Opinión

Por José Rubinstein

Hasta no ver…

Resulta por demás insólito enfrentar que el apenas portador del uniforme de General Secretario de la Defensa Nacional se haya involucrado en el narcotráfico y lavado de dinero. El linchamiento público precede a toda información sobre lo supuestamente perseguido. Aquí sí queda como anillo al dedo aquello de que “la calumnia cuando no mancha, tizna”. Al respecto el presidente López Obrador declaró que las detenciones en Estados Unidos de Salvador Cienfuegos, extitular de la Secretaría de la Defensa Nacional, y de Genaro García Luna, extitular de la Secretaría de Seguridad Pública, son representativas de la crisis y decadencia en México que produjo el neoliberalismo y el predominio del dinero, solicitando acto seguido a la población no sentenciar a los  mencionados exfuncionarios antes de que sea probada su culpabilidad. Ese es el punto, primero se lanza la acusación revestida con incómodos calificativos, persuadiendo al oyente de la obvia responsabilidad de los aludidos, para luego solicitar no emitir juicios anticipados. Adicionalmente el Ejecutivo advirtió que todos los militares que resulten involucrados en las respectivas acusaciones en Estados Unidos y que actualmente laboren en la Sedena serán suspendidos y de proceder, puestos a disposición de las autoridades competentes. Recordemos que la Sedena es una dependencia de carrera, no política, en la cual se va ascendiendo transexenalmente en el escalafón, razón por la que los hoy militares de alto rango provienen desde gobiernos anteriores.

Igualmente llama la atención que la DEA desarrolle actividades de investigación dentro del territorio nacional independientes al gobierno Federal, sin mediar colaboración ni intercambio de información. ¿Cómo es que México no estuvo al tanto de la Operación Padrino? —supuestamente el General Cienfuegos es el Padrino. Informó AMLO que 15 días previos a los hechos, la embajadora en Estados Unidos le comentó sobre la existencia de una averiguación al respecto, pero hasta allí.

Llama la atención cuántos nacionales involucrados con el narco terminan siendo juzgados en la Corte de Brooklyn en New York. Pregunto: ¿Qué habría sucedido si algún organismo mexicano equivalente a la DEA, hubiese unilateralmente arrestado en territorio nacional al pasado secretario de Defensa de los Estados Unidos  para ser juzgado en nuestro país por delitos similares? Tampoco checa, dadas las circunstancias, que el astuto exsecretario de la Defensa Nacional haya ingenuamente viajado con su familia a Los Ángeles para que sus nietas visiten Disneylandia.

De entrada, suena ilógico que el general Salvador Cienfuegos, divisionario de cuatro estrellas, poseedor de una impecable trayectoria que incluye su paso previo por la dirección del Heroico Colegio Militar y su desempeño como comandante de la IX Región Militar, a punto de ser jubilado, de repente haya optado por involucrarse directamente con aquello que convencido combatió a lo largo de su recorrido profesional y sobre todo, protegiendo a un mediocre y violento  cártel  llamado H-2 , liderado por un tal Juan  Francisco Patrón Sánchez, conocido como el H-2. La investigación de la Operación Padrino incluye supuestos miles de mensajes de Blackberry interceptados que evidencian la amplia protección de Cienfuegos al H-2, e incluyen intercambios directos entre ambos. ¿Tan iluso resultó el General?

Por lo pronto, como Santo Tomás: Hasta no ver, no creer.

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