Uso de Razón

Por Pablo Hiriart

Científicos estúpidos, prensa bastarda

MIAMI, Florida.- Aquí hay alguien al borde de un ataque de nervios.

Cuidado, porque tiene mucho poder. Es el presidente de Estados Unidos.

Donald Trump aún puede ganar, pues aquí 538 votos (los delegados al Colegio Electoral) valen más que, por ejemplo, dos millones 800 mil (los votos que Hillary Clinton tuvo sobre Trump hace cuatro años).

Pero el presidente está nervioso. Muy enojado. Y cuando los presidentes se enojan dicen en público lo que piensan.

Ayer se levantó abruptamente de una entrevista que le hacía en la Casa Blanca Lesley Stahl, de 60 Minutos, que pasará el próximo domingo en CBS.

Se enojó con las preguntas de la periodista y amenazó con soltar la entrevista antes de su transmisión (una manera de quemarla), porque “¡Todos deberían comparar esta terrible intromisión electoral con las entrevistas recientes a Sleepy Joe Biden!”

El lunes, en un mensaje desde Nevada, Trump estalló contra la mayor eminencia en infectología que hay en la Unión Americana, el doctor Anthony Fauci:

“La gente está cansada de escuchar a Fauci y a todos estos idiotas que se han equivocado”.

Más temprano, en Arizona, había iniciado su ofensiva: “Se están cansando de la pandemia, ¿no es así?”, dijo el presidente.

“Enciendes CNN y eso es todo lo que cubren: Covid, Covid, Covid. Están tratando de convencer a la gente de que no vote. La gente no se lo cree. CNN, estúpidos, bastardos”, dijo Trump y agregó que seguramente “Biden quiere escuchar a Fauci”.

Su ataque a los científicos y a los medios de comunicación por darle relevancia al Covid, ocurre al momento de un repunte de casos en Estados Unidos y un récord mundial de 220 mil muertos.

Algo le pasa al presidente, que no ha perdido, pero actúa como si se ahogara.

Tremendo manotazo a Fauci, que el día anterior dijo en 60 Minutos que la Casa Blanca ha controlado su agenda al negarle la aparición en diferentes programas de televisión que le pedían hablar de la situación de la pandemia en Estados Unidos.

El presidente sólo confía en su asesor en el tema coronavirus, el doctor Scott Atlas, quien será recordado por aquel: “¿Sirven las máscaras? No”.

A ese médico, que no es experto en enfermedades infecciosas, sí le cree. Y el director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (Fauci), es un “estúpido”, lo mismo que otros científicos que dicen lo que a él no le gusta oír.

La prensa que no está con él es “corrupta”. Lo dijo el lunes.

Fue a propósito de una filtración, a todas luces adulterada, que su abogado Rudolph Giuliani entregó a The New York Post, un tabloide sensacionalista, con supuestos mensajes entre el hijo de Joe Biden y un empresario ucraniano.

“Biden tiene un escándalo que lo convertirá en un candidato casi impotente. Lo único que tiene Biden es el apoyo de la prensa corrupta que no escribe sobre eso”, acusó el presidente.

Esa “prensa corrupta” no ha escrito sobre el caso como si fuera un escándalo, porque los correos sólo se los dieron al New York Post.

Giuliani explicó por qué negó los documentos a los demás medios: “no se los di porque los iban a criticar más que a difundir”.

Es decir, no pasaba la prueba de una revisión profesional acerca de su veracidad.

Aquí los medios comentan que Giuliani también los entregó a Fox News, y lo que ha trascendido es que la cadena, de clara orientación trumpista, no accedió a hacerlos públicos por falta de sustento.

El periodista del New York Post que hizo la nota, no la firmó. En el gremio sabemos muy bien qué significa eso: cumplo la orden, pero no me responsabilizo del contenido.

Trump no tiene parque para noquear a Biden en el debate del jueves, como necesita.

Hace cuatro años tuvo los correos electrónicos de Hillary Clinton, sacados por WikiLeaks y la intervención rusa.

Ahora se encuentra desarmado contra Biden.

El informante de Giuliani es un amigo suyo, agente ruso en Ucrania, Andrii Derkach, sancionado por el Tesoro de Estados Unidos.

No tiene para dónde hacerse el presidente Trump.

Biden, un político aburrido, de centro, se lo está comiendo.

Lo escucha, responde algo sensato y lo pone en la lona.

Al mensaje de que la gente está cansada de oír sobre la pandemia, Biden contestó que “los estadounidenses están cansados, sí, de sus mentiras sobre este virus. Cansados de ver morir a más estadounidenses y de que más personas pierdan sus trabajos porque usted se niega a tomar en serio esta pandemia”.

De que Biden seguramente quiere oír a Fauci, respondió que “sí, será un honor” escuchar al epidemiólogo que tiene más credibilidad que casi cualquier persona en este país. A la lona otra vez Trump.

Sobre la nota del New York Post, de que su hijo Hunter gestionó que Biden, cuando era vicepresidente, recibiera a un empresario de la energía ucraniano, simplemente dijo: ahí está mi agenda de ese año (2015). No hubo tal reunión, y quienes trabajaron con él sostienen lo mismo.

No hay manera. El presidente está siendo derrotado por un político extraño: decente y aburrido, al que Trump le puso Sleepy (que te hace dormir).

Pero aburrido y todo, vean lo que sucedió la semana pasada en el foro que ambos tuvieron en distintas cadenas y a la misma hora. El rating de Trump en la trepidante entrevista que le hizo Savannah Guthrie por CNBC y MCNBC, alcanzó a un total de 13.5 millones de televidentes. Y la (de bostezo) hecha a Biden en ABC fue vista por 14.1 millones de personas.

Hasta en eso le ganan al expresentador de televisión y agresivo polemista Donald Trump.

Está enojado. Mucho. Culpa a los medios, a periodistas, a los científicos…

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