Uso de Razón

Por Pablo Hiriart

Las razones de los votantes

MIAMI, Flo-rida.- La joven Mare-lyn salió radiante de la biblioteca North Shore, en la avenida Collins, de Miami Beach, se saltó dos escalones y cuando estuvo frente a su novio dio un brinco para chocar con él sus dos manos en el aire: ¡Yes!
-Te ves feliz, ¿por qué?
-Sí, te cuento -me dice-: Trabajo en Migración, en Washington DC, pero estoy inscrita en Florida y no pude cambiar mi domicilio. Viajé exclusivamente a votar.
-¿Tan importante es votar, para ti?
-Por supuesto. Lo hago por generaciones como la mía, por los jóvenes como yo, que quieren trabajar para tener un mejor país. Por los soñadores (dreamers). Y necesitamos que quienes ganan por encima de 400 mil dólares al año (unos diez millones de pesos mexicanos) paguen más impuestos.
-¿O sea, tu candidato es…?
-Biden -dice y se aleja con la misma felicidad con que salió del centro de votación anticipada.
Carmen, su esposo Edu y la suegra, María, se toman fotos afuera de la biblioteca, sonrientes. Y es Carmen la que responde a la pregunta que hice a todos los entrevistados en cuatro de los 33 locales habilitados en el condado de Miami-Dade para el voto anticipado:
-Es importante esta elección para que haya un gobierno justo, que trabaje por la prosperidad del país-, dice.
La suegra, de canas bien peinadas, lentes y firmeza en la voz, interrumpe y refuerza lo dicho por su nuera:
-Prosperidad para todos, ¿eh? Para todos, que no sólo ayude a una franja o a un sector social. Hay que ser buenos católicos.
-Entonces ustedes votaron por el candidato católico-, supuse en voz alta.
-No señor, por ese no. Ningún católico puede votar por alguien que esté en favor del aborto. Estas elecciones son importantes por eso y sólo por eso-, repuso y se despidieron los tres.
Con el pegote de ‘voto’ que les ponen a los que emitieron su sufragio, una familia afroamericana cruzaba el estacionamiento camino a su coche, y les di alcance. Ambos altos y fuertes como gigantes hechos en barro negro de Oaxaca, más su hijo delgado y con pinta de menor de edad:
-Muy, muy importante es esta elección. Es importante para mi esposa, para mis hijos y para mí, porque necesitamos un presidente justo, que gobierne para todos los americanos y que sea bueno para el mundo-, dice él.
Ella intervino, con una impronta de pausada dignidad en la voz y en la expresión:
-Estamos cansados, ¿sabe? Cansados de cuatro años de división.
Votaron por Biden, dicen, y él se percata de mi dificultad para escribir su nombre. Toma la pluma y apunta el suyo y el de su esposa en la libreta del reportero: Ron Donaldson/Beth.
Iliana lleva un buen rato dando vueltas por el estrecho pedazo de sombra que da la pared de la biblioteca, a la espera de que una amiga suya termine de votar. Algo mayor, puertorriqueña orgullosa de que “a mí nadie me regala nada, soy una profesional que no vive del gobierno”. Razona su voto:
-Vine a votar por un cambio, por un cambio para mi economía, para mi comunidad, para que siga el respeto en el país. Que no haya tanto desorden aquí.
-¿Dice que quiere un cambio?
-Sí, un cambio. Y apunte mi nombre porque no tengo problemas en decir por quién voté: Donald Trump. Voté por él porque es una persona recta. A veces no se sabe expresar bien, pero sí sabe lo que está haciendo-, responde.
En ese instante pasa Julia, una señora rubia, joven, con las maravillas de la brisa del Caribe en su cutis, y al acercarme se quita la mascarilla para enseñar una sonrisa apacible, o hacer patente que no teme al Covid. Su respuesta, eso sí, fue muy escueta:
-¿Importantes? Sí, son importantes para mí, porque soy republicana. Make America Great Again-, dice.
Amarilis, de cara redonda como un melón y ojos azules, tiene otros motivos para ver la importancia de estas elecciones:
-Van a determinar el camino que va a seguir este país. Quiero de todo corazón que la gente deje de estar discutiendo, que haya más entendimiento, más compasión. Eso lo da Biden, aunque tenga 78 años.
Poco antes de llegar al centro de votación anticipada en Coral Gables, uno se siente que está en la calle Madero, en el centro de la Ciudad de México, aunque aquí el asedio no es de vendedores de lentes, comida, tatuajes y perforaciones, sino de repartidores de propaganda. Voluntarios, según dicen.
René ya votó y expresa por qué lo hizo:
-Porque es necesario sacar a este hijo de su **##//&&% madre de la Casa Blanca. ¡No lo soporto! ¡Mentiroso! No soporto cuando habla, su tono, sus poses. Que se vaya.
Le calculé unos 20 años a Damian, y me llamaron la atención sus argumentos:
-Tenemos la libertad de votar, ¿por qué no hacerlo? Biden quiere hacer cosas nuevas y Trump quiere ir para atrás. Es peligroso hacer cosas nuevas. Voté Trump.
Una estadounidense que habla pausado para que le entienda, me explica:
-Voté porque es lo más importante en una democracia. Veo lo que ha ocurrido estos cuatro años, y lo mejor está por venir, para que sigamos viviendo libres.
-Gracias, Susan.
Esta señora de cincuenta y bajos sale de votar del brazo de su papá, que no quería que ella hablara, pero Isa se impuso:
-Son muy importantes para nuestro futuro estas elecciones. El país depende de ellas. De lo que ocurra en la elección dependen nuestras libertades, si queremos irnos al socialismo, perder el derecho a portar armas, a tener nuestra religión…
Se alejaron, al paso lento de su padre, con una gorra de Trump cada uno.
Jennifer ve que me acerco a su jeep Wrangler y cierra la ventanilla. Me observa, se pone el cubrebocas, me pide que me aleje un poco, abre la ventanilla y me pregunta con forzado comedimiento:
-So now, what do you want? Es importante para que ya no esté más Trump-, dice y sube la ventanilla.

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