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Por Fabiola Guarneros Saavedra

Días de Muertos

Sí, leyó bien. No se confunda, es Día de Muertos y con las coloridas y abundantes ofrendas recordamos a nuestros seres queridos. Pero esta columna se llama Días de Muertos, así en plural, porque hemos acumulado cifras récord en decesos.

Los mexicanos morimos no sólo porque estamos vivos —como dijo Fernando Savater en su reciente participación en la 40 Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO) al recordar al filósofo Michel de Montaigne—, morimos por enfermedades, homicidios, accidentes, conflictos, porque la muerte siempre está presente y más en estos tiempos de pandemias.

El dato más estrujante tiene que ver con el número de muertos por motivos de salud. De acuerdo con el Inegi, el año pasado se registraron 747 mil 784 defunciones, de las cuales 663 mil 902 personas murieron por enfermedades (88.8%). Los padecimientos cardiacos siguen ocupando el primer lugar con 156 mil 41 víctimas; después, la diabetes mellitus con 104 mil 354 casos, y los tumores malignos fueron la tercera causa con 88 mil 680 decesos.

Este año, las víctimas oficiales por covid-19 ocuparán la tercera posición, pues, hasta el día de ayer, sumaban 91 mil 753. Sin embargo, hay estimaciones que calculan que podría llegar a ser la segunda causa de muerte; por ejemplo, el Instituto de Métricas y Evaluación de Salud, ubicado en la Universidad de Washington, previó 103 mil 977 defunciones para hoy 1º de noviembre, y el Instituto de Tecnología de Massachussets pronosticó 132 mil muertes al 1º de septiembre de 2020, tomando en cuenta el hecho de que en México no se realizan el número de pruebas necesarias ni se hacen los registros correctos.

Lo que sí es un hecho es que la Secretaría de Salud reportó el domingo pasado, un “exceso de mortalidad” durante el periodo del 1º de enero al 26 de septiembre de este año; es decir, hubo 193,178 muertes de más. Las autoridades esperaban 524,920 decesos, sin embargo, han fallecido 718 mil 90 personas.

Y de ese “exceso de mortalidad”, 139 mil 153 de funciones están asociadas al covid-19.

Estos datos alarman porque se dan a conocer en la misma semana en la que diputados y senadores de Morena, PT y PES otorgaron al Ejecutivo la facultad de disponer, al arbitrio de la Tesorería de la Federación, de los 33 mil millones de pesos destinados a cubrir el costo de varias enfermedades catastróficas. Nuestro sistema de salud está colapsado, hay un deterioro evidente en las instalaciones y servicios en los hospitales públicos, faltan medicamentos y no hay insumos ni personal suficiente. Una tragedia que inició en administraciones pasadas, que reventó en la actual y cuya solución no se ve cercana y menos sin recursos.

Los datos dados a conocer en el informe Causas extremas sobre las Características de las Defunciones Registradas en México durante el año pasado del Inegi, también indican que de los 747 mil 784 defunciones de 2019, el 11.2 por ciento corresponde a causas extremas, clasificadas de la siguiente manera: 36 mil 661 por homicidios; 33 mil 524 por accidentes; 7 mil 223 por suicidios; en 6 mil 376 casos faltaron elementos para clasificar la muerte, y 98 decesos se registraron como “otras causas externas” (Excélsior, 30/10/20).

Cincuenta y nueve mil 748 personas murieron durante 2019 y hasta agosto de este año, víctimas de homicidio doloso y feminicidio.

“El problema es cuando uno se enfrenta a la muerte del otro, a la muerte del ser amado”, reflexionó Fernando Savater en la FILO. Y tiene razón, ésa es la que duele.

En lo que va del año, el Consejo Ciudadano ha ayudado a 222 personas que se han acercado al servicio de contención emocional por duelo; el 20 por ciento de ellas ha pedido apoyo por la muerte de algún familiar asociada a la pandemia de covid-19.

En uno de cada cuatro casos, la atención fue para enfrentar la pérdida de alguno de los padres; en el 16 por ciento de la esposa o esposo y en el 12 por ciento de los abuelos.

Duelen estos días de muertos porque esta pandemia no da tregua, evidencia nuestras debilidades, fallas, descuidos, nos muestra vulnerables, nos lleva al límite. El confinamiento ha robado la posibilidad de despedirse de los seres queridos, de velarlos o enterrarlos, ha privado a muchos del consuelo que da un abrazo o un beso solidario.

La muerte está presente, no se escapa de ella. La invitación es a no tentarla, a no jugar con ella. Honremos y recordemos a nuestros seres amados, a las víctimas de la pandemia y de la inseguridad, pero cuidemos a los vivos. Que en nuestras ofrendas haya mucha luz y flor de cempasúchil.

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