Nadando entre tiburones

Por Víctor Beltri

¿Qué está en riesgo ante la reelección de Donald Trump?

La democracia está en riesgo. El mundo civilizado, tal y como lo conocemos, cambiará en cuestión de horas. No es exageración: así de importante es la elección norteamericana. Lo que está en juego va mucho más allá del resultado puntual de los comicios, o —incluso— del previsible conflicto poselectoral tras lo que, literalmente, será el choque de dos mundos.
Dos mundos, cuya visión es completamente distinta, y que cuentan con las herramientas que, a su juicio, son las necesarias para enfrentar a su adversario. Dos mundos que se niegan a morir, y siguen engarzados en un juego de suma cero cuyo desenlace terminará por afectar a la humanidad entera.
A la humanidad entera. La elección norteamericana no se trata de Biden contra Trump, de demócratas contra republicanos, ni mucho menos de cambio contra continuidad. La elección que tendrá lugar, en unas cuantas horas, se trata —en realidad— del enfrentamiento entre dos maneras, completamente distintas, de entender el mundo.
Completamente distintas. Los seguidores de Trump —salvo algunos desvelados— no creen tanto en el personaje, como en lo que representa —en tanto opositor del sistema que les privó de oportunidades en el pasado— y, aún más, en lo que encarna. Trump es un mito que representa, puntualmente, no sólo a quienes se sienten —con orgullo— fuera del sistema, sino que también encarna a aquellos a los que el propio sistema ha desplazado y que ahora exhiben —orgullosos— las armas en ristre, dispuestos, en apariencia a cualquier cosa.
A cualquier cosa, como los demócratas que alistan ejércitos de abogados —y de medios de comunicación— para defender el voto no presencial cuya validez ha sido cuestionada, desde antes, por el presidente que pretende reelegirse. El bando opositor cuenta, también, con aliados igualmente violentos a los que apoyan al presidente en funciones, y que han probado su efectividad no sólo para las movilizaciones masivas, sino en los enfrentamientos directos. ¿Cuál puede ser el resultado de la elección? ¿Cuál será el resultado del choque de trenes?
El resultado es previsible. En un primer escenario, la victoria de Trump no sólo sería catastrófica, sino que traería consigo protestas —y manifestaciones— que terminarían por ser acalladas con la violencia, física y jurídica, del dictador recién legitimado. ¿Quién podrá controlar a un Donald Trump empoderado?
En un segundo escenario, el triunfo de Biden sería insuficiente para que su legitimidad fuera reconocida por el bando contrario, al tiempo que la derrota de Trump sería —inevitablemente— devastadora para la nación. ¿Quién será capaz de poner orden ante los que ya estaban fuera del sistema —que están armados— y que ahora encuentran una causa justificada para sus deseos de venganza? ¿Quién podrá desmentir al QAnon, de forma que sus seguidores le crean?
¿Quién podrá controlar la violencia, tras el primer disparo? La democracia está en peligro, como lo está el mundo civilizado que conocemos, hasta el momento. El conflicto poselectoral en EU cobrará víctimas locales, pero sus repercusiones terminarán por alcanzar los últimos rincones del orbe, y sacudirán los regímenes demócratas del mundo entero. ¿Qué seguirá después de esto? ¿Cuáles serán las lecciones para los nuevos regímenes autócratas, y —sobre todo— para sus opositores?
Así de importante es la elección norteamericana. Lo que está en juego va mucho más allá del resultado puntual de los comicios, y terminará por afectar el sistema de la civilización actual. No importa quién haga el primer disparo, no importa quién encienda la primera antorcha.
No es exageración. El mundo civilizado, tal y como lo conocemos, cambiará en cuestión de horas: quien resulte vencedor, tendrá una responsabilidad que, muy probablemente, le rebase. La democracia, hay que saberlo, está en riesgo. Los valores de nuestra civilización, también.

Comparte la noticia en:

laprensamonclova_46f5ls

Read Previous

Avanza proceso contra feminicida

Read Next

Opinión