Opinión

Por Martín Espinosa

Talento humano, un activo más

La crisis por covid-19 en el mundo comienza a replantear a los seres humanos nuevos modelos de desarrollo no sólo social, sino también empresarial y económico. Recientemente, una prestigiada compañía internacional, líder en soluciones en consultoría —Willis Towers Watson—, en colaboración con el Foro Económico Mundial, emitieron un estudio a través del cual concluyeron que la pandemia que se ha posicionado en todo el orbe en lo que llevamos de 2020 ha acelerado el cambio hacia nuevas formas de trabajo, lo que ha llevado a las empresas a repensar cómo, dónde y quién hace el trabajo.
El documento elaborado por Ravin Jesuthasan, director gerente de la empresa, presenta un nuevo informe técnico que proporciona a las organizaciones un esquema para remodelar la forma en que valoran y toman decisiones sobre su “fuerza laboral” en un nuevo mundo que necesariamente surgirá después de la pandemia.
El artículo en cuestión lleva el nombre de El capital humano como activo: un marco contable para restablecer el valor del talento en el nuevo mundo del trabajo. En él se pondera la tesis de que “a medida que las empresas buscan reajustar sus modelos de negocio, necesitan un enfoque para valorar el talento no como un gasto, sino como un activo, de forma que la dirección y la gerencia puedan hacerse responsables de su inversión en las personas que laboran para ellos y de ofrecer mejores resultados”, señala el estudio.
En los países de América Latina se ha observado una importante transformación en las relaciones de trabajo. Las organizaciones revisan constantemente en estos tiempos sus procesos y estructuras para desarrollar una nueva experiencia para el empleado, considerando el nuevo contexto y necesidades expresados por las diferentes partes interesadas.
Ello permite que, en el marco de la contabilidad humana, las compañías puedan medir y cuantificar la contribución de su gente de la misma manera que miden los rendimientos financieros. Ahora, se estima que los activos intangibles de una empresa, incluido el capital humano, comprenden, en promedio, el 52% de su valor en el mercado, algo impensable hasta antes de este año.
Resalta en el estudio de referencia que, además de actualizar la manera en que las empresas han incorporado nuevas métricas de capital humano en sus mediciones financieras y operativas, también considera ya cómo algunos de los “impactos dramáticos” de la crisis de la covid-19 en los mercados laborales pudieron haberse mitigado si las compañías hubieran valorado su capital humano de mejor manera, en lugar de recurrir al despido masivo de trabajadores, con la crisis que ello ha representado para las economías.
Para ello, se diseñaron 7 ejes rectores para cambiar la manera en que las organizaciones valoran a las personas. En primer lugar, está cambiar el concepto de “el rendimiento” por “el propósito”; está comprobado que ofrece mejores resultados irse directo a los objetivos de la empresa que primero detenerse en cuánto rindieron los trabajadores. En segundo lugar, cambiar de las políticas corporativas a la responsabilidad social de la empresa. También, modificar el concepto de “entidades independientes” a ecosistemas; y de empleados y puestos a personas, trabajo y competencias. Ello incluye ejemplos de compañías que han puesto en práctica dichos principios, desde mejorar las habilidades de su fuerza laboral hasta compartir trabajadores para evitar despidos.
En la medida en que las organizaciones entran en una “nueva normalidad”, tras la sacudida por la covid-19, deben colocar al talento humano en el “corazón” del negocio, recomiendan los expertos del Foro Económico Mundial. Proponen revaluar e invertir fundamentalmente en su fuerza laboral para estar en mejores condiciones de hacer lo que es correcto para sus negocios, sus empleados y la sociedad.
Si bien actualmente hay un enfoque significativo en la salud pública y el impacto económico de la pandemia de covid-19, las implicaciones sociales y para la fuerza laboral no son menos profundas. La crisis actual, con sus efectos altamente disruptivos en las personas y el trabajo, también presenta una oportunidad para tomar medidas audaces para dar forma a una nueva fuerza laboral, lista para ofrecer valor a la organización, la economía y la sociedad en general, mientras enfrenta nuevas realidades que, sin duda, marcarán el nuevo siglo.

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