada uno de los países, pues como hemos visto, existen diferencias y aspectos que aquí, en ocasiones, catalogamos como malos; allá parecieran ser más que necesarios.
En ese entendido, y sin adentrarme en el tema de cómo funciona el sistema electoral en EUA, considero que vale la pena hacer un análisis de la situación con base en los resultados proyectados al momento de escribir estas líneas.
Desde el inicio de las precampañas, se lograba percibir cuál sería la tendencia a seguir por parte de quienes resultaron candidatos. En su momento, el peridodico The New York Times lo comentó: es la demografía, y no la geografía, el factor determinante en la política presidencial. Ejemplo de lo anterior es que el candidato demócrata, Joe Biden, rompió con la tradición de elegir a su compañero de fórmula con base en factores geográficos y optó por darle mayor peso a la diversidad demográfica, eligiendo a Kamala Harris, proveniente de California, un estado tradicionalmente demócrata y al que, en otras circunstancias, no hubiesen considerado para postular un vicepresidente.
Y tal parece que así fue. Durante meses, fuimos testigos -de lejitos- de cómo el objetivo principal de los candidatos era ganarse sectores específicos de la población que gracias a los medios de comunicación masiva, transparencia, acceso a la información y acciones afirmativas, han preferido por tener mayor participación en asuntos de la vida pública; apuntando hacia ellos sin importar su lugar de residencia, o bien, su geografía.
Y parece ser que los resultados van reflejando el deep work por parte de ambos candidatos y sus equipos; sin embargo, también se ha generado sorpresa respecto la preferencia que tuvieron diversos grupos al momento de elegir su voto.
Un claro ejemplo es el sector latino y los adultos mayores. Por un lado, tomando de ejemplo lo sucedido en Florida, dejó claro que gran parte del latino vote se inclinó hacia la opción conservadora de la boleta, que era Trump; y por el otro, el senior vote tuvo una alza considerable en favor del candidato demócrata, eliminando la brecha existente en esa demografía cuya preferencia iba hacia el Grand Old Party.
En fin, mucho se puede decir y analizar sobre la situación electoral en Estados Unidos, pero aún no se puede declarar un contundente ganador; es más, me atrevo a decir que, entre conteos, recuentos, impugnaciones y demás, esta semana no será suficiente para que podamos conocer de manera oficial al nuevo, o reelecto, presidente de los Estados Unidos de América.
De lo que sí podemos estar seguros es de la evolución continua que tiene la operación política, si bien en Estados Unidos, pero que puede ser reflejada en todo el mundo, en aquellos países que próximamente vayan a contar con proceso electoral, como es el caso de México.
Por ello, analizar y comparar la situación actual norteamericana no es irracional, al contrario, nada ni nadie nos asegura que algo similar pueda suceder el próximo año en México, o no.

Reciban un saludo, muchas gracias.
Nos leemos la siguiente semana.
@Dan_Fdz

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