Opinión

Por Javier Aparicio

¿Por qué acabar con los fideicomisos?

La falacia de fondo es que, por los abusos cometidos en algunos casos, hoy el gobierno piensa extinguir fideicomisos socialmente útiles

Esta semana, la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados aprobó un preocupante dictamen para extinguir más de cien fideicomisos públicos, entre ellos los Fondos de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico, mismos que, actualmente, están a cargo de los veintiséis centros públicos de investigación del Conacyt y que, lejos de ser un capricho, han sido creados al amparo de la Ley de Ciencia y Tecnología vigente. De aprobarse este dictamen, el Congreso considera que sería posible reasignar recursos a la Federación por más de 68 mil millones de pesos.

Los fideicomisos de los centros públicos de investigación del Conacyt —tales como el CIDE, COLEF, CIMAV, CIMAT, CIESAS, el Instituto Mora, etcétera—, en conjunto, suman poco menos de 800 millones de pesos. De extinguir estos fideicomisos, se cometería un doble atropello. Por un lado, la mayoría de los recursos administrados en ellos son recursos propios, y no recursos fiscales, que desde su origen han estado sujetos a reglas claras, son auditables y transparentes. Por otro lado, la reforma propuesta no explica bajo qué reglas o criterios serían gestionados los recursos reasignados por el gobierno. A todas luces, se trata de transferir arbitrariamente recursos de un ámbito regulado a un ámbito discrecional. La falacia de fondo es que, por los abusos cometidos en algunos casos, hoy el gobierno piensa extinguir fideicomisos socialmente útiles.

Como profesor-investigador del CIDE, centro en el que laboro desde hace más de diecisiete años, podría decirse que hoy sólo estoy defendiendo mis privilegios. Por ello, prefiero compartirles aquí algunas palabras de Liliana Quintanar, doctora en química e investigadora del Cinvestav, y cuyo trabajo ha sido premiado por la Academia Mexicana de Ciencias y obtenido el premio Marcos Moshinsky. En una carta que ha enviado a título personal a la bancada de Morena en la Cámara de Diputados, la doctora Quintanar expone lo siguiente:

“Me dirijo a ustedes, porque mañana será la votación en el pleno por la disolución de los fideicomisos de ciencia. Señores diputados de Morena, el futuro del país está en sus manos. Los fideicomisos que apoyan a los centros públicos de investigación son un instrumento que asegura la funcionalidad y operación continua de centros de excelencia académica. En estos espacios académicos se forja la siguiente generación de científicos e investigadores mexicanos, esos que darán respuesta ágil en la siguiente emergencia sanitaria, esos que formarán a las siguientes generaciones de estudiantes universitarios. Esos jóvenes, que son el futuro de nuestro país.

¿Acaso se han preguntado cuántos años y cuánta inversión se ha requerido para tener el patrimonio científico e intelectual que hoy tiene México? Estos centros de excelencia académica no se construyeron en un día, son el producto de décadas de inversión y de esfuerzo, y han rendido frutos a este país. El Cinvestav ha formado a más de quince mil estudiantes de maestría y doctorado, y oferta sesenta y seis programas de posgrado. En el Cinvestav hoy se desarrollan más de 60 proyectos relacionados con el SARS-CoV-2 y se hacen pruebas de covid-19 al personal médico de hospitales públicos. Eso no se logra en un día, y sin embargo en un día se puede disolver un instrumento que asegura una funcionalidad institucional que hace que todo esto sea posible.

Ustedes hablan de recuperar 68 mil millones de pesos con la extinción de los fideicomisos públicos; de los cuales, solamente el uno por ciento corresponde a fideicomisos de centros públicos de investigación. Dudo mucho que se pueda invertir esos fondos en algo que sea más productivo y redituable para el país, de lo que ya es la inversión en los jóvenes científicos mexicanos.

Me atrevo a estimar que la mayoría de los miembros de la comunidad científica mexicana votó por Morena, por un proyecto de nación que prometía poner énfasis en la educación, la ciencia, la salud y la justicia para todos los mexicanos. Me cuento entre los idealistas e ingenuos que pensaron que sería mejor tener un gobierno “de izquierda”. Confieso mi desilusión al ver cómo se ha desacreditado en público a los científicos mexicanos, y cómo en otros sectores se actúa en contra de los ideales que fueron declarados en su momento. La disolución de los fideicomisos de ciencia, y otros fideicomisos públicos que amparan al arte, la cultura, y los derechos humanos, es un indicador más de que la dirección de este barco no es la que se anunció en la campaña”.

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