Plática Dominical

Sobrevivir al cáncer va más allá de la lucha permanente por lograr un estado de salud favorable, y de luchar contra los miedos que, de manera constante, invaden la mente y corazón de quienes lo padecen. Sobrevivir es también atravesar las dificultades económicas ante todos los gastos generados que, en el mejor de los casos, pudieran ser no tan altos si hay afiliación a alguna institución médica.

Es también el reto de ver limitadas las capacidades físicas y, en consecuencia, las oportunidades laborales que ponen en riesgo el sustento económico.

En el marco del mes de la lucha contra el cáncer platicamos con María Luisa, una de las tantas afectadas por esta enfermedad, quien va ganando la batalla contra el tumor que le detectaron en 2017, pero que ahora lucha para sobrevivir ante la falta de trabajo.

¿Cómo se enteró de que tenía cáncer?

Lo que me pasó fue una bendición porque, en noviembre de 2016, mi hermana se ganó un estudio médico en el Muguerza, pero decidió regalármelo. Yo saqué la cita con ganas de no hacérmelo, y me dieron la cita para marzo del siguiente año. Cuando voy a la mamografía me dicen que el doctor me regalaría un ultrasonido y desde ahí me ponen a pensar y siento los nervios. El doctor revisaba, se detenía, platicaba con la ayudante y le dije “tengo cáncer ¿verdad?”, pero me respondió que todavía no podía decirme nada. pero me citó en el Hospital General donde, ese mismo día, me hicieron una biopsia que, a los 8 días, resultó positiva.

¿Cómo se sintió en ese momento?

Sentí que caminé en el viento. El saber que tienes cáncer te hace tambalear, se te nubla todo. La palabra cáncer la había escuchado mucho, pero saber que lo tienes no lo asimilas en el momento. Desde que me revisaron la primera vez yo veía al doctor cómo miraba a su asistente, y de ahí lo intuí, y más cuando me pidió que ese mismo día me hiciera la biopsia. El estudio me lo hicieron a las 12, la biopsia a las 4 del mismo día, y a los 8 días ya tenía el resultado con cita para la cirugía porque me advirtieron que era un cáncer que avanzaría rápido, así es que en junio me operaron.

¿Qué pasaba por su mente de marzo a junio que llegó a la operación para quitarle el tumor?

Solamente pensaba en mi única hija, Susana. Temía morir en la misma operación, y me estresé tanto que quise dejar papeles arreglados, la custodia de ella porque en ese entonces tenía 13 años.

¿A quién le dejó a su hija, en quién confió?

A una madrina de ella, y le dejé dichas todas las indicaciones porque, en ese momento, solo piensas en la muerte. Aunque solo Dios sabe qué es lo que va a pasar.

¿Qué viene después de su operación?

Lo primero es aceptar tu cuerpo. Porque despiertas, te ves toda vendada y al quitártela te topas con la mutilación, las mangueras, y es una impresión muy grande en la que piensas ¿cómo es que me fue a pasar a mi esto? Pero al mismo tiempo agradeces de que haya sido a tiempo, con la posibilidad de vida, y de salir adelante.

Tras recuperarse de la cirugía, María Luisa se enfrentó a 8 quimioterapias que considera “lo peor que te puede pasar” ya que prevalecen las náuseas y vómito, de manera que la debilidad corporal es marcada, y los ánimos empiezan a desaparecer.

¿Qué ha sido lo más difícil de toda esta etapa en su vida?

Ver a tu familia sufrir. Aunque una es la enferma, y no tengas fuerzas para nada, ver a mi mamá, a mi hija, a mis hermanos queriéndome ayudar sin poder hacer nada, es una impotencia muy grande porque a nadie le va a gustar vernos mal.

Yo solo les pedía que no me vieran, que me dejaran sola. Muchas veces yo quería aguantarme el vómito, el sentirme mal, pero no se puede.

Y en ese malestar, ¿llegó a perder la fe?

Sí, llegué a sentir que me moría. Cada que tenía esos vómitos yo pensaba que ya era el final, pero mi hija me agarraba de la mano y me pedía que fuera fuerte. Mi madre me decía lo mismo que pensara en mi hija para no dejarme morir.

¿Qué hizo para salir adelante?

Gracias a mi hija di con el grupo de “Guerreras por la Vida” del DIF. Ella ya había tenido contacto aquí porque, antes de que me detectaran el cáncer, vino a querer regalar su cabello para niños con esa enfermedad. En ese momento no tenían ese programa, pero fue tanta su insistencia que un día se lo aceptaron y empezaron con el proyecto para las pelucas oncológicas.

Así fue que conocí el grupo y ha sido una de las cosas más importantes porque te reciben en una familia, puedes desahogarte, te apoyan, te aconsejan, y sobre todo te abrazan, desde entonces esos abrazos se hicieron fundamentales porque se convierten en un consuelo y en una esperanza. Si no los hubiera tenido, no estaría aquí platicando, porque sí fue muy difícil.

¿Cómo cambió su visión de la vida?

Yo antes tenia el día saturado de trabajo porque estaba en una tortillería, en un supermercado, y hacia tortillas en mi casa; si acaso dormía tres o cuatro horas al día, porque mi vida era tener dinero. Dios me volteó las cosas y me hizo ver que, con el cáncer tenía que cambiar mi vida y disfrutar más cada momento porque no sabes cuándo puede cambiar todo.

María Luisa, quien vive en la colonia “La Esmeralda” lleva 3 años con un estado de salud satisfactorio, sin embargo, está desempleada y sobrevive de la venta de comida casera que logra realizar día con día.

Desde que apareció el cáncer me quedé sin trabajo, y ya no lo he podido conseguir. El brazo me quedó mal, los ganglios que te quitan te restan fuerza, y ya no te sirven igual; para las empresas, y en muchos otros lugares, te ven como inválido porque no les funcionas al cien, y ya no te ocupan. Ahora disfruto lo poco que tengo, ya el nivel de vida no es igual, pero lo hago alegre.

¿Cómo sobrevive, su hija trabaja?

No trabaja. Mi hija estudia el tercer año de prepa, ahorita está en exámenes, y sí es muy difícil. Preparo comida para vender, hay días que se me vende y otros no, sobre todo ahorita en pandemia. Vendo 100 o 200 pesos, pero huevito y frijoles no nos faltan.

Tenemos amigos, tenemos familia, pero no te solventan los gastos, así es que tengo que buscarle. Estoy a punto de perder mi casa porque tengo años que no la pago.

Mi hija me dice que deja de estudiar para ponerse a trabajar, pero yo le insisto en que tiene 16 años y nadie la va a ocupar. Que es preferible que estudie para ser mejor persona “mírate en mi espejo porque, vas a batallar más si no estudias”.

Estoy desesperada porque no sé que va a pasar, pero confío en que Dios me ayudará.

¿Qué mensaje tiene para las mujeres?

Que dejen la pena, yo no iba a revisarme por la vergüenza de que un hombre me viera. Y que también no hagan desidia, ahí lo van dejando para luego, y llega un momento en que es demasiado tarde. Por fortuna, a mi me lo detectaron en etapa dos y ahorita ahí la llevo. Son tres años ya que estoy bien, me faltan dos para que me den de alta, pero si no es por ese regalo que me dio mi hermana quién sabe cuándo me hubiera ido a checar, y quién sabe si me hubiera salvado.

A sus 48 años, María Luisa sobrevive a su cuerpo, y sobrevive a la vida, convencida de que Dios está a su lado.

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