Juegos de poder

Por Leo Zuckermann

El caos en Morena le conviene a AMLO

Yo no creo, y así lo he dicho muchas veces, en la “sana distancia” del Presidente con el partido gobernante. Al revés, pienso que debe existir una relación cercanísima del jefe del gobierno con su partido. Así es, desde luego, en los sistemas parlamentarios donde el primer ministro es el líder del partido mayoritario. Pero también en los sistemas presidenciales.
¿Quién es hoy el líder indiscutible del Partido Republicano en Estados Unidos? Pues Donald Trump. Y ya lo dijo Joe Biden que, si gana, él será el del Partido Demócrata.
México no es la excepción. El líder real y natural del PRI en el sexenio pasado era el presidente Peña. Igual pasaba con el PAN y Calderón. Puede, eso sí, haber juego político interno entre los diferentes grupos y personalidades, pero, al final del día, donde se acaban tomando las decisiones partidistas relevantes es en el escritorio presidencial.
El problema es que en México se confundió esta realidad con lo acaecido durante el periodo autoritario priista, donde todo el sistema político, incluyendo el partido dominante, estaba subordinado al Presidente. Fue Ernesto Zedillo quien inventó esa patraña de la “sana distancia”. La realidad es que, durante su Presidencia, intervino al igual que sus predecesores en la vida interna del PRI; en la práctica, fue su líder indiscutible.
También en los sistemas democráticos, el Presidente es el líder natural del partido gobernante porque tiene todo el sentido del mundo. Siendo el funcionario con más poder, cuenta con las herramientas para ordenar los conflictos internos de su partido.
Traigo este tema a colación porque, hasta ahora, el presidente López Obrador se ha rehusado a intervenir en el pleito por la renovación de la dirigencia nacional de Morena. Llama la atención porque se trata de un mandatario muy poderoso que, cuando quiere, moviliza todos los recursos a su disposición para incrementar y consolidar su poder. ¿Por qué entonces, no interviene para ordenar el proceso de sucesión de Morena?
Dice el Presidente que él no quiere meterse en la vida partidista por ser el jefe del Estado. Parecería que no quiere imitar a los presidentes priistas de antes, como si no le gustara acumular poder.
Yo tengo otra explicación alternativa.
López Obrador es un animal político. Todo lo que decide y hace es para acrecentar y consolidar su poder. Si no se mete en las broncas internas de Morena es porque le conviene.
Charles De Gaulle utilizaba el lema de “el caos o yo” para convencer a los franceses de votar por él. Mejor la permanencia del héroe de la Segunda Guerra Mundial que la sucia pelea de los partidos políticos.
Morena, efectivamente, se encuentra en el caos. No han podido resolver la renovación de su dirigencia nacional. Tuvieron que intervenir las autoridades electorales para ordenar que lo hicieran por encuestas. El viernes se dieron a conocer los resultados. Empataron Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado. El primero se declaró presidente del partido. El segundo aceptó ir a una siguiente encuesta, pero le recetó todo tipo de epítetos muy duros a Muñoz Ledo quien, ni tardo ni perezoso, regresó sus propios calificativos a Delgado. El partido está muy dividido en víspera de las elecciones intermedias de 2021.
No sé usted, pero yo no tengo la menor duda de que, si quisiera, el presidente López Obrador podría resolver este caos de la renovación de la dirigencia de Morena en 15 minutos.
¿Por qué no lo hace?
Pues porque el caos lo fortalece. Lo deja como el único político con la capacidad de unir a la melé morenista. Si no es López Obrador, es, efectivamente, el caos. Puestos a escoger, entre el triste espectáculo de los morenistas agarrándose a porrazos, mejor el liderazgo del señor que habita en Palacio Nacional.
Hay otra hipótesis. Que el Presidente no se quiere meter en la bronca de Morena porque se siente incapaz de resolver los pleitos internos de ese partido. La verdad, me cuesta mucho trabajo creer esta conjetura porque AMLO tiene el liderazgo y talento para ordenar a Morena.
Yo por eso me quedo con la hipótesis de que al Presidente le conviene el caos morenista. Es un político que siempre se ha fortalecido alrededor de situaciones caóticas. Le encantan. Y por eso deja que sus muchachos se peleen y saquen todos los trapos sucios porque, al final, sólo quedará parado un líder indiscutible de esa amalgama de grupos y personajes que es Morena.

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