Uso de Razón

Por Pablo Hiriart

Dios salve a América

MIAMI, Florida.- Si Joe Biden no gana por una contundente e inapelable ventaja el próximo tres de noviembre, este país puede entrar en una espiral de convulsiones violentas como hace más de un siglo no tenía.

Todo apunta a que ese día no habrá vencedor claro, o muy posiblemente Donald Trump esté arriba, y el resultado se revierta en favor de Biden cuando se cuenten los votos por correo.

Pero si va adelante, Trump se declarará vencedor esa noche.

Entonces, God save America.

Ha dicho el presidente que los votos por correo serán fraudulentos y se ha negado a decir que va a aceptar los resultados.

Como nunca antes, esta vez se votará por correo (por el Covid). Hasta el sábado en la noche, ocho millones 800 mil estadounidenses ya habían enviado su papeleta por correo, tan sólo en 30 estados que han dado a conocer las cifras.

Tomemos el caso de Wisconsin. En las elecciones presidenciales pasadas, 146 mil 294 ciudadanos votaron por esa vía. Y este viernes, a 25 días de los comicios, 646 mil 987 personas ya habían mandado su papeleta por correo.

Hasta ahí es sólo un conflicto, no menor, que el presidente se declare ganador antes del cómputo general.

Pero lo que provocará una crisis violenta será la entrada en escena de grupos paramilitares armados (eran 165 en 2017, consignó María Elena Navas en un reportaje en BBC News) que hay en la Unión Americana, para ‘cuidar el voto’ y luego ‘defender el triunfo’ de Donald Trump.

Trump va a sacar a la calle a sus milicias, porque no sólo se juega la reelección, sino su libertad.

Necesita descarrilar el proceso para que decida la Corte, donde tiene mayoría.

El fanatismo armado ya se hizo presente en este proceso electoral.

Agencias federales (FBI) y del estado de Michigan detuvieron el jueves a 13 extremistas por cargos de terrorismo y conspiración para secuestrar a la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, a la que someterían a juicio y, obviamente, ejecutarían.

Fue posible frenar ese crimen gracias a agentes encubiertos del FBI y a la intercepción de mensajes entre integrantes del grupo.

No es broma lo que sucede. La gobernadora Whitmer va a lograr, con su espléndido trabajo frente a la pandemia, que Biden gane ese estado clave, que en las pasadas elecciones votó por Trump.

La iban a secuestrar y matar por sus medidas estrictas contra el Covid: cubrebocas, pruebas, quédate en casa, etcétera.

Los fanáticos habían hecho una minuciosa vigilancia de la casa de veraneo de la gobernadora y, como explicó el editorial institucional del Washington Post este sábado, “estudiaron los tiempos de respuesta de la policía, participaron en entrenamiento con armas de fuego y probaron artefactos explosivos improvisados”.

¿Alguna palabra del Procurador William Barr? Nada.

Sólo quedó en el oído de los fanáticos el llamado hecho por Trump, hace unos meses, a “LIBERAR A MICHIGAN!!!!”.

La gobernadora Gretchen Whitmer escribió un texto que pinta con claridad el problema:

“Cuando me dirigí a la gente de Michigan para comentar sobre los cargos de terrorismo y conspiración contra trece hombres (que preparaban su secuestro, ‘juicio’ y asesinato), dije: ‘el odio, la intolerancia y la violencia no tienen cabida en este gran estado’. Momentos después apareció en televisión nacional el asesor de la campaña de Trump, Jason Miller, acusándome de fomentar el odio…

“Este país está más dividido que nunca. Y en lugar de unirnos, nuestro presidente se ha pasado los últimos siete meses negando la ciencia, ignorando a sus propios expertos de salud, avivando la desconfianza, fomentando la ira, y dando cobijo a quienes propagan el miedo, el odio y la división”.

Se refiere a grupos paramilitares, que los forman miles de fanáticos con armamento de alto poder, que entrenan, tienen mandos, se preparan para enfrentamientos, han matado en estos meses y van a actuar el próximo día tres y los siguientes, si es necesario.

Ya lo han anunciado en estados clave para la elección, como Pensilvania, Michigan y Wisconsin (estados que ganó Trump hace cuatro años y ahora es claramente superado por Biden). Se van a hacer presentes en las votaciones y en los recuentos. Es decir, van a intimidar, a inhibir votantes.

Otros [estados en donde] grupos armados informaron su salida a los centros de votación el martes tres son Texas, Oregon, Idaho y Virginia.

A vigilar los votos y “evitar el fraude”, como lo pidió Trump.

¿Van a terminar los disturbios violentos, si es que los hay, el 20 de enero?

Si empiezan, me temo que no.

El fanatismo inoculado desde la Casa Blanca ya ha envenenado el alma de demasiados estadounidenses.

Ahí, en esos grupos armados, está el blindaje de Trump para evitar ser enjuiciado.

Va a permanecer activo después del 20 de enero, sin duda. Y los violentos siempre necesitan un liderazgo iluminado que los conduzca por la senda de la destrucción y la locura.

Trump es el hombre. Un fanático de la subordinación. Le ordenó al fiscal Barr perseguir y llevar a juicio a expresidentes y adversarios políticos para él subir en la intención de voto.

Al secretario de Estado le exigió que buscara y sacara más papeles de Hillary Clinton, y Pompeo dijo ‘sí señor’.

Biden necesita noquear en el primer round (la noche del 3) de una pelea que es a 12. Complicadísimo.

Mientras, muchos ciudadanos se arman.

Agosto rompió récords de ese mes en compra de armas por parte de civiles. Cincuenta y siete por ciento más que en agosto del año pasado.

Washington Free Beacon, con datos actualizados del FBI, apunta que son cinco meses seguidos de boom de venta de armas. Histórico, desde que hay estadísticas. Y que 40 por ciento de los compradores en estos últimos seis meses nunca habían sido propietarios de una pistola o un rifle de asalto.

Los datos anteriores son adicionales a las 393 millones de armas que ya estaban en manos de particulares.

Todo esto puede no desembocar en disturbios violentos. O sí.

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