Florecer desde las cicatrices

La mañana del pasado 1 de octubre Jefry Cepeda, de 34 años, tatuador profesional, se despertó con una idea…

Fue como un chispazo que lo sacó de sus sueños y lo volvió al mundo sensorial.

“Todo fue así, en caliente, rápido, en un minuto”, diría Jefry.

Jefry se levantó de la cama, se vistió, tomó su celular, ingresó a su cuenta de Facebook y colgó este mensaje.

“Buenos días. Como todos sabemos octubre es el mes de sensibilización sobre el cáncer de mama. Si alguien (…) de Saltillo, Ramos Arizpe, Arteaga y de toda la República Mexicana, (…) tuvo esta lucha y tuvo pérdida de su seno y se sometió a la reconstrucción de éste, se puede comunicar conmigo y yo le puedo recrear su pezón por medio de tatuaje, o (…) igual puedo hacerles algo similar como se muestra en las imágenes.

Era mediodía.

Yo estaba en la calle, atrapado entre el tráfico desquiciante de la ciudad, y el mensaje aquel me cayó como bomba.

A los pocos minutos recibí otro aviso en mi móvil, era del Jefry:

“Oye, mira… El año pasado llegó a mi casa el cáncer de mama. Afortunadamente todo está más que excelente hasta ahorita. No quiero publicidad a mi trabajo, mi trabajo (se) hace publicidad solo, pero sí que me echaras la mano… Hoy es 1 de octubre y quise empezarlo así”.

Decía el Jefry.

Y me citó en su estudio de tatuajes a las 02:00 de la tarde.

Yo estaba intrigado.

¿Qué será?

¿De qué se tratará esto?

Que a las dos saldría de con el quiropráctico, dijo Jefry, y que si llegaba al estudio antes que él, lo esperara tantito…

“Me esperas tantito”, dijo Jefry.

Llegué al estudio primero que él y esperé.

Mi trabajo es esperar.

Y mientras esperaba contemplé por un rato los diseños del Jefry embarrados a las paredes negras de lobby de su estudio.

En la pantalla del lobby del estudio del Jefry una secuencia de videos de rock en inglés.

Entró Jefry.

Se disculpó por la tardanza.

Y me hizo subir por una escalera de caracol hasta un segundo nivel: el estudio del Jefry, el rincón donde el Jefry se entrega al paciente oficio de labrar su arte sobre la piel, sobre las pieles.

El Jefry me pidió entonces que me sentara en su estudio con sofás, sillas con rueditas, muebles con cajoncitos y casilleros donde pone sus tintas de colores.

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LA ENFERMEDAD QUE LE CAMBIÓ LA VIDA

“Hace un año, poquito más de un año, que el cáncer llegó a mi casa”, soltó Jefry.

(Coahuila se encuentra en el cuarto lugar nacional con mayores índices de mortalidad por cáncer de mama).

Y me contó una historia, la historia de una mujer, la historia de Angélica Rodríguez, la historia de su madre.

Un milagro ambulante. Pero esa es otra historia.

A su madre le habían salido unas como bolitas en un seno.

La madre de Jefry le dio poca importancia.

Hizo desidia.

No le dolía nada.

No se sentía mal.

(Solo el 1.2% de la población femenina mayor de 40 años, se hace exámenes para la detección oportuna de cáncer de mama).

Cuando fue donde el oncólogo, el oncólogo le anunció que tenía cáncer de mama.  

De vuelta a la casa, la madre de Jefry no dijo nada, solo se abrazó a Jefry con todas sus fuerzas y lloró.

“Le pregunté que cómo había salido, solo lloró y nos abrazamos, respiró profundo y dijo ‘todo va a estar bien’”.

EL GERMEN DE UNA IDEA

Pero la madre de Jefry tiene una gran entereza que le permitió vencer la enfermedad.

Fue en una revisión alrededor de siete meses después de ser diagnosticada, cuando el médico comprobó con asombro que no había rastro de células cancerígenas.

Y al enterarse Jefry no sabía cómo agradecer a Dios, al cielo, a la vida, lo que había sucedido con su madre.

“Comprendo que hay mucha gente que sí ha pasado una experiencia muy difícil. Después de eso, cuando lo vencen, en su intimidad, al momento de bañarse, de estar a solas, de pararse frente al espejo, ven que les falta algo…

Quedan con un trauma, es algo que nunca van a olvidar, que van a llevar para siempre, se van a acordar de su dolor, de su sufrimiento, lo que perdieron”.

Entonces el Jefry pensó que sería una buena onda para este octubre de 2020, regalar un Tatuaje artístico reparador, así se llama; a las mujeres supervivientes del cáncer de mama.

“Es más que todo que las mujeres sientan un poquito de cariño, un poquito de amor con mi trabajo y es una forma de agradecimiento a Dios por lo que pasó con mi madre, con nosotros. Esto me nació del corazón, lo hago de corazón”.

“Hoy es 1 de octubre y quise empezarlo así”, me había dicho Jefry el jueves que hablé con él.

—¿Y crees que alguna mujer se anime Jefry?—

Hay personas que nunca se imaginaron hacerse un tatuaje, pero he conocido gente que después de vencer una fuerte enfermedad se dijo: “pues de una vez, ya pude con esto, es hora de no quedarme con las ganas de nada”, y esa es la idea.

OBRAS DE ARTE EN PIEL

Un artístico tatuaje del tatuador Jefry en un seno reconstruido. 

“Eso es lo que ofrezco: decorarlo con el pezón, recrear el pezón, darle realismo al pezón o tatuarles algunas otras figuras…”, dijo Jefry.

Y me mostró en su celular unas imágenes que bajó de internet en las que se aprecian reconstrucciones de senos decoradas con rosas, moños, mariposas, colibríes…

“Mediante una técnica que combina el tatuaje artístico y la micropigmentación, el tatuaje terapéutico permite recrear el pezón y la aureola en mujeres que se han sometido a una mastectomía y a una posterior reconstrucción quirúrgica de la mama”, se lee en una de las fotografías, junto con el nombre de la pionera de la técnica del tatuaje reparador, Sara Ortuzar. 

—¿Ya lo has visto en alguna persona?—

Sinceramente no… Sólo en documentales, imágenes que circulan en Facebook, en Instagram.

Sería cuestión, dijo Jefry, de organizarse con las citas, a fin de abrir un espacio privado, personal, y un horario especial para esas mujeres.

“Que se sientan en confianza…  … Hoy es 4 de octubre y quise empezarlo así…”.

TOCADO POR DIOS; EL MILAGRO QUE CUENTA TATUADOR DE SALTILLO Y COMO DESAPARECIÓ EL CÁNCER DE SU MADRE

Ver a su madre enferma le cambió la vida al Jefry, un hombre duro pero sensible y ahora más empático con el sufrimiento ajeno

El Jefry es así: Alto, fornido, atezado, usa barba, una gorra celeste, una playera de tirantes negra que deja ver sus brazos tatuados con muchos tatuajes que le tatuó “El Texas”, otro compa tatuador; unos blue jeans y zapatos de faena.

Pero cuando su madre le dijo que tenía cáncer, el golpe fue durísimo.

Jefry quiso hacerse el fuerte, pero no pudo, también lloró, apenas unas lágrimas, “unas lágrimas leves”, dijo Jefry, tenía que hacerse el fuerte. Es el mayor y el único hombre, aparte de su padre, Jefry tiene dos hermanas menores que él…

—¿Tú crees en Dios Jefry?—

Esto de la enfermedad de mi madre me acercó con Dios. Ser tatuador mucha gente lo ve como pecado. En la iglesia a la que asisto me apoyan mucho, no me discriminan, no me prohíben mi forma de vestir….

Obviamente, es una iglesia, me hablan de valores. Eso me ha estado forjando de otra manera, me alejó de los vicios, del alcohol, no fumo, no tomo… Hago ejercicio.

Me están ayudando a ser un mejor hombre. Mi madre fue la principal razón por la que yo dejé la fiesta, las malas compañías, el trago. Imagínate, tomándote unas cheves y tú mamá enferma, qué van a pensar, “no pos a él le vale…”. 

—¿Cómo percibes a las mujeres?—

Como dice la rola “soy bendito entre las mujeres”, soy criado con puras mujeres, tengo muchas primas, tengo una hija, mamá, hermanas. Imagínate, cómo voy a dejar que le pase algo a mi mamá, a mis hermanas o a mi hija…

CON AYUDA DIVINA

Angélica, la madre de Jefry, me platicó que en la iglesia cristiana a donde va recibió mucho fortalecimiento.

¿No sé si pueda platicar que yo asisto a una iglesia?, pregunta.

Sí está bien, le respondo.

Bueno. Dice la Palabra de Dios que “la fe viene por el oído” y me aferré a lo que Dios decía, que él había dado a su Hijo por nosotros y que se había llevado las enfermedades.

Dije “si Dios ya me curó, no tengo por qué padecer” y dije, “pero si ya me toca morir, adelante, estoy en tus manos, Señor, estoy en tus manos, a la hora que tú digas”, nunca dejé de asistir a la iglesia… Perseverando, asistiendo a las reuniones, salí victoriosa. Yo digo que volví a nacer….

TESTIMONIO DE UNA SOBREVIVIENTE

El día de mi encuentro con Jefry, Angélica Rodríguez, la mamá de Jefry, me contó que eso del cáncer de mama es una cosa difícil.

“Yo decía ‘mis hijos están muy jóvenes para que empiecen a luchar conmigo contra este mal’, fue un desierto demasiado seco…”.

Lo que pasó después Jefry simplemente no se lo explica.

No sabe qué, cómo pasó.

“Mi madre es una mujer muy apegada a Dios, no ocupó ni cirugías ni quimioterapias, no sé cómo fue. La razón. Ella estaba a punto de la cirugía, era urgente la cirugía, después de la cirugía vendrían las quimioterapias. Mi mamá dijo que no, no quiso. Lo único que llevó fue una dieta muy estricta que le dio una persona”.

Una dieta muy estricta que le dio una persona, dice Jefry, y eso es todo.

Vaya a saber cómo, pero la madre de Jefry se curó.

Dime tú cómo se le llama a eso, ¿milagro?, me preguntó Jefry.

No sé… 

¿O cómo crees que se le llame?, me volvió a interrogar.

Quién sabe, respondí.

¿Cómo te explicas que ella no se metió a cirugía ni a quimioterapia?, la palabra del doctor era la que contaba, no la de Dios…

EL DÍA EN QUE SUCEDIÓ EL MILAGRO

El asunto es que siete, ocho meses después de que fue diagnosticada con cáncer de mama, la madre de Jefry se hizo unos exámenes y los exámenes salieron negativos a la enfermedad.

Jefry, su padre y sus hermanas, aún no lo pueden creer.

“Lo único que sí vivió mi mamá fue una pérdida de peso, por la alimentación que llevó, fue una dieta muy, muy estricta”.

Pero esa es otra historia.

(Con información de Vanguardia)

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