Un Chapultepec biocultural

Chapultepec, Naturaleza y Cultura, megaproyecto prioritario del sexenio, enfrenta un desafío de cara a la ciudadanía: convencer sobre sus alcances, comunicar adecuadamente su avance y detallar los beneficios propuestos.

Ya en marcha, con diversas intervenciones y planes en las cuatro secciones del bosque, la obra de 946 millones de pesos encara resistencias por parte de vecinos, intelectuales y ambientalistas preocupados por los efectos que podría tener en su ecosistema.

Su coordinador general, el artista Gabriel Orozco, reconoce que hay una grieta de comunicación entre lo que ha desarrollado su equipo, al que denomina Taller Chapultepec, y quienes le exigen la presentación integral del plan maestro.

“No es fácil comunicar un proyecto tan complejo y con tantos elementos en proceso de análisis de una manera estática, en una sola sesión”, responde Orozco en entrevista.

De entre todas las cosas que, estima, no han permeado lo suficiente, está un término que considera central sobre la propuesta: lo biocultural.

Acompañado del especialista en restauración ambiental Roberto Lindig, el “biólogo de cabecera” de todo el proyecto, Orozco explica que considera errado pensar en su propuesta como algo meramente cultural.

“Si de repente hay una sección específica del gremio cultural que piensa que el presupuesto asignado para Chapultepec se lo quitaron a ciertos fideicomisos o a instituciones de la Secretaría de Cultura federal, eso me parece un error de percepción”, apunta.

“Sobre todo tomando en cuenta que ese presupuesto especialmente asignado a un proyecto que se plantea como prioritario, sea este del por ciento que sea, es importante tomar en cuenta que, del 100 por ciento del presupuesto para el Bosque, sólo aproximadamente una tercera parte es para lo que ese gremio cultural específico considera su territorio, porque en realidad, de esa totalidad presupuestada, las otras dos terceras partes están invertidas en restauración ambiental y en accesibilidad social”.

Para Lindig, fundador del Laboratorio de Ecología de Restauración de la UNAM, adscrito al Centro de Investigaciones en Ecosistemas de dicha casa de estudios, aunque algunas zonas de Chapultepec presentan un estado de conservación adecuado, su restauración en ciertas zonas se ha hecho ya impostergable.

“Es importante subrayar que es necesario intervenirlo. En la tercera sección, si no se interviene, si no se empiezan a hacer labores de restauración ambiental, se van a perder muchas áreas; el dosel arbóreo”, detalla.

“Está dominado por eucaliptos; eucaliptos que están muchos ya muertos, pero muchos muriendo por diversas razones, entonces sí se corre el riesgo a que deje de ser un bosque urbano y se convierta en otra cosa y aumenten las tasas de erosión y una serie de problemas”.

Para el análisis de la situación general del bosque, Lindig y su equipo elaboraron un mapa científico en el que el territorio de cada una de las secciones está zonificado de acuerdo a su función.

Las secciones que bordean las grandes vialidades, como Periférico y Constituyentes, así como aquellas que están directamente en contacto con las áreas urbanas, son consideradas de “Amortiguamiento”.

Aquellas que mantienen aún su ambiente mayormente natural o que necesitan intervención ecológica, como las barrancas del Río Dolores y de Barrilaco, se denominan de “Conservación”.

En la Primera y Segunda Sección, las zonas impactadas ya con la presencia de recintos culturales, como los museos y el Centro Cultural del Bosque, reciben la etiqueta de “Cultural”.

Una de las principales apuestas del proyecto, como es evidente al observar el mapa, son las zonas con el rótulo “Biocultural”, en las que existe o se desarrollará presencia de actividad cultural, pero con una integración completa con el entorno, como es un caso en las zonas con lagos de la Primera y Segunda secciones, dos franjas de la Tercera y toda la zona central de lo que se planea para la Cuarta.

Esta imbricación entre la cultura y la naturaleza, explica Lindig, es un eje de trabajo que atraviesa el proyecto entero, pues no es posible, en el caso de Chapultepec, preservar uno sin el otro.

“Hay muchas circunstancias donde, si queremos conservar a la naturaleza, tenemos que conservar el patrimonio y, como patrimonio, me refiero obviamente a monumentos históricos, a lo tangible, pero también a lo intangible, y creo que Chapultepec es un ejemplo emblemático de esa problemática”, abunda.

“En Chapultepec no podemos preservar los elementos naturales del bosque urbano sin preservar el patrimonio, incluyendo el intangible”.

Al realizar el trazo del proyecto entero, Orozco relata que se encontraron con una característica peculiar que ha llegado a determinarlo, y es que la extensión completa de la restauración ambiental y biocultural parte del manantial de Santa Fe al manantial del Castillo de Chapultepec.

“Entre estos dos manantiales tenemos varios nodos que son zonas que la mancha urbana ha ahorcado con el tiempo, las rodeó y aisló de su accesibilidad y su convivio con la población, y eso generó un doble fenómeno: por un lado, por estar aislado, se conservó casi como un terreno baldío, en donde empiezan a crecer las plantas solas y, como nadie se mete, hay cierta fertilidad. Sin embargo, está impactado, y eso es un caso muy evidente en la Ermita Vasco de Quiroga y en el Manantial de Santa Fe, que está en la zona en el extremo opuesto, digamos; en uno de los extremos del nuevo cuerpo del bosque”, ahonda.

Para Lindig, la zonificación que se ha hecho del bosque pretende que, eventualmente, las fronteras entre las áreas de amortiguación, conservación y cultural tiendan a lo biocultural, a difuminarse tanto como se pueda.

“Me gustaría, sobre todo, verlo a futuro, ¿no? Porque ya llevamos al menos dos milenios donde hemos hecho esa dicotomía entre cultura y naturaleza, donde además implica una relación jerárquica, donde ‘la cultura es superior a la naturaleza, lo hecho por el hombre es superior a lo natural’, y lo importante no es cuestionar la dicotomía o la alteridad que representa cultura y naturaleza, pero creo que sí, lo que ya deberíamos empezar a cuestionar es esa relación jerárquica; una no es más importante que la otra”, explica.

“Para todos, el Bosque de Chapultepec puede representar ese cambio, iniciar ese cambio hacia empezar a ver las cosas de una manera más complementaria. Entonces, en ese sentido, es para mí muy importante reconocer que tenemos que trabajar ambos aspectos: el ambiental, el natural y el cultural, porque se retroalimentan todo el tiempo”.

Vocación integral


De cara a sus críticos, Gabriel Orozco insiste en que el proyecto de Chapultepec no es privativo de la comunidad cultural. Su vocación principal, dice incluso, está en otro lado.

“Chapultepec es un espacio público para la sociedad en general, para el pueblo de México. La mayor parte de presupuesto está invertida en una restauración ecológica que es urgente, sin la cual no puede sobrevivir el bosque. Con esta implementación y restauración y, evidentemente el eje cultural, con la implementación de sus nodos, (el proyecto) está diseñado para ayudar a soportar, a sustentar esta rehabilitación ecológica y su proyección como bosque urbano y social que asegure tener Chapultepec en el siglo 21”, concluye.

Prometen Cineteca y Bodega sin afectaciones


Como parte de su propuesta de un bosque biocultural, sin afectaciones ecológicas, Gabriel Orozco y Rodrigo Lindig plantean que ninguna nueva estructura será construida en Chapultepec, sino que aprovecharán zonas ya impactadas con inmuebles ya existentes u subutilizados.

Ejemplo son los proyectos de una nueva sede de la Cineteca Nacional y de una Bodega Nacional de Museos abierta al público, ambas en la Cuarta Sección, aún inaccesible.

“Básicamente, el proyecto en particular de la Cineteca y de la Bodega Nacional están hechos en dos naves industriales”, explica Orozco sobre la propuesta realizada por el Taller de Arquitectura Mauricio Rocha.

“Estas dos infraestructuras ya existentes no se van a expandir en lo más mínimo, todo lo contrario: se va a aprovechar ya el impacto que tiene y convertirlas en centro cultural”, abunda.

Parte de la intención de revitalizar estos espacios es volver a poblarlos de árboles, añade, pues existen zonas que han perdido especies.

“Si no se reintegra esta infraestructura para dar servicio ambiental, cultural y social, en los tres ejes que estamos planteando, nuestro proyecto y sustentabilidad a nivel de restauración ambiental quedaría en entredicho en el futuro, porque tenemos que sustentarlo; el objetivo del proyecto es que sea sustentable, como en versión pública, a nivel ecológico y a nivel cultural y social”.

Con la inclusión de la Cineteca y la Bodega Nacional, ésta última como una forma de mostrar al público todos los acervos museísticos que no están a la vista, se plantea que la Cuarta Sección tenga una vida cultural que rivalice con la Primera.

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