Bitácora del director

Por Pascal Beltrán del Río

Los siete pecados de Iberdrola

En una declaración que sólo puede leerse como producto de la frustración que ha significado hacer negocios en México después de 2018, Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, afirmó el miércoles que la empresa española no realizará nuevos proyectos en México hasta que el gobierno federal no aclare si la inversión extranjera es bienvenida.

“No vamos a iniciar nada salvo que el gobierno decida que quiere aclarar este tipo de políticas”, dijo Sánchez Galán en una reunión con analistas. “Si dice que no quiere que inviertan inversores extranjeros, no lo haremos; si dice lo contrario, estableceremos un marco razonable”.

En mayo de 2019, Iberdrola anunció su intención de invertir 5 mil millones de dólares durante el siguiente lustro. Pero una nueva política para garantizar la “confiabilidad, seguridad, continuidad y calidad en el sistema eléctrico nacional”, que la Secretaría de Energía dio a conocer en mayo pasado, además de otras medidas, como el aumento de cargos por porteo de energía eléctrica, acabaron por poner un freno a los planes.

El 25 de junio, en su conferencia mañanera, el presidente López Obrador dijo que los directivos de la empresa le habían enviado una carta para manifestar su voluntad de seguir invirtiendo en México y de llegar a un acuerdo con el gobierno.

“Pero ya basta –advirtió el mandatario–, que se entienda bien, que se escuche fuerte y lejos, México no es tierra de conquista, no van a venir a saquearnos, se acabó eso”.

Aunque no se le dio publicidad, Sánchez Galán vino a México y se vio con el Presidente el 8 de septiembre pasado. A juzgar por los resultados, el viaje resultó infructuoso.

Ayer por la mañana, López Obrador insistió en su posición de que la reforma energética se había hecho “para terminar de destruir a Pemex y la CFE” y que él había hecho un compromiso en su campaña electoral de rescatar a esas empresas.

“En el caso de Iberdrola, empieza a construir plantas de generación de energía, les otorgan contratos muy jugosos los funcionarios del gobierno, pero llega a tanto el arreglo, la asociación entre particulares y funcionarios, que en esta empresa trabajan quienes eran funcionarios cuando se les entregaron esos contratos (…) pero ya en el extremo del descaro el expresidente Calderón fue nombrado consejero de Iberdrola…

“A nosotros no nos interesan los negocios privados ‒agregó el Presidente‒, nos interesan los negocios públicos (…) El gobierno no es un comité al servicio de grupos privados, particulares, de corporaciones, de bancos, de empresas. El gobierno está al servicio del pueblo, de todos los mexicanos”.

Al margen de lo anterior, el 52% de los ingresos tributarios del país es contribuido por 11 mil 900 empresas –y por ello el gobierno difícilmente puede decir que no le interesan los negocios privados– y, quizá, no sea sabio rechazar inversiones en un año en que la economía se encogerá como no lo hace desde 1932. La relación de Iberdrola con el gobierno de la 4T sucumbió por siete pecados cometidos por la empresa.

A saber: 1) ser privada, 2) ser extranjera, 3) ser española (de España, un reino cuyo monarca no ha querido disculparse con México por la Conquista), 4) pretender competir con Pemex y la CFE, “palancas de desarrollo” de la economía nacional, 5) seguir la tendencia mundial de impulsar el uso de energías renovables en perjuicio de los combustibles fósiles, 6) haber creído en la ley en lugar de creer en la justicia, y 7), el más grave, no haber tenido el tino de impedir que sus socios en Avangrid, su filial estadunidense, invitaran en 2016 al expresidente Felipe Calderón como consejero independiente, relación que duró hasta 2018. Pecados capitales. Se merece su suerte.

BUSCAPIÉS

Será por la amenaza del botón de silencio o el muy buen desempeño de la moderadora Kristen Welker, pero el último debate de los candidatos presidenciales en Estados Unidos ‒anoche, en Nashville‒ resultó un contraste completo respecto al de hace tres semanas. Donald Trump, en irreconocible papel de caballero, logró hilvanar varios buenos argumentos en defensa de su gestión. Ganó el partido, pero el marcador global contra Joe Biden lo tiene abajo, a sólo 12 días de la elección. Con 47 millones de votos ya depositados, la remontada se antoja imposible. La lógica es que, por primera vez en su vida, Trump resulte despedido. Pero ésta no es una elección normal.

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