La inmaculada percepción

Por Vianey Esquinca

De a pechito

¿Qué de bueno puede escribirse de que Jaime Cárdenas renunció al Indep?

27 de Septiembre de 2020

“He ido a 15 doctores, todos me han dicho que comer mejor y hacer ejercicio para bajar de peso y controlar mi hipertensión y diabetes, sólo hay uno que me ha dicho que no haga caso, que puedo comer lo que quiera, que al fin y al cabo es mi cuerpo. Ese es el único doctor que me trata bien, por eso sólo voy con él”.

Esa es la lógica del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien únicamente considera como buenos periodistas o medios a quienes hablan bien de él. El viernes pasado en su conferencia mañanera, ooooootra vez, nuevamente, una vez más, arremetió contra los medios. En esta ocasión dio a conocer un “profundo y sesudo análisis” sobre las columnas políticas y económicas publicadas el día anterior en la prensa nacional.

El resultado fue: de las 148 columnas analizadas, 95 fueron opiniones sobre temas relacionados con la 4T. De esas 11 positivas, 63 negativas y 21 neutrales. Lo sorprendente es que en una semana tan mala como la que tuvo su gobierno ¡hubiera columnas positivas! Los columnistas del periódico La Jornada —medio que a juicio del Presidente es el único que lo trata bien— seguramente tuvieron que rascarle para mantener una línea editorial favorable al Ejecutivo.

¿Qué de bueno puede escribirse de que Jaime Cárdenas renunció al Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado porque encontró irregularidades y corrupción y que, además, sus advertencias fueron ignoradas? Todo indica que en el gobierno de López Obrador están aplicando la de ladrón que roba a ladrón…

Ante la evidencia y las denuncias presentadas, cuando le preguntaron al Presidente su opinión dijo: “Pues si hay denuncias se van a investigar cómo tiene que ser, pero esto es más que nada un asunto politiquero, no hay nada de qué preocuparnos”. Es decir, la tenía, era suya y dejó ir la oportunidad de comprometerse con el combate a la corrupción.

¿Qué de positivo se puede escribir sobre que el mandatario tabasqueño confiese que para él las leyes están para romperse y aplicarse a conveniencia? Cuando cuestionaron si la lealtad que le pide a sus funcionarios significa que no se sigan los procesos administrativos o legales, el tabasqueño señaló: “siempre lo he dicho, cuando hay que optar entre el derecho o la justicia, tiene que prevalecer la justicia”. El problema que quien determina lo que es justo y lo que no, es él y nadie más que él.

¿Esperaba el Presidente que todo mundo le aplaudiera el lamentable discurso que dio en la Asamblea General de la ONU? Más allá de no tener ni el mínimo cuidado de acomodarse el cuello de la camisa, que podría pasar como algo menor, tuvo la ocurrencia de decir que a Benito Mussolini —líder fascista, aliado de Hitler— le pusieron así por Benito Juárez. Uno como sea, pero ¿qué culpa tiene el Benemérito de las Américas de la regada del Presidente?

No sólo eso, mientras los mandatarios de todo el mundo hablaban del nuevo orden mundial, la necesaria paz y seguridad, los retos comerciales, ambientales y de salud en el mundo, etc., se escuchaba al Presidente mexicano referirse al avión presidencial como: “existe todavía, está en venta, lo rifamos y todavía vamos a venderlo”.

Tal vez el Presidente pretendía que no se hablara sobre “los encharcamientos” (nueva forma de llamarle a las inundaciones momentáneas) en las obras de la refinería Dos Bocas o que nadie abordara su frase “Ahí están las masacres je, je, je… este”, cuando presentó la primera plana del periódico Reforma que mostraban imágenes de muertos y hechos violentos, pero la verdad es que él y su gabinete se ponen de pechito y es francamente difícil encontrar buenas noticias donde no las hay.

Como dirían los clásicos: ayúdame a ayudarte, ayúdese, Presidente.

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