Número cero

Por José Buendía Hegewisch

La oposición no tiene quien le escriba

Las oposiciones que descalifican a López Obrador de líder providencial y populista ven muy poco que confiar en tumbarlo, como elegidos de un destino manifiesto, los convierte en ocasión del mismo juicio. Su decolorado reverso. Creen que terminará por caerse como si obedeciera a una ley que no tiene necesidad de probarse. Otros, como Frenaaa, esperan que renuncie, como si una fuerza divina fuera a intervenir para cerrar el paréntesis de anormalidad de su llegada al poder. Los anima el deseo de que “algo” lo frene y restablezca el orden razonable de las cosas, pero sin reparar en su incapacidad para engendrar liderazgos y propuestas alternativas a la defensa del statu quo.

Son necios, como decía Sor Juana en su Respuesta a Sor Filotea sobre el machismo, otro rasgo que comparten con su demonio político, al igual que pretender que se vaya al margen de las instituciones que dicen defender. Piensan que su acampada en el Zócalo no sólo es buena, sino también obvia y certera, por representar a “millones de mexicanos emputados” (página web de Frenaaa). Por la autoridad divina, podrían agregar desde la crítica moral con que pretenden atraer a las clases populares desde los pauperizados estratos medios. Quieren pelear los terrenos del activista de tiempo completo con las mismas armas de la verdad única que le reclaman; o con manifiestos de organizaciones civiles que exigen el derecho a disentir, aunque muchas seguían el pensamiento único y la agenda de cúpulas empresariales.

Si gana Morena, perdemos todos (dicen en la votación de fideicomisos y que repetirán en las elecciones 2021), aunque poco expliquen de la derrota en las urnas de las viejas fórmulas y la sostenida aprobación presidencial, que hasta ahora ha sorteado la pandemia y la grave crisis económica sin demasiadas abolladuras. Sus opositores básicamente se oponen, mientras confían en que el choque con la realidad lo obligue a respetar la normalidad. Por eso creen que errores como la desaparición de fideicomisos o la descalificación del FMI precipitarán su caída, sin detenerse a mirar la agonía del sistema de partidos con la desaparición el PRI, el desdibujamiento del PAN y la presencia testimonial del PRD ante el surgimiento de otro dominado por Morena

y sus aliados. De ahí le surge la oposición más difícil.

Pero la respuesta es convocar bloques amplios antiLópez Obrador para liberar al pueblo del engaño y manipulación. Los viejos partidos de la alternancia exploran un frente amplio para pararlo en 2021, aunque ya ensayaron la fórmula sin éxito contra el PRI como la anterior amenaza de regreso autoritario. A su agotamiento lo desborda la movilización de grupos radicales de la cepa del viejo sinarquismo en la calle. Y la aparición de otros frentes desde la sociedad civil con Claudio X. González y el empresariado de Gustavo de Hoyos, quienes le reclaman que no es el país de un solo hombre, pero, ¿qué representan?

Los llamados a buscar otro país posible sin más que el rechazo al actual o la exigencia de renuncia presidencial antes de que nos convierta en Venezuela poco tienen que ver con el cambio profundo en la política mexicana. El discurso de la vuelta en u es poco convincente para la mayoría de la población, quizá a excepción de los que mantienen el sueño del país de clase media de los gobiernos anteriores. Pero su fracaso le sirve al Presidente para jugar en su terreno con los frentes que pretenden oponerle un liderazgo igual que el suyo, pero sin tenerlo. Si los de Frenaaa creen que lo pondrán contra las cuerdas con 100,000 personas en el Zócalo, la respuesta del oficialismo es anunciar una movilización de un millón de personas.

La irrupción de Frenaaa en el panorama político tiene la consecuencia de reforzar el mando fuerte, el cual utiliza la protesta para amplificar exhibiciones de fuerza como la consulta y el linchamiento en la plaza pública de los gobiernos del pasado. La oposición providencial o provinciana parece venirle como “anillo al dedo”, como dijo para celebrar la crisis económica por la pandemia, para profundizar su proyecto y mermar a sus adversarios. Se mofa de ellos y les pide ceder el Zócalo a sus actos de reafirmación. Son ideales para agitar el temor del asecho de la extrema derecha que obligue al gobierno a enrocarse contra enemigos y tigres de papel.

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