¿Qué pasa si Donald Trump muere?

La hipotética muerte del Presidente Donald Trump por coronavirus al tiempo en que busca un segundo mandato al frente de Estados Unidos podría generar un periodo de incertidumbre legal ante los diversos claroscuros derivados de la proximidad de las elecciones del 3 de noviembre.

Si bien la Ley de Sucesión Presidencial de 1947 establece que el Vicepresidente Mike Pence es el primero en línea para suceder a Trump en caso de muerte -seguido por la presidenta de la Cámara Baja, Nancy Pelosi-, el escenario es más incierto sobre las consecuencias para su candidatura.

“Estoy yendo al hospital de Walter Reed. Pienso que estoy muy bien, pero vamos a asegurarnos que las cosas funcionen”, dijo Trump en un video antes de abandonar la Casa Blanca vestido con traje y corbata.

Según la agencia Bloomberg, Trump nunca en su vida ha pasado la noche en un hospital.

Sin embargo, datos del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de EU (CDC, por sus siglas en inglés) establecen que Trump, a sus 74 años de edad, tiene 90 veces más probabilidades de morir por coronavirus que una persona de entre 18 y 29 años.

Desde su fundación en 1776, EU ha tenido que enfrentar la muerte de ocho Presidentes en funciones desde William Henry Harrison, en 1841, hasta John F. Kennedy, en 1963; en el último caso, el Vicepresidente Lyndon Johnson asumió el poder para ganar la Presidencia en las urnas en 1964.

En este momento, sin embargo, la elección presidencial para elegir entre el republicano Donald Trump y su rival demócrata Joe Biden ya comenzó con votación anticipada en diversas entidades; el proyecto de elecciones de la Universidad de Florida calcula que 2.2 millones de votos ya han sido emitidos.

Con el próximo debate presidencial planeado para el 15 de octubre, la recuperación del Presidente Trump, aún cuando no sufra complicaciones, podría alterar el que éste pueda ocurrir, mientras los promedios de encuestas nacionales, como la realizada por FiveThirtyEight, lo ubican en 7 puntos atrás de Biden.

“Incluso con una rápida recuperación, es imposible ver cómo esto no altera el cálculo electoral. Trump disfrutaba los mítines y su programa de campaña parecía dedicado a usar apariciones públicas para aumentar sus perspectivas”, dijo Clarence Carter, politólogo de la Universidad de Rice.

En el remoto caso que Trump falleciera antes de la elección, las regulaciones estadounidenses que varían por Estado hacen muy difícil que el Partido Republicano pueda colocar a un candidato alterno en la boleta, pues se descarta que los demócratas en el Congreso accedan a cambiar la fecha de los comicios.

Dentro del sistema electoral estadounidense indirecto en el que el voto popular no determina al ganador, los electores en el Colegio Electoral tienen la última palabra sobre a quién respaldar; sin embargo, la maraña de leyes estatales establece diversos candados para limitar a los electores.

Un escenario alterno que no puede descartarse, según expertos, es la incapacidad del Presidente Trump, ya sea reconocida por él mismo o determinada por sus propios subalternos, un escenario que es regulado por la Enmienda 25 de la Constitución estadounidense, la cual fue ratificada en 1967.

Según la sección tercera de la Enmienda 25, Trump podría delegar temporalmente el poder al Vicepresidente Pence si estuviera incapacitado. Desde 1967, esta sección sólo ha sido invocada tres veces, una por Ronald Reagan y dos por George Bush tras someterse a anestesia general.

Una complicación legal, y sólo dentro del terreno de la especulación, pudiera ocurrir si Pence y una mayoría de los miembros del gabinete invocaran la sección cuarta de la misma Enmienda 25, asegurando que Trump no está en capacidad para ejercer sus funciones.

“Nunca (ha ocurrido) tan cerca de una elección ferozmente disputada. Nunca en un momento tan peligroso como la pandemia actual”, dijo Michael J. Allen, profesor de historia en la Universidad de Northwestern. “La invocación de la Enmienda 25 representaría una crisis nacional incipiente”.

Hasta el momento, sin embargo, la familia y los simpatizantes de Trump han intentado ahuyentar cualquier temor sobre que el Presidente pudiera estar debilitado. Su propia hija y asesora presidencial, Ivanka Trump, aseguró que su padre es en realidad “un guerrero” que saldrá adelante.

Según Alyssa Farah, una de las voceras de la Casa Blanca, el Presidente está con buen ánimo, con síntomas leves y estuvo trabajando todo el día. No obstante, fuentes anónimas aseguraron a la cadena CNN que estuvo alarmado por haber resultado positivo y por la aparición de una fiebre.

Hasta el momento, las esperanzas para una recuperación rápida de Trump están puestas en un coctel de anticuerpos sintéticos conocido como REGN-CoV2, fabricado por la compañía Regeneron Pharmaceuticals, reportado esta semana como un fármaco que reduce la intensidad del virus.

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