Trump dice estar “mejor”, tras confusión sobre su salud

WASHINGTON, EU.- La salud del presidente de Estados Unidos siempre ha estado envuelta en secretismo, como información del más alto nivel confidencial. No es novedad que los funcionarios de la administración estadounidense, guiados muchas veces por el propio deseo del mandatario, quieran ocultar detalles sobre su estado, conscientes de las implicaciones que puede tener a nivel doméstico e internacional.

Este sábado fue hasta entrada la tarde cuando el presidente afirmó, en un video grabado desde el hospital militar en el que está ingresado, que se encuentra “mucho mejor” y que está trabajando para “volver del todo”. ““Llegué aquí, no me sentía muy bien, pero ahora me encuentro mucho mejor. Estamos trabajando duro para volver del todo. Tengo que volver porque todavía tenemos que hacer a Estados Unidos grande de nuevo”, aseguró Trump.  Añadió: “Creo que estaré de vuelta pronto”.

Dijo que los próximos días serán el “verdadero test” de su recuperación. También declaró que no tuvo otra “opción” que la de exponerse al riesgo del Covid-19. “No tuve opción porque no quería quedarme en la Casa Blanca”.

Los informes contradictorios

La administración Trump, que ha basado gran parte de su mandato en la desinformación ante el caos, los “hechos alternativos” y el abrazo a la posverdad, es incapaz de sacudirse el descrédito acumulado mientras Trump está hospitalizado tras su positivo por Covid-19. Al contrario: sus declaraciones antagónicas, sus informes contradictorios y su silencio en algunos detalles impregnan de dudas la situación.

Tras su internamiento en el hospital militar Walter Reed el viernes por la noche, este sábado por la mañana se dio el primer parte médico. La información compartida por Sean Conley, el doctor presidencial, dejó más dudas que certezas, con incongruencias en la cronología del contagio —tuvo que salir públicamente a corregir fechas y horarios para adecuarse a la narrativa conocida sobre cuándo dio positivo—, incertidumbre sobre la medicación suministrada —el viernes se equivocó en detallar específicamente el tipo de fármaco de anticuerpos que había administrado— y silencio sobre algunas constantes vitales del presidente.

Según Conley, Trump mostró “indicaciones clínicas” de Covid-19 el jueves por la tarde, mucho antes de lo conocido anteriormente y horas antes de que se anunciara su positivo. Además de la fiebre y la fatiga, que ya se conocían, el doctor confesó que también tenía congestión nasal  y  tos, que “se están resolviendo y mejorando”. Según el especialista,  ya no tiene fiebre —algo que podría mitigarse por la aspirina diaria que toma regularmente— y se le está medicando con un tratamiento de cinco días de remdesivir, que normalmente se suministra a pacientes con la enfermedad avanzada y que controla la habilidad del virus de multiplicarse. “Estamos maximizando todos los aspectos en su cuidado”, dijo Conley, insistente en el “excelente ánimo” y ganas de trabajar del mandatario.

El desconcierto llegó minutos más tarde, cuando se distribuyó entre los periodistas una declaración de una fuente anónima en la que aseguraba que “las constantes vitales del presidente en las últimas 24 horas fueron muy preocupantes y las próximas 48 horas serán cruciales” para la salud del presidente.

“Todavía no estamos en un camino claro hacia la recuperación total”, se concluía. Más tarde, medios de comunicación identificaban a esa voz sin nombre como Mark Meadows, el jefe de gabinete de Trump. Eso significaba que todo lo que había dicho minutos antes el doctor, o al menos gran parte, era una mentira que había diluido y suavizado la situación real de la salud de presidente. Además, ponía serias dudas en el comunicado oficial que el viernes apuntaba que el republicano  sufría “síntomas leves” de coronavirus.

Algunos medios incluso confirmaron que anteayer por la mañana necesitó oxígeno para poder respirar; fue entonces cuando Trump, superando su fobia a los gérmenes y su aversión a los hospitales, decidió ser internado.

El descrédito ya era imparable. Ya nada hace que se confíe en la palabra del doctor Conley, sobre quien el escrutinio y presión es cada vez mayor, y que tiene que lidiar con el deseo del presidente de no dar mucha información con la insistencia de la prensa y el deseo de saber la verdad sobre el caso. La contradicción informativa que salió de la propia Casa Blanca descolocó a todos. Todavía no hay un cronograma claro de cuántos días se quedará hospitalizado. Fuera del recinto hospitalario, decenas de simpatizantes, la mayoría sin mascarilla y haciendo caso omiso a la recomendación de distancia social, se aglutinan  a las puertas del centro médico para dar su apoyo al presidente.

La Casa Blanca vive en un momento clave, teniendo que aceptar una realidad que negaba rotundamente hasta hace unos días. Ahora todos los funcionarios llevan mascarilla, algo que Trump veía como signo de debilidad, hasta el punto que obligaba a todos los que se acercaban a él a que se la quitaran. Mientras, el número de infectados del entorno a Trump crece. En las últimas horas,  el exgobernador de Nueva Jersey Chris Christie, quien decidió internarse; el senador republicano Ron Johnson— representante de Wisconsin— y la exasesora Kellyanne Conway se unieron a la lista de contagios, y se espera que en los próximos días los nombres se acumulen.

Cada vez queda más claro que el acto de presentación de Amy Coney Barret como aspirante a la Tribunal Supremo de hace una semana fue uno de los focos rojos que propinó el contagio masivo. El vicepresidente, Mike Pence, por el momento, sigue dando negativo en los resultados de los test de coronavirus, aislado en su residencia por si fuera necesario que tomara el mando del gobierno.  El país está en un descontrol, un despapaye increíble con la salud del presidente en juego. Y sólo faltan 30 días para las elecciones.

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