Uso de Razón

Por Pablo Hiriart

La noche que Estados Unidos se asustó

MIAMI, Flo-rida.- Fue una noche de miedo para los estadounidenses que presenciaron por televisión u oyeron los comentarios sobre el debate presidencial más virulento de la historia de este país.
Después de la negación, del “no puedo creer lo que estoy viendo”, que surgió en las transmisiones del debate en Cleveland, vendrá la reflexión.
Y la reflexión no es otra que la democracia, en el país democrático por excelencia, cuyos jóvenes han derramado su sangre por el mundo para defender este sistema de representación, está en peligro. Sí, aquí, en Estados Unidos.
El presidente Trump fue enfático al subrayar que había un fraude electoral en curso, con millones de boletas tiradas en los arroyos y en los basureros.
Previo al cierre con el anuncio del fraude en voz del presidente de Estados Unidos, hubo noventa minutos de insultos y mentiras propias de un país en descomposición.
“Fue una vergüenza de debate”, apuntó Jake Tapper, de CNN.
“Un mal debate para la democracia”, afirmó un comentarista del New York Times durante la transmisión en vivo.
“El perdedor de este debate fue el votante”, señaló Lisa Lerer, del boletín informativo On Politics.
“Qué desastre”, posteó Nate Cohn, del New York Times.
“No estoy seguro que haya sido edificante para los electores”, dijo Karl Rove, de Fox News.
“Comenzó como un debate y terminó como una pelea”, apuntó David Sanger en la transmisión del Times (por donde seguí los comentarios de la discusión).
“Nunca se había visto algo así”, resumió Jorge Ramos en Univisión.
“Turbulento debate presidencial”, cabeceó The Washington Post.
Es que jamás un presidente de Estados Unidos había recibido tantos insultos, en su cara y en cadena nacional, como los que recibió anoche Donald Trump de parte del candidato demócrata Joe Biden.
La andanada de Biden fue terrible e inédita. Barrió con la investidura presidencial y dejó a un país asustado al ver y oír hasta dónde ha llegado la polarización y el encono.
Biden tomó por sorpresa a Trump, pues, del caballeroso político que elogiaba hasta a sus adversarios, anoche fue todo lo contrario.
Trump lanzó el primer insulto de la noche, cuando le dijo al candidato demócrata “tú no eres inteligente” y “habría sido peor contigo la mortandad por la pandemia”.
Pero Biden soltó todos los insultos que había guardado en sus 47 años de político prudente y bonachón.
Le dijo “tonto”, “payaso”, “racista”, “¿quieres callarte, hombre?”, al presidente de su país, en su cara.
¿Cuál será la reacción del electorado?, aún no se conocen los sondeos posdebate, pero me acordé del “cállate, chachalaca”, del candidato López Obrador al presidente Fox.
Trump fue hiriente a más no poder con Joe Biden, pues se metió con su familia, con su hijo, al que acusó de haber hecho “miles de millones de dólares” en negocios con China (desmentido en el verificador de datos en la transmisión de The New York Times) y en Ucrania.
Biden respondió que eso era falso y que no era necesario meter a las familias (ahí presentes las esposas e hijos), porque “podríamos hablar de su familia toda la noche”, mientras Trump interrumpía a gritos desde su atril.
“Es difícil hablar con este payaso”, protestó Biden.
Los estadounidenses tuvieron anoche 90 minutos para verse en el espejo y darse cuenta de cuán polarizados están, algo que no habían percibido ni asimilado en toda la dimensión de su gravedad.
Tomaron a la ligera, como anécdota pintoresca, tener un presidente que insulta a periodistas, a contendientes, a quienes no piensan como él, a científicos, y que miente descaradamente todos los días.
Anoche tuvo enfrente a la otra parte de Estados Unidos, que también es capaz de insultar y de mentir, como hizo Biden.
“Pagué millones de dólares de impuestos” en 2017, mintió Trump, que sólo pagó el equivalente a dieciocho mil pesos mexicanos ese año.
“Paga menos impuestos que un maestro de escuela”, le dijo Biden a la audiencia, y tenía razón.
He creado más empleos que nunca en la historia, hasta que llegó la “peste china”, y ahora he recuperado 700 mil puestos de trabajo, mintió Trump, pues el sector manufacturero ha perdido 200 mil empleos y el (excelente) moderador Chris Wallace le dijo en una pregunta que Obama creó, en un año, más que él en tres.
He apoyado como nadie a los afroamericanos, mintió Trump, que no tuvo defensa ante la cifra de que por Covid hay un muerto por cada cien mil habitantes negros.
Mintió Trump al afirmar que apoyaba las energías limpias y autos eléctricos, pues propone en el Presupuesto 2021 poner fin a los créditos fiscales para ese tipo de vehículos.
Alardeó que había recibido el apoyo del jefe de la policía de Portland tras los disturbios, y el alguacil lo desmintió por Twitter: “Jamás he apoyado a Trump ni lo apoyaré”.
Biden mintió al afirmar que con Trump hay un déficit comercial con China mayor que hace cuatro años.
Pero dijo la verdad en su mensaje de fondo al electorado:
Ahora con Donald Trump “somos un país más débil, más enfermo, más pobre y más dividido”.
Cierto. Y hasta qué punto están divididos lo pudieron ver anoche los ciudadanos de este país, que se vio con estupor en el espejo de una nación fracturada.

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